La tensión regional, en su punto más alto.

Fricción entre Quito, Caracas y Bogotá.
En los últimos 15 años, la región andina nunca estuvo tan cerca de que se encendiera la mecha que podría desencadenar un conflicto bélico. Las amenazas entre Colombia, Venezuela y Ecuador y el posible pacto militar entre Washington y Bogotá llevaron la tensión a su punto máximo. ¿La región está a las puertas de una guerra o es un nuevo round de una pelea entre presidentes que se repite sin cesar?

Para los analistas, lo que es indiscutible es que el triángulo Colombia-Venezuela-Ecuador muestra una creciente conflictividad y, si bien no creen que, por ahora, pueda darse una guerra convencional, el notable crecimiento del gasto militar en los países de América del Sur ?50% en diez años? y las cada vez más belicosas amenazas que lanzan los jefes de los Estados de la región andina encienden las señales de alarma. "De todo el conjunto de América latina, sin lugar a dudas, lo que hoy tenemos en el mundo andino es inusitado en términos de tensiones y pugnas. Si uno tiene perspectiva histórica, esa región, que había sido la más estable en el último medio siglo, cuenta ahora con los mayores niveles de polarización y conflicto", explicó a LA NACION Juan Gabriel Tokatlián, especialista en relaciones internacionales y profesor de la Universidad de San Andrés.

Hace poco más de un año, Venezuela y Ecuador habían movilizado sus tropas hacia la frontera con Colombia. Las relaciones diplomáticas de Caracas y Quito con Bogotá estaban rotas, y la región quedaba al borde de un conflicto bélico, hipótesis impensable años atrás. Finalmente, las tropas venezolanas y ecuatorianas volvieron a sus plácidas guarniciones y las tensiones sudamericanas fueron aplacadas por canales más tranquilos.

Estos últimos días, Chávez volvió a desempolvar los viejos tambores de guerra en América latina, convocó a su embajador en Colombia y advirtió sobre un conflicto bélico en la región si Uribe avanzaba en su acuerdo militar con Estados Unidos. Finalmente, el presidente venezolano restituyó ayer a su embajador en Bogotá.

Sin embargo, más allá de los evidentes antagonismos ideológicos entre Uribe y Chávez ?y de sus enconos personales?, los analistas coinciden en que el mundo andino está lejos de convertirse en el escenario de una guerra en América latina, donde el último conflicto armado fue en 1995, entre Perú y Ecuador.

"Los términos de una guerra convencional son imposibles en un esquema pragmático, visto el poder militar operativo de Venezuela", dijo a LA NACION en comunicación telefónica desde Caracas Rocío San Miguel, presidenta de la ONG venezolana Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional. "El rearme venezolano aún no es operacional y tiene fines internos", precisó.

"No hay condiciones para una guerra. Es una confrontación política con una intemperancia verbal que hace mucho daño, pero no se trata de una guerra. Lo que ocurre ahora es la necesidad de afirmar posiciones políticas. Estamos cerca del cambio de presidencia en Unasur", estimó Jaime Zuluaga Nieto, profesor de la Universidad Nacional de Colombia. Aludió así a que el mandatario de Ecuador, Rafael Correa, encabezará desde esta semana ese organismo.

Brasil, EE.UU. y Unasur

Es que no es casual que todo esto ocurra justo en esta semana que termina, de cara a la cumbre de Unasur, que comienza mañana en Quito.

Sobre todo, si se tiene en cuenta que la Unasur, y principalmente el Consejo de Defensa Sudamericano, nacieron como una iniciativa de Brasil para hacer frente a la potencia hegemónica de Estados Unidos.

El acuerdo militar entre Bogotá y Washington, que daría luz verde a los militares norteamericanos para usar las bases colombianas, podría derrumbar de un soplido los esfuerzos brasileños por imponerse como un líder regional.

"El aumento de la presencia de Estados Unidos en la región hace que la potencialidad de conflictividad crezca", explicó Tokatlián.

"Se trata de un aumento desmesurado e inédito de la presencia militar norteamericana en la región, en momentos en que ningún país sudamericano es una amenaza directa para su seguridad. La Guerra Fría quedó atrás, pero esto se da en el marco del crecimiento de Brasil como jugador global. El horizonte estratégico de las políticas de Estados Unidos en la región es Brasil", subrayó el reconocido profesor de la Universidad de San Andrés.

Por eso, la negociación del acuerdo inquietó especialmente a Brasil, que por las riquezas naturales de la selva amazónica y las cuantiosas reservas petroleras de su plataforma marítima, recela de la proximidad militar de Estados Unidos a su territorio.

Mucho más que los inofensivos cruces ?desde un punto de vista bélico y de equilibrio continental? entre Colombia y Venezuela, los analistas coinciden en que el conflicto de intereses que se esconde detrás del escenario actual tiene como principales actores a Estados Unidos y Brasil, la creciente potencia regional que amenaza al gigante del Norte.

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