La teoría de las híper y el riesgo de analizar la política K desde el racionalismo económico

Por Fernando Alonso.

Si usted escuchó a un analista político pronosticar la derrota electoral y el principio del fin del kichnerismo o a un analista económico hablar de una etapa de transición con señales favorables a los mercados para los próximos dos años, posiblemente esté en presencia de una falacia que lo lleve a tomar decisiones erradas.

No pasaron dos meses de las elecciones legislativas que deberían haber marcado un cambio radical en la escena política del país cuando la realidad muestra a una administración ratificando y profundizando sus líneas de acción y una oposición que tarda más de lo que la sociedad está dispuesta a esperar en armar una alternativa seria de poder.

Con ese panorama político, hay varias certezas que se pueden desmenuzar en la política económica. La primera y esencial es saber diferenciar si su negocio está en la selectiva mira de Néstor y Cristina Kirchner.

En principio, se puede especular que si se trata de una actividad atomizada y con alta incidencia de mano de obra (textiles, zapatos, juguetes, metalúrgica básica) difícilmente le interese a los despachos oficiales y es más, hasta puede esperar alguna ayuda.

Tampoco tendrán problemas los que se dedican a la obra pública, aunque sería prudente moderar los planes de expansión y tener una buena espalda financiera por si los pagos se atrasan.

Más complicado es para las grandes cadenas de retail. Ahí estará Guillermo Moreno observando los comportamientos y agitando fantasmas. Con un poco de muñeca y la experiencia de estos años, tampoco habrá mayores dificultades.

Si el negocio genera divisas (grandes exportadores, especialmente cerealeros) el Estado seguirá de socio fifty fifty. Y si la intención es sacar divisas (pago de regalías, royalties, dividendos) habrá que eludir un fuerte cerrojo, con la alternativa de negociar alguna ventaja para reinvertirlas.

En cambio, si está en algún negocio concentrado que genere altas utilidades, seguramente está en problemas. Y si no construyó un buen vínculo con Néstor K, los problemas se agravarán en estos próximos dos años (preferentemente si el accionar tiene una incidencia muy alta sobre el humor de la ciudadanía, como en los servicios públicos).

En cualquiera de los casos, no hay que esperar grandes cambios en la política económica.

n Inflación: El Gobierno va a tener muchas dificultades en hacer creer a la sociedad que los números del Indec son fiel reflejo de la realidad. Sin embargo, hay coincidencia de que se el proceso inflacionario se desaceleró y de las tasas de 20% a 25% se bajó a un rango de 10% a 15%. La inflación reprimida tampoco es alarmante: se concentra en servicios públicos y transporte que con un proceso gradual de ajuste puede implicar 3 o 4 puntos más administrados en el tiempo. En cambio, los alimentos se ajustaron a valores de mercado al igual que productos textiles y otros bienes de consumo. Incluso, si se liberara algo la importación muchos precios tenderían a la baja aunque con un impacto sobre el empleo.

n Dólar: Desde el Banco Central, Martín Redrado, considera como un gran triunfo haber convencido al ex presidente de la relación directa entre inestabilidad cambiaria (léase devaluaciones bruscas) con inestabilidad política. Y Néstor Kirchner tiene presente qué provocó el fin político de los ex presidentes democráticos de Raúl Alfonsín (hiperinflación), Carlos Menem (híper desocupación) y Fernando de la Rúa (híper atraso cambiario). Si dos años no son suficientes para regenerar su vínculo con la sociedad que permita volver o designar al sucesor de Cristina, la apuesta es a consolidarse como referente de una centroizquierda capaz de recuperar el gobierno en cuatro años.

n FMI: El acercamiento al Fondo a la manera K (dejar que miren pero no opinen) puede entenderse como la garantía de que algunas banderas políticas pueden arriarse para priorizar la estabilidad económica (monetaria, en los términos del BCRA); es decir, aleja fantasmas de default o de un desequilibrio fiscal que lleve a una espiral inflacionaria.

n Deuda: La política de canje voluntario de bonos indexados por Indec (seguirán seguramente otras series) parece alcanzar para despejar los vencimientos de 2010/2011, liberando recursos para gastar en obras públicas y subsidios. Además, en la medida que se retiran bonos ajustados por inflación pierden argumentos quienes reclaman un sinceramiento del Indec, hoy el mayor obstáculo para el acercamiento al FMI.

Entender la lógica kirchnerista solo desde la teoría económica puede provocar errores en las decisiones. No significa de ninguna manera que vaya a tener éxito; es más, probablemente asistamos a una profundización de la conflictividad social que melle el apoyo y acelere el proceso político de una administración Kirchner afectada por su propio híper: el híper aislamiento a la que sola se condujo.

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