Las Termas tuvo un día cargado de tensión por la riña de gallos

Aficionados. Cientos de aficionados presenciaron el cuestionado espectáculo. La Justicia notificó a los organizadores pero no se suspendió la riña. Hubo escraches de los proteccionistas.
La gente se apiña alrededor de una decena de bretes donde dos gallos tratan de lastimarse lo más posible para ganar cierto prestigio en el ambiente y acercar un buen dinero a sus propietarios, cuidadores y simpatizantes.

A los costados conviven los puestos que ofrecen todo tipo de artículos relacionados con la actividad, desde espuelas hasta medicamentos, pasando por libros y revistas especializadas, llaveros, y unas bolsas particulares donde portan los gallos, con los puestos de comidas y bebidas. En uno u otro lado, es difícil transitar con tranquilidad. Es pasado el mediodía del sábado y la gente no deja de ingresar el predio donde se realiza la segunda fecha de la Supercopa 2009, que finalizará en diciembre y que tiene nada más ni nada menos que un automóvil como primer premio.

El ganador del certamen, que en este caso es en Las Termas, suma puntos para la Supercopa 2009. Es aquél que al final de los dos días que dura el evento, haya ganado su pelea en menos tiempo.

"Doy cuatro por tres…doy cuatro por tres", se escucha desde una de las gradas. "Pago", le responde otro gallero. Casi ni se miraron, pero en ese lugar, la palabra tiene un valor especial. El "pago" es la firma, el sello de un acuerdo que cobra especial significación en un ambiente que tiene códigos que muy rara vez alguien los rompe.

"Aquí hay leyes no escritas. Si alguien se niega a pagar, el que estuvo a su lado es testigo del compromiso y es quien lo obliga a cumplir. Si insiste, la organización se encarga de pagar la apuesta y al que se negó lo sacan a patadas del lugar", comentó un gallero con años en estas lides.

Es llamativo ver los rostros de los que siguen cada una de las riñas. Los propietarios, con ansiedad; los apostadores, con expectativa. Gestos que al cabo de una hora y diez minutos (tiempo que dura cada pelea), se traducen en satisfacción o en amargura que llega hasta las lágrimas. Después seguir el ritual de refrescar bien al gallo, curarlo de las heridas y suministrarle algún medicamento de ser necesario.

Y esta práctica no sabe de clases sociales. En el amplio predio destinado al estacionamiento hay impecables camionetas 4x4, autos de todo tipo, motos y bicicletas. En el interior, el profesional o el empresario se codea y apuesta de igual a igual con el jornalero, el empleado público o el pequeño productor. En ese recinto los iguala la pasión por esta particular práctica tan arraigada y tan cuestionada a la vez.

Comentá la nota