La tensión entra en terreno límite

Tal vez porque está acostumbrado a la apertura de varios frentes problemáticos, o tal vez porque hubo una subestimación en los pronósticos, lo cierto es que se agotó el tiempo de espera con respecto al conflicto salarial y a la inseguridad.
No significa esto que el gobernador Daniel Scioli haya recibido un ultimátum. Pero abundan las señales claras de que fue destinatario de un reclamo de reacción por tales circunstancias muy adversas para la gestión. La social - salarial suele tener menos prensa pero es la más condicionante porque expone la necesidad de reflejos de administrador, del cual muchos carecen. En el caso de la inseguridad, todo puede enfrentarse a través del mundo mediático, salvo cuando aquellos famosos y eventuales líderes de opinión se deciden a encabezar una protesta generalizada.

Scioli intentó apostar, sin éxito hasta el momento, a una suerte de finalización de la temporada del reclamo. Esto es, en buen romance llegar a diciembre, perderse en esa suerte de laberinto temporal que son las fiestas y la prórroga hasta marzo. No contó o no le contó su ejército de asesores que la capacidad de reacción sindical y su organización para pintar la realidad en un paisaje en llamas lleva apenas unas hojas del calendario.

Si uno se remite a un par de meses atrás era tabú hablar de incremento salarial cuando las lágrimas desde el oficialismo intentaban conmover con sus arcas sin fondos para pagar los mínimos gastos de funcionamiento. Sin embargo, esa estrategia política se desvaneció y cedió a la agenda de los sindicatos, quienes no compraron el discurso del lamento y avanzaron con la necesidad de actualización.

Los paros vienen desarrollándose con continuidad por tercera y hasta cuarta semana consecutiva según los sectores laborales y no ceden pese a las presiones de descuentos por día de huelga. La semana que viene habrá medidas de fuerza de hasta 48 horas de inactividad que supondrá una postal desértica en aulas y otras dependencias de la administración pública.

Scioli renovará sus intentos por la política dura contra los gremios y sus demandas, pero deberá al menos renovar en algo los ejes argumentativos. Detrás del fundamento de la falta de recursos se desnuda la focalización por saber qué hace por conseguirla y que virtudes y pericias pone en juego.

En ese sentido parece entrar en debate nuevamente el tema de la coparticipación federal de impuestos. La Provincia desde las dos últimas décadas viene pregonando sin resultados a la vista, un incremento de esas partidas. Pero sigue siendo víctima de varios "cepos", por ejemplo que la ley requiere, para su modificación, una especial legitimidad con la firma de todos los gobernadores.

El estado provincial cayó a los 20 puntos porcentuales de coparticipación de los aproximadamente 28 que tuvo hasta la década del 80 cuando se sancionó la primera normativa al respecto en la presidencia de Raúl Alfonsín.

Con cierta ironía, porque no es cuestión de cosificar a los seres humanos, un ex funcionario nacional señaló durante una exposición realizada en la capital provincial que un bonaerense "vale la mitad de un cordobés o un santafecino" y dio ejemplos más significativos cuando dijo que estar en el oeste provincial tiene su tentación, por caso, si se cruza a La Pampa, porque allí la coparticipación por habitante se cuadruplica. O en el Sur, donde cruzando hacia Viedma, la capital de Río Negro, esos valores se triplican.

En esa conferencia se resaltó como grave una variable que él fijó como consecuencia de esa pérdida de recursos desde la Nación y es el hecho contar con un penoso 23° lugar para el estado bonaerense en calidad educativa.

Los ejemplos de Alieto Guadagni, de él se trata, grafican y llevan al lenguaje entendible para todos los mortales la interpretación cabal de un concepto tan abstracto para economistas como es la coparticipación.

Difícilmente esa temática sea empleada por Scioli en futuros encuentros con el matrimonio Kirchner. Sobre todo porque cree que aún tiene que agradecer aquella concesión de la Casa Rosada de hacer más liviano el peso de la ley de disciplinamiento fiscal a las provincias que permitió liberar recursos.

Pero el gobernador tiene en mente nuevamente el protagonismo partidario -aquél que suspendió por unos meses debido a una tormenta de críticas opositoras- y lo quiere reactivar en un próximo encuentro con Néstor Kirchner a quien le pedirá que aquella renuncia al Consejo Nacional del PJ quede en suspenso para otra ocasión. Difícilmente el gobernador mezcle esta cuestión que, según los hechos considera prioritaria, con cualquier otro tema de agenda de gestión.

Los recursos también se necesitan para el área de seguridad. Pero no es sólo una cuestión de necesidades materiales.

Hay situaciones de construcción simbólica que impiden ocultar algunos malos momentos que ocurren a raíz de casos violentos que ocurren a diario en las calles bonaerenses.

Las demandas pasaron del desconocido vocero vecinal del barrio a portavoces famosos por su actividad artística y que generan una fuerte presión a partir del vínculo afectivo que poseen con sus respectivos públicos. Supuestamente son más creíbles porque no habría en principio en ellos apetencias políticas inmediatas. Pero igualmente forman opinión con sus lamentos que son potenciados a través de los medios.

Marcelo Tinelli, Susana Giménez y Mirtha Legrand conformaron el eje enunciador de la falta de seguridad y, a su vez, desnudan sin dar posibles réplicas, un vacío en la materia.

La reacción no se hizo esperar y a la ya comentada renovación del reclamo por la inimputabilidad se desempolvó la vieja idea de las contravenciones o edictos, un arma que le sirve a la policía para demostrar gestión en las calles, pero que ha recibido históricamente reclamos desde organismos defensores de los derechos humanos.

No aparecen a la vista más soluciones o anuncios. Pero la cuestión ligada a las contravenciones tal vez otorgue más oxigenación hasta que se instrumente la ley. Luego habrá que esperar los resultados y, para entonces, tal vez no aparezcan o se demoren casos violentos que suelen construir la agenda periodística.

Pero eso es tan sólo una especulación. Lo cierto es que a partir de diciembre, cada una de estas problemáticas habrá que consensuarlas con una oposición que, desde su fragmentación y necesidad de posicionamiento para el 2011, no tenderá alfombras rojas al sciolismo. En realidad, Scioli tendrá muchos temas difíciles de gestión a partir de diciembre y sólo falta determinar cómo se desarrollará su capacidad de reacción ante la adversidad. (www.agencianova.com)

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