Las tendencias proteccionistas amenazan la agenda comercial 2009

Por Félix Peña Especialista en Comercio Internacional. Fundación Standard Bank

Si se cumplen los pronósticos de un escenario de recesión y deflación en las principales economías del mundo, se acentuarían las tendencias ya evidentes del aumento de medidas proteccionistas. Sería importante que los países enriquezcan la agenda de la OMC de este año

La evolución del comercio mundial en los próximos meses, de concretarse un escenario de recesión y deflación en las principales economías, acentuaría tendencias ya manifiestas a distintas modalidades proteccionistas. Condicionaría las prioridades en la agenda 2009 de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Algunas de esas modalidades aprovecharían el margen que brindan los límites a la discrecionalidad en sus políticas comerciales que los países han asumido en la OMC. En muchos casos los techos existentes son muy altos. Resultan de las diferencias existentes entre aranceles consolidados y aplicados. Y también entre subsidios a la agricultura que se otorgan y los que pueden otorgarse sin violar compromisos vigentes. Quizás el efecto más negativo de los sucesivos fracasos en concluir la Rueda Doha consista, precisamente, en que se perdieron oportunidades para bajar esos techos.

Otras modalidades pueden ser una consecuencia -no necesariamente deseada- de medidas que en muchos países están aplicando para contrarrestar los efectos recesivos de la actual crisis económica. Se originan en políticas públicas, pero también en estrategias defensivas de empresas que producen simultáneamente en diversos países. El sector automotriz es un ejemplo. No es el único. Si se acentuara la recesión, los efectos de una suerte de ‘sálvese quien pueda’ pueden alcanzar, como ya ocurriera en el pasado, niveles peligrosos para el comercio mundial. Pueden incluso tener impactos desestabilizadores en el plano político de países y de regiones.

El sólo hecho que tal escenario sea factible, torna más importante preservar y fortalecer el sistema de la OMC. A través de los sesenta años transcurridos desde su creación con el GATT, uno de sus aportes principales ha sido el de introducir un cierto grado de disciplina en las políticas comerciales de los países miembros. Es lo que permite tornar previsibles las reglas de juego que inciden en el intercambio mundial de bienes y de servicios. Beneficia a los países con mayor poder económico. Pero también beneficia a países como el nuestro, con una baja participación relativa en el comercio internacional.

La Rueda Doha sigue siendo un objetivo prioritario de la OMC. En diciembre pasado, los negociadores en Ginebra no pudieron cumplir con el mandato de la Cumbre de Washington del G20. Ello no contribuye a la credibilidad de los demás compromisos allí asumidos. Los pronósticos sobre que tal objetivo pueda alcanzarse en el 2009 son cautelosos. Para un cuadro más preciso al respecto se esperan señales creíbles que surjan del nuevo gobierno americano. Concluir con las actuales negociaciones comerciales significaría enviar señales positivas para la eficacia del sistema, aún cuando los resultados que se obtengan no se ajusten a los grados de ambición imaginados en el 2001.

En todo caso, sería recomendable que sin debilitar tal objetivo, los países enriquezcan la agenda 2009 de la OMC. Poner el acento en las medidas de facilitación del comercio y de ayuda al comercio, si bien necesario, puede no ser suficiente si es que el cuadro mundial continúa deteriorándose.

Los efectos combinados de un escenario en el que no se pueda concluir la Rueda Doha, se acentúen las tendencias a viejas y nuevas modalidades de proteccionismo y, a la vez, se multipliquen los acuerdos comerciales preferenciales y, por ende, discriminatorios, tendrían que tener en la OMC un foro activo de análisis y debate franco entre todos los países miembros. A tal efecto, dos mecanismos de trabajo deben ser utilizados. Uno es el de la Conferencia Ministerial que corresponde celebrar este año. No podría limitarse a la Rueda Doha. El otro es el de la revista general de la evolución del entorno comercial internacional, previsto en el punto G del Anexo III de los Acuerdos de Marrakech. Ambos, combinados, pueden brindar el ámbito para procurar respuestas sistémicas a problemas que son colectivos.

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