El tesoro de los gremios

Por: Jorge Oviedo.

Néstor y Cristina Kirchner parecen entender el poder, entre otras cosas, como una cuestión de caja. Quien maneja la mayor cantidad de dinero es el que manda. Y quizá por eso han tratado a la poderosa CGT con tanto respeto: las obras sociales sindicales manejan el triple de dinero que el Ministerio de Salud.

El enorme poder que administran reparte también muchas ganancias y ha sido en los últimos tiempos origen de operaciones oscuras, como las relacionadas con los medicamentos truchos. Por eso hay quienes creen que sólo existen dos alternativas posibles para evitar que la CGT sea un grupo de presión espectacular: que se termine con el sindicato único, como quiere la CTA, o que se prohíba la reelección indefinida de las conducciones, como quieren algunos empresarios y propone en conversaciones privadas Alberto Fernández.

Las obras sociales terminaron recaudando en 2009 unos 15.000 millones de pesos, con un crecimiento respecto de 2008 superior al 30%. Si la economía crece este año como se prevé en el presupuesto y la recaudación avanza cumpliendo los pronósticos, que el año pasado fracasaron, entonces la cartera de Salud contará con unos 5500 millones para su tema específico. Los sindicatos y sus obras sociales ya manejaron en el año de la recesión y el déficit fiscal una suma casi tres veces más alta.

Ese nivel de recaudación creció porque los Kirchner, en medio de la recesión, aumentaron la presión impositiva al hacer crecer casi al doble, en sucesivas medidas, el haber máximo sujeto a aportes.

Eso transformó en privilegiadas a las obras sociales, que en un contexto de caída del empleo e inflación lograron hasta noviembre último recaudar el 39% más que en los 11 primeros meses de 2008, según la AFIP. Para la Administración Nacional los recursos tributarios sólo crecieron en once meses el 1,3%; mientras que para las provincias la suba fue de sólo el 8,6%. Magros incrementos frente a una inflación que según las estimaciones privadas rondó el 15%.

Esa estructura de ingresos también permite a los sindicatos armar negocios conexos, como gerenciadoras de las mismas prestadoras de salud, empresas constructoras y, para Hugo Moyano, hasta formar una ART y una compañía aseguradora, ambas llamadas Caminos Protegidos.

Las obras sociales se financian con aportes que se recaudan de las remuneraciones de los más de seis millones de cotizantes al Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones. La recaudación la realiza la AFIP y las transferencias, salvo para los casos de los programas especiales, son automáticas.

El enorme poder que eso les concede es lo que algunos discuten. La CTA quiere que haya más de un sindicato por actividad y tiene para ello un pronunciamiento favorable de la Suprema Corte. La CGT, con sindicalistas que se mantienen en las titularidades de sus gremios y obras sociales durante décadas, se niegan a ese recorte de poder.

Muchos empresarios tampoco ven con buenos ojos una división, porque creen que así se complicarán mucho las negociaciones. "La mala experiencia de empresas como Aerolíneas Argentinas, donde hay montones de sindicatos, es muy reveladora", dice un alto ejecutivo de una enorme empresa argentina. "Si encima hubiera más de un gremio por actividad, la cosa sería más complicada. El problema es que si no se puede disputar el poder desde adentro, la gente trata de agruparse afuera; los «Gordos» y [Hugo] Moyano se han quedado muchos años y se han hecho enormemente ricos. Eso es un gran problema", amplía el informante.

Por eso es que algunos creen que una forma de evitar las divisiones, cuyas intentonas han causado enfrentamientos violentísimos, es limitar los mandatos. "Nadie debería poder tener reelecciones indefinidas en organismos que se financian con recursos públicos", desliza a veces con picardía Alberto Fernández.

Las obras sociales dicen ser "de los trabajadores", pero se financian con un impuesto. Los trabajadores no pueden, por ejemplo, elegir no pagar las contribuciones. Son una carga, un gravamen. Sin embargo, los gastos no pueden ser auditados por el sector público, porque se dicen entidades privadas. Públicas, para recaudar; privadas, para gastar. Es una fórmula segura para hacer poco transparente el sistema.

La mayor cantidad de afiliados la posee la obra social que atiende a los empleados de comercio, que supera al millón. Ninguna otra pasa los 400.000.

Sin embargo, por los salarios menores en la actividad, está muy debajo del ingreso promedio por cotizante del sistema y que en 2008 fue, según los números de la AFIP y para meses en que no se paga aguinaldo, de alrededor de 180 pesos mensuales. La obra social del sindicato de Armando Cavalieri no llegó a los 120 mensuales.

En cambio, la obra social de los metalúrgicos, con un número de cotizantes que rondó los 150.000 tuvo en 2008 el mejor promedio, con 290 pesos.

Los camioneros tienen dos obras sociales, la de Conductores Camioneros y Personal del Transporte Automotor de Cargas, presidida por Hugo Moyano, con unos 64.000 cotizantes y unos 239 pesos promedio mensual por cada uno, con sede en Caseros al 900; y la de Choferes de Camiones (Oschoca), también vinculada a Moyano, con unos 70.000 aportantes y unos 180 mensuales promedio y tiene sede en San José al 1700.

Comentá la nota