Río Tercero: el nuevo sistema de control ambiental, con atraso

El monitoreo sobre las industrias químicas sigue en proceso de montaje. Falta colocar y ajustar equipos.
Río Tercero. A casi dos años de haber ocurrido el accidente en el polo químico de Río Tercero, que se cobró la vida de dos operarios por un escape tóxico, el nuevo sistema de monitoreo ambiental que diseñó el municipio para mejorar los controles y los mecanismos de actuación ante emergencias luce atrasado respecto de lo anunciado. Aunque hubo avances en la definición de planes y en la incorporación de tecnología, el nuevo esquema aún no está en aplicación.

Meses atrás, el municipio compró una moderna estación de monitoreo móvil, que permitirá detectar y medir anomalías en el aire pero también analizar el agua y el suelo con un laboratorio montado en un tráiler. Con un aporte de 1.350.000 pesos de la Secretaría de Ambiente de la Nación se sumó esa tecnología, que aún es puesta a punto técnico y no entró en funcionamiento.

Mientras, se aguarda la terminación de lo que será la anunciada sala de monitoreo permanente, que se está montando en el tercer piso del edificio municipal. Según lo diseñado, desde allí operadores que están en proceso de capacitación monitorearán las 24 horas, mediante cámaras de filmaciones y sensores de gases instalados en las tres grandes plantas químicas (Atanor, Petroquímica y Fábrica Militar) si ocurren escapes o situaciones de emergencia. Esa sala está en montaje aún, aunque se había pronosticado su habilitación para fines del año pasado.

Desde esa sala debería activarse el sistema de actuación ante emergencias, en caso de escapes graves que puedan afectar la zona urbana. Para eso, se diseñó –entre otras cuestiones– la instalación de tres grandes sirenas comunitarias, que deberían avisar a la población, en caso de escapes químicos graves, que corresponde hacer "protección bajo cubierta", es decir que cada uno se encierre lo más herméticamente posible en el lugar en que se encuentre. Pero dos de estas tres sirenas aún no están instaladas: se trata de equipos comprados en Estados Unidos y donados por las firmas Atanor y Petroquímica, que están todavía en un trabado trámite de importación.

Saber qué hacer. Para que las sirenas sirvan, deberá capacitarse a la población sobre cómo reaccionar ante su activación. Esa capacitación masiva se dio sólo parcialmente. El cuartel de Bomberos Voluntarios ya recibió un aporte económico para afrontar esa tarea educativa, aún pendiente, y que se enfrenta a un duro dilema: la sociedad hasta ahora ha demostrado escaso interés. Desde el municipio y Bomberos admiten que deberán salir "casa por casa" para explicar las instrucciones ante emergencias.

El sistema ideado está pensado para una situación que jamás se dio: un escape tóxico que pueda poner en riesgo a la población de varios barrios con afectaciones serias. Sin embargo, en caso de ocurrir, la ciudad no está preparada hasta ahora para actuar con alguna organización en ese tipo de emergencia.

Argumentos. El director de Defensa Civil, Raúl Mari, argumentó que primero deben llegar del exterior las dos sirenas compradas, que se ubicarán en los barrios cercanos al polo fabril. Luego, los bomberos voluntarios serán los encargados de informar a la gente y se hará un programa de simulacros.

Mari prefirió no dar fechas para pronosticar el inicio de todo el sistema integrado. Según indicó, esta semana partió el embarque desde Estados Unidos con esas sirenas, de tres toneladas cada una y un valor de 30 mil pesos por unidad. Luego –dijo–, "será momento para la adaptación mecánica y posteriormente el sistema de activación".

El titular de Defensa Civil planteó que la demora fue por los trámites en Estados Unidos, que escapan a las decisiones que dependen del municipio.

Otro punto pendiente es el personal que monitoreará todo el día. Una partida de 360 mil pesos aportó Ambiente de la Nación para sumar personal, pero por un año. El municipio deberá luego ver cómo financia la mantención de ese esquema, para lo cual imagina aplicar una tasa ambiental por cobrar a las empresas de riesgo contaminante.

De esa partida, cuatro sueldos son para bomberos voluntarios, contratados para hacer el monitoreo en la sala de control. Otros profesionales han sido sumados, bajo la órbita de la Dirección de Gestión Ambiental municipal, a cargo de Carlos Siccardi. Se trata de un ingeniero químico, un licenciado en química, un abogado especialista en ambiente y cuatro técnicos inspectores.

Siccardi adelantó como novedad que se instalará una cámara adicional de video conectada también a la sala de monitoreo, a ubicar en barrio Monte Grande, a través de la cual se podrán observar eventuales emanaciones por escapes o accidentes en las tres químicas más grandes de la ciudad. Esa "vista" se sumará a la de las cámaras ubicadas en el predio de esas industrias.

Al río. Un control más permanente de los efluentes líquidos de las químicas al río también queda pendiente. El proyecto para monitorear en lugares fijos los vertidos al río fue presentado por el municipio ante la Secretaría de Ambiente de la Nación, juntamente con otras propuestas de financiamiento de controles. Estos pedidos en espera demandan 4,5 millones de pesos más, según remarcó Siccardi. No hay certeza de que esos fondos serán conseguidos. También está pendiente otro aporte prometido al municipio, tras aquel siniestro trágico de 2007, por el Ministerio de Planificación Federal, para sumar otros equipamientos.

De todos modos, Siccardi señaló que la nueva estación móvil ya incorporada permitirá hacer análisis del agua con mucha más precisión que la que se tenía hasta ahora.

Respecto del aire, el funcionario indicó que la estación móvil estará ubicada en tres puntos estratégicos de la ciudad y que la rotación será por cuatrimestre. Pero en caso de necesidad ante un hecho puntual, puede ser desplazada en pocos minutos. Además, dentro de un vehículo utilitario incorporado al sistema, está ya montada una estación meteorológica que medirá velocidad de viento, temperatura, humedad, presión atmosférica y radiación solar, elementos clave por analizar en casos de posibles escapes o derrames tóxicos.

Desde hace 12 años, la ciudad tiene un sistema de monitoreo del aire pero con puestos fijos de medición.

La otra clave

Los nuevos equipos permitirán, cuando funcionen, un monitoreo en tiempo real del estado del aire y la situación en el polo fabril químico, como también facilitarían la reacción oficial y comunitaria ante emergencias. Pero de por sí no asegurarán la no ocurrencia de accidentes industriales. Para eso, será necesario mantener controles e inspecciones especializados. Luego de los hechos de 2007, Ambiente de la Nación empezó a hacerlos, fijando pautas por cumplir en forma progresiva en cada caso. El municipio contrató consultoras con similar finalidad.

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