Tensión en la cumbre interamericana

"No podemos irnos de esta asamblea sin reparar la infamia contra un pueblo", dijo el anfitrión Manuel Zelaya, en alusión a la isla.
Las caras sonrientes de la inauguración de la 39ª Asamblea General de la OEA duraron lo que llevó la ceremonia de apertura. No bien comenzó el debate sobre Cuba y su posible reingreso a la organización, la tensión se adueñó del Club Arabe, la sede elegida para la reunión en San Pedro Sula, Honduras. "No podemos irnos de esta asamblea sin reparar la infamia contra un pueblo", arrancó el anfitrión de la jornada, el presidente Manuel Zelaya. La derogación de la resolución que expulsó en 1962 al gobierno comunista cubano se daba por descontada ayer entre los cancilleres y los tres presidentes presentes –Zelaya, el paraguayo Fernando Lugo y el nicaragüense Daniel Ortega–. En lo que no lograron ponerse de acuerdo fue en cómo sería la eventual vuelta de la isla a la organización hemisférica. Los diplomáticos más optimistas creían que hoy se llegaría a una resolución consensuada, pero no se animaban a predecir su contenido.

Como se venía adelantando en la última semana, ayer se presentaron tres posturas. La primera fue la de Estados Unidos. "No se trata de revivir el pasado; se trata del futuro al ser leales a los principios que fundaron esta organización", dijo, con mucha diplomacia, la secretaria de Estado Hillary Clinton. La representante de Barack Obama lanzó indirectas y habló con eufemismos hasta que finalmente dejó en claro que no aceptará la vuelta del gobierno cubano si se mantiene la situación actual de la isla. "Esa pertenencia debe venir con responsabilidades y nos debemos los unos a los otros estar a la altura de los estándares de la democracia y la gobernabilidad que trajeron tanto progreso a nuestro hemisferio", señaló.

El clima era tenso, pero no hubo exabruptos. Las delegaciones de Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, que reclaman una vuelta de Cuba sin condiciones, no emitieron sonido. Dejaron seguir el debate hasta pasado el mediodía, cuando hubo un receso para almorzar. Entre bocado y bocado, las negociaciones continuaron a puertas cerradas, lejos de las cámaras de televisión. A pesar de los esfuerzos de Brasil, Argentina, Chile y México, los 34 cancilleres volvieron a tomar sus asientos sin resolución en el horizonte.

Ecuador tomó la palabra. "Es la hora de ponernos al nivel de las demandas sociales de nuestros países o la historia dará cuenta de nuestras viejas instituciones, desapareciéndolas por obsoletas y por desconectadas de la realidad", aseguró el canciller Fander Falconi. A unos asientos de distancia, el canciller brasileño, Celso Amorim, escuchaba frustrado. Pidió la palabra y sugirió crear un grupo de trabajo más pequeño que se ocupe solamente del tema cubano. Había que apurar los tiempos; la asamblea sólo dura 48 horas.

Esa fue la única propuesta aprobada ayer. La postura de Estados Unidos y la de los compañeros de Cuba en el ALBA –Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador– no se modificaron a lo largo de la jornada. "Mi mandato es que se corrija la injusticia que se impuso sobre el pueblo cubano. Lo que suceda después hay que dejarlo a criterio del presidente Raúl Castro", explicó en diálogo telefónico con Página/12 el canciller boliviano, David Coquehuanca.

Esa es la estrategia del bloque ALBA. En los pasillos, los delegados de esos países recordaron que el gobierno de Castro no demostró ningún interés en volver a la OEA, por lo que no era necesario adelantarse y empantanarse con una discusión ahora. Según el reglamento de la única organización hemisférica, un país debe solicitar a la Asamblea General que apruebe su ingreso (en el caso cubano, su reingreso).

"En el futuro veremos cómo Cuba vuelve. Quizá tendrá que pagar cuotas, discutir con la OEA los términos administrativos, pero nos estamos adelantando a los hechos. Queremos simplificar para evitar confrontaciones", argumentó el vicecanciller ecuatoriano, Lautaro Pozo, vía teléfono, desde Quito. A última hora, desde Venezuela, el presidente Hugo Chávez adelantó que su gobierno tampoco aceptará la propuesta norteamericana.

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