Tensión entre policías y fiscales por asaltos a remiseros

La Policía logró pistas para desarticular una banda que cometió tres atracos a mano armada en pocos días • Pero la Fiscalía se negó a realizar un allanamiento fiscal y los delincuentes siguen actuando • Malestar en la fuerza y cruce de acusaciones.

(Por Jorge Guevara) La semana que pasó un incidente puso en aprietos la relación entre la policía bonaerense y la fiscalía de Mercedes. El capitán Marcelo Oberti puso el grito en el cielo porque no se actuó con la celeridad necesaria para detener a los presuntos autores del robo a los taxistas. "Necesitamos trabajar codo a codo", le habría reclamado Oberti a un agente fiscal que hizo oídos sordos a un pedido de allanamiento solicitado por los uniformados. Oberti se siente trabajando en soledad para bajar los índices delictivos de la ciudad y está pensando seriamente en abandonar su lucha, dicen los allegados al jefe policial.

Sin actividad

A Oberti ya le habían advertido un problema que estaba teniendo el personal policial de Mercedes: no detiene a nadie in fraganti. O sea que los patrullajes y el personal de calle no logran detectar ningún movimiento que permita dar con el autor de un ilícito cometido momentos antes. La Oficina de Flagrancia prácticamente no tiene asuntos de Mercedes. Esto lo habló con sus subalternos y pidió mayor atención en los patrullajes.

El reclamo fue receptado por personal policial

Robo y hallazgo

El miércoles último el remisero José Walde denunció que a las 23:30 horas en inmediaciones de calle 24 entre 1 y 101 abordaron su vehículo tres personas y le pidieron que los traslade al frigorífico de caballos Lamar. Al llegar a destino, cerca del kilómetro 98 de la Ruta Nacional 5, los pasajeros descendieron del vehículo y apuntaron con el arma al chofer, a quien sustrajeron dinero, un teléfono móvil y el equipo de radio.

Tras la denuncia, comenzaron a realizar un patrullaje en la zona y momentos después dieron con una persona que iba caminando cerca de Gowland. Les pareció sospechoso por la hora y se detuvieron a cruzar dos palabras. Como no tenía documentación lo llevaron a la comisaría por averiguación de antecedentes.

La víctima del ilícito aún estaba en la comisaría cuando vio ingresar al joven y no dudó: "Ese es uno de los que me robó". El detenido es Carlos Emanuel Araujo, de 20 años, y vive en Agote. Si bien no se tuvo acceso a la declaración del procesado, las fuerzas policiales estaban seguras de conocer la identidad de los dos restantes. "Los habían visto con él un rato antes del hecho", dijo una fuente policial.

Rápidamente se comunicaron con la fiscalía en turno para pedir un allanamiento fiscal que es una autorización especial que tiene el Ministerio Público para ingresar a un domicilio sin tener la autorización del juez de Garantías. "Necesitamos ingresar cuanto antes a esos domicilios antes que desaparezca la prueba", justificaron las autoridades policiales.

Desde la fiscalía se negaron rotundamente. Solo aceptaron al día siguiente –jueves– realizar el pedido ante el juez de Garantías pero antes pidieron que se verifique si las personas en cuestión no eran menores de edad.

Sabor amargo

Las fuerzas policiales se aguantaron la bronca. Y tragaron más cuando se enteraron que –al viernes al mediodía- la orden de allanamiento no había sido autorizada porque sabían que ello implicaba esperar -por lo menos- hasta el lunes. Pero la bronca no se frenaría.

Otra vez

El viernes a las 20:30 horas con idéntico modus operandi, fue asaltado otro chofer de la empresa Mi Taxi. Esta vez fue Mario Pablo Álvarez, de 30 años, quien fue abordado por dos sujetos en calle 24 entre 9 y 11, con destino a una quinta ubicada detrás del frigorífico Lamar. Antes de llegar al lugar, los pasajeros sacaron un arma y obligaron al chofer desviarse hacia un camino vecinal. Allí, lo despojaron de la recaudación, del equipo de radio y del estéreo reproductor del automotor.

La descripción del chofer encaja perfectamente con los dos presuntos cómplices de Araujo. "No se puede creer", dicen que dijo Oberti a sus pares "cuando tenemos a los delincuentes, nos frenan los papeles. Así se hace muy difícil trabajar".

Pero allí no terminó toda la ira policial. En las primeras horas del sábado – aproximadamente a las 3 horas- Alberto Raúl Biagini, chofer de la empresa Taxi Ya fue la nueva víctima. Tres sujetos solicitaron por teléfono un taxi, para Altamira, en cercanía del kilómetro 92,500 de la Ruta Nacional 5. Apenas subieron al vehículo, los ladrones apoyaron un arma en la cabeza del taxista, y le quitaron la billetera (con dinero), un estéreo reproductor y la radio de transmisión a la base. Biagini logró escapar corriendo del lugar, y dejó a los delincuentes arriba del automóvil.

Horas después Biagini llegó al lugar del hecho con personal policial, donde estaba aún el Renault 19 y también un Renault 12. En otro vehículo, en un Fiat Europa, había tres personas que escaparon hacia el acceso a Mercedes, ante la presencia del móvil policial. El Renault 12 había sido sustraído en el Barrio El Trébol de Luján, a pocas cuadras del domicilio de la madre de uno de los sospechosos: ¿pura coincidencia?

Crisis policial

Ya el sábado Oberti habría vuelto a insistir con el allanamiento fiscal. "Esto se puede ir de madre: ¿qué pasa si uno de estos robos termina con una víctima fatal?", le habría preguntado a una funcionario que insistía en esperar la orden de allanamiento. "Yo tengo ganas de trabajar, de solucionar la cosas, pero así es muy difícil", fue lo último que dijo Oberti cuando vio que no quedaba más para decir y solo se podía esperar para que el juez de Garantía firme la orden.

¿Todo terminará acá?

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