Tensa vigilia de empleados de la metalúrgica Mahle

La vigilia de los más de 500 trabajadores de la metalúrgica Mahle (Presidente Perón al 5600), que el viernes tomaron pacíficamente la fábrica ante el anuncio de cierre y paralización de la planta productora de aros y camisas de pistón para automóviles, continuaba ayer impregnada de incertidumbre, bronca y angustia. Lo único que puede disipar esa sensación está sujeto a la resolución que tenga mañana una reunión entre la patronal y los delegados de los trabajadores, instancia en la que el Ministerio de Trabajo de Santa Fe tiene la voluntad de retrotraer la situación y dictar la conciliación obligatoria.
 Mientras tanto, ayer por la tarde la fábrica de la zona oeste seguía ocupada por sus empleados. Los ojos de hombres y mujeres, algunos con más de treinta años de servicio, delataban cansancio y una angustia marcada por el desenlace de una situación que se palpaba desde hacía un par de años.

   Afuera unos cuantos acompañaban el corte de ambas manos de la avenida Presidente Perón con cubiertas apiladas. Junto a familiares, amigos o ex trabajadores, los grupos de empleados se distribuyeron de a cuatro o cinco por las calles internas del predio de la fábrica aferrados a sus puestos de tareas.

Junto al torno. Rodeados de tornos, hornos y un millón y medio de aros embalados listos para salir al mercado —detenidos por decisión ejecutiva— cuatro empleados estaban sentados en ronda bajo el enorme tinglado del galpón y ensayaban una respuesta al difícil momento que les toca atravesar.

   "Hay muchos compañeros que no entienden que la fábrica cerró. Creen que de un momento a otro volveremos a trabajar, pero no es así", aventuró Roberto Campos, un hombre de 52 años, casado, con tres hijos y 18 años de servicio en Mahle. Gustavo Jara, de 30 años y ocho de empleado, sentenció: "No me voy a quedar sin trabajo" y criticó la política empresaria que determinó el cierre de la fábrica.

   Son conscientes de que "la crisis" los golpeó de lleno y en la boca del estómago. Literalmente, porque es ahí donde se señaló Cristian Salcedo cuando trató de encontrar una explicación. "Tengo mucha bronca, angustia e incertidumbre. Siento algo acá que no sé que es", remarcó.

   Tampoco asimilan las explicaciones que se fueron dando desde distintos estamentos nacionales. "La CGT (Confederación General del Trabajo) dijo que no iba a aceptar despidos masivos. Lo mismo dijo la presidenta. Mirá lo que pasó acá. Más de 500 personas en la calle. ¿Dónde está la gente de la UOM (Unión Obrera Metalúrgica)?", se preguntaban.

Las mujeres. Entre la fundición y el templado, y una vez que los aros están listos, trabajan las mujeres. Con las administrativas son más de cuarenta las obreras de Mahl; muchas superaron las bodas de plata en la firma. "Estoy destruida, no puedo hablar. Esta es mi segunda casa, éramos una familia. Ojalá que esto se arregle", dijo Estella Espinosa, de 53 años; 29 de los cuales trabajó en la fábrica enclavada en pleno barrio Triángulo.

   "Sabíamos que iba a pasar esto. Nos engañaron y estafaron. En dos años se llevaron máquinas y en los últimos días sacaron nuestros legajos y hasta los planos de ingeniería de los productos", aportaron desilusionadas Rosa Gallardo y Ana María Mingorance.

   Todos están de acuerdo en algo y tienen la misma convicción. "No queremos indemnización, ni el cincuenta ni el ciento por ciento, queremos mantener nuestra fuente de trabajo", remarcaron. l

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