"Se terminó la injusticia pero siento vergüenza por mis hijos"

Quedó en libertad la puntera acusada de quitarle la tarjeta de débito a una cooperativista. La acusada aseveró que no tenía conocimiento de que figuraba como presidenta de la cooperativa "Asambleas", domiciliada en la sede de la municipalidad bandeña.
"He sido una víctima más de Quiroga". Con esta sentencia se definió a sí misma Amelia Herrera, en la puerta de la comisaría 11, conmovida por el largo abrazo que le ciñeron su hija Luisa y su nieta Johana. Ayer, la puntera de Banda del Río Salí dialogó con LA GACETA apenas salió de la seccional, a partir del cese de detención dispuesto por el fiscal de feria, Carlos Sale, quien, en cambio, pidió prisión preventiva para Mario y Guillermo Quiroga. (Ver "Los Quiroga, complicados...")

La dirigente de 65 años había sido denunciada por Verónica Pedernera, beneficiaria del plan "Argentina Trabaja", quien aseveró que Herrera le había sustraído su tarjeta de débito del programa. Ella y los hermanos Quiroga, referentes del movimiento "Asambleas barriales", fueron detenidos durante las primeras horas del viernes 8, durante una serie de allanamientos.

Son las 15.30 y Amelia llora mientras acaricia la cabeza de Luisa, de 33 años, y la de Johana, de 16. "Cuando estaba detenida, mis hijos me decían que no querían volver a verme cerca de esa gente. Para colmo, ninguna de las personas que apoya a los Quiroga fue a visitarme. Nunca. Ni siquiera preguntaron si necesitaba un pedazo de pan o algo", renegó.

Tras su liberación, Herrera conoció la decisión judicial respecto de los Quiroga. "Gracias a Dios, terminó esta injusticia que se cometió. Pero siento mucha vergüenza por mis hijos. ¿Se imagina una cosa así?", preguntó.

A Herrera, según ella misma confesó, le quedaba una sorpresa más. De acuerdo con las planillas oficiales del Instituto Provincial de Acción Cooperativa y Mutual (Ipacym), ella preside la cooperativa "Asambleas", domiciliada en la sede de la Municipalidad de Banda del Río Salí. "No sabía nada de eso. Nadie me dijo que presidía la cooperativa", aseveró.

Con los suyos

Durante los 18 días de detención, Herrera sólo fue visitada por sus familiares. "Ellos me llevaban galletas, gaseosas y algo de fiambre. Los vecinos fueron muy buenos conmigo. Uno le daba a mi hija para el boleto; la chica del almacén nos daba la gaseosa. A veces, mi hija me decía ’mamá, no le pagaron a mi hermano’ (trabaja en negro en la construcción). Entonces venía un vecino y le daba algo", detalló.

La puntera comentó que no pudo conocer al defensor de los hermanos Quiroga, Jorge Pabón. "El abogado de ellos nunca preguntaba por mí, por eso decidí cambiar y que se hiciera cargo la defensora oficial (Rosa Ana Nosetti, en el inicio de la feria). Ella me defendió bien", agregó.

A pesar de las declaraciones formuladas por Herrera al fiscal Sale, su hija aseveró que la familia no fue objeto de represalias por parte de los allegados a los Quiroga. "Trabajé durante siete años con ellos y nunca me pasó una cosa así. Me hicieron mucho daño a mí y a mi familia. Mi hija no quería involucrarse con esta gente. Al principio iba a las asambleas que organizaban, pero sólo para recibir el bolsón de mercadería", aclaró la liberada dirigente política.

Su casa, en el barrio Costanera de Banda del Río Salí, es tan pobre como sus calles. Sin embargo, Herrera fue, durante la caliente siesta, rica en besos y en abrazos de sus familiares y de sus vecinos. "Es la que más se preocupa por lo que pasa en el barrio: no merece vivir esta situación. Fuimos los vecinos quienes estuvimos a su lado, no los Quiroga", se enojó Alejandra, una de las amigas de la zona.

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