"Tenemos que demostrar que no somos el peor equipo de la historia".

RIVER: Aunque no juegue, el Pitu se siente tocado por el mensaje de la gente y asegura que "ninguno va a bailar cuando se pierde". Jura que no le pidió a Pipo jugar sólo de doble cinco y dice que "no soy Verón o Riquelme para hacer un escándalo...".
Me salió de casualidad. Me ayudó el viento".

Fue hace una década. Un adolescente, de la Novena de River, le daba más méritos a los factores climáticos que a su zurda para explicar un golazo olímpico. Era Matías Abelairas. Es el que ahora, con idéntica sinceridad, se refiere al difícil momento de River y a un presente en el que ya no es titular indiscutido como a sus 14.

-¿Qué te dolió más: ver las duras banderas o escuchar la canción en que se los amenazó por ir a los boliches?

-En este plantel no hay chicos que estén todo el día de joda. De lo contrario, se tomaría alguna sanción.

-¿Y cómo se explica la reacción de la gente?

-Se entiende la calentura. Pero creo que en ese sentido no vamos a tener problemas porque cuando perdemos, nadie va a bailar. Al hincha no le gusta que uno salga cuando las cosas van mal. Y a nosotros, tampoco.

-¿O sea que terminaron siendo más fuertes las leyendas que se veían en la tribuna Sívori?

-Y, a nadie le gusta leer eso. Pero...

-¿Aceptan lo que quedó instalado: que son el peor equipo de la historia?

-Quizá los resultados lo indiquen, pero éste no es el peor equipo. El tema es que hoy el fútbol es muy resultadista. Por eso tenemos que demostrar que no somos los peores de la historia. Y no solamente con palabras, sino con hechos. Nosotros, los jugadores, interiormente sentimos que no lo somos.

-¿Por qué?

-En el torneo en que salimos últimos no creo que hayamos sido los que peor jugamos. Hubo muchos partidos que merecimos más de lo que conseguimos. Y en otros no nos favorecieron los arbitrajes.

-¿Entonces son el equipo con más mala suerte?

-No, la suerte es un 5% o un 10%. La realidad es que bajamos el nivel. Pero ojo: este equipo ganó un título. Y eso no es fácil ni siquiera en River. La institución estuvo cuatro años sin ganar nada. O sea que no sólo pasaron los ocho torneos locales sino los ocho internacionales, es decir 16 campeonatos. Si se dice que somos los peores, también se debe decir que fuimos campeones luego de mucho tiempo.

-Ahora bien, ¿cuál es el verdadero River: el del primer semestre del 2008, el del segundo o el de ahora?

-Somos irregulares. Es algo que le pasó a otros equipos, que sufrieron como una relajación incosciente. Quizá se nos fueron jugadores importantes como Carrizo, Alexis y Ortega. Pero llegaron otros y no supimos mantener el nivel de un equipo que no brillaba pero casi siempre te pasaba por arriba.

-¿Ya asumieron la desilusión en este torneo?

-Sabemos que es difícil, más allá de que aún existen chances y de que esta camiseta exige ganar todos los partidos. Lo cierto es que tuvimos dos chances de meternos en la pelea y no las aprovechamos.

-Se acostumbraron a perder partidos clave.

-Sí, en la Copa nos pasó lo mismo. La eliminación no fue en Paraguay, el equipo también tendría que haber ganado en Perú y, como mínimo, empatar en Uruguay. No nos tendríamos que haber obligado a llegar a una situación extrema.

-¿Te sentís culpable por este mal momento?

-No, todos tenemos culpas. En la Copa me tocó jugar el partido decisivo, pero no soy el responsable absoluto. Aparte, ahí no me sentí prioridad porque jugué apenas 95 minutos de los seis partidos. Todos somos autocríticos y reconocemos que los rendimientos individuales bajaron mucho.

-¿Cuál es tu autocrítica?

-En el torneo tuve muchas oportunidades y quizá me tocó jugar mal. No hay que buscar excusas.

-¿Y cómo asumís que sos uno de los que no volvió a jugar tras la eliminación en Paraguay?

-No me siento bien porque obviamente a uno le gusta estar siempre. Me acostumbré a ser titular, y me cuesta. Pero, viéndolo de manera fría, creo que todos los jugadores podemos entrar y salir. Y yo no soy un Verón o Riquelme como para andar haciendo un escándolo.

-¿Tuviste alguna diferencia con Gorosito?

-No, tuve una conversación muy buena. No quise mandar mensajes por la prensa y hablé directamente con él, porque quería contarle el motivo por el cual no me sentía cómodo en la cancha. Pipo me entendió. Me contó que le pasó lo mismo: en Inferiores jugaba de cinco y al llegar a la Primera lo mandaron a los costados y le costaba.

-¿Le puede haber molestado tu planteo?

-Al contrario. Los dos somos claros, yo confío mucho en él. Además, es mentira que le avisé que esperaría la oportunidad como doble cinco. Sólo quería que supiera por qué no venía rindiendo.

-Pero toda tu vida fuiste volante por izquierda...

-Sí, en Inferiores, pero en Primera lo hice muy poco. Más bien jugué ahí pero en un 4-4-2, al lado de Belluschi. En cambio, en un 4-3-1-2 me cuesta, pero tendré que adaptarme. En Boca le está pasando a Gaitán, que para mí es un jugadorazo. Por algo mi mejor momento fue de doble cinco.

-¿En San Lorenzo te esperan para ese puesto?

-No sé nada. Estoy muy cómodo acá, River es el mejor club. Mi sueño es quedarme toda la vida. Aunque uno quiere sentirse importante, y en este momento no me siento así.

-¿Y si Simeone te quiere, aceptarías ir?

-Es un orgullo que un técnico así hable bien de mí. Me encantaría que me volviera a dirigir. No sé si hoy, dentro de un año o en tres.

-Querés volver a ser importante, ¿no?

-Sí, más allá de que hoy no sea importante para el equipo, yo siento que soy un jugador importante. Y me entreno como si fuera mi último día. Y me cuido. Y vivo para esto. Y confío en mí. Y disfruto.

-¿Se puede en este clima de crispación?

-Es difícil. Uno se angustia mucho. Creo que los jugadores sufrimos más que los hinchas, que los dirigentes y que los técnicos. Perdemos prestigio, un montón de cosas. Pero debemos asimilar la presión.

-Ahumada dijo que les falta un psicólogo...

-Tal vez, podría ser. Más allá de que la mayoría estamos fuertes de la cabeza, nunca está de más un psicólogo. Yo lo tuve y me hizo muy bien.

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