La tensión que se incuba todos los días

Por Félix Sammartino

¿A qué extremos habrá que llegar para registrar el nivel de violencia que existe entre el Gobierno y el campo? Los huevazos que productores autoconvocados le arrojaron al diputado Agustín Rossi son repudiables y lamentables. Sin embargo, no dejan de ser una caricatura de lo que se vive a diario.

A los fines de contabilizar correctamente esta situación, conviene entender que la violencia no se está expresando únicamente en el hecho físico, sino también en las palabras, los gestos y hasta en decisiones administrativas, consideradas agresiones por los productores agropecuarios.

Efectuada esta cuenta, se podrá tener una dimensión real de la escalada de violencia que se está viviendo entre los productores agropecuarios y el Gobierno.

Claramente se está jugando con fuego. Hay cuestiones muy graves que generan tensión y que ya parecen parte del paisaje cotidiano. Se vive en la anormalidad de que el Gobierno, en la peor seca de los últimos 30 años (con la mitad del trigo cosechado el año pasado), fuertes caídas en las producciones y con una hecatombe económica internacional por delante no intente ningún tipo de diálogo con los dirigentes del campo. De las retenciones no se habla, y las exportaciones de granos, carne vacuna y lácteos están sometidas a un sistema complejo y discrecional.

Sin mostrar el más mínimo interés por la consulta, el Gobierno dispara planes e iniciativas que están lejos de resolver los problemas de la actividad y que son interpretados por los productores como una forma de confundir a la opinión pública.

Desde la otra vereda, el hostigamiento no es menor. Los funcionarios nacionales casi no pueden pisar el interior del país sin exponerse a algún tipo de protesta o invitación a abandonar clubes o restaurantes. Es inimaginable que un funcionario nacional visite una provincia sin efectuar previamente un fuerte trabajo de inteligencia y logística que le ayude a evitar un mal momento.

La capacidad de movilización de los productores y la velocidad con la que logran convocarse gracias a los mensajes de texto de los teléfonos celulares ha sorprendido a más de uno.

De seguir así, no hay dudas de que la tensión entre el Gobierno y el campo seguirá creciendo. Y en esta escalada, quienes pierden son los moderados.

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