Temor, fondos y control para retener al PJ

Temor, fondos y control para retener al PJ
Néstor Kirchner centró su estrategia para 2011 en el conurbano bonaerense, donde apunta todas sus armas para obligar a la lealtad a los caciques comunales. A los que resisten, sólo les queda pasar inadvertidos en el tiempo que falta para el recambio.
Tras la difusión del asado que reunió a un puñado de legisladores clave del PJ bonaerense, concurrencia y organizadores parecen haberse llamado –provisionalmente– a cuarteles de invierno. Temen quedar sobreexpuestos a las iras de Néstor Kirchner, decidido, dicen, a fulminar cualquier brote independentista. Temor, fondos y una marcación cuerpo a cuerpo forman el trípode en que se asienta su estrategia para retener un territorio que se le ha convertido en obsesión. El santacruceño, profundo ignorante de los códigos y la cultura bonaerenses, antes de desembarcar en Chaco para reasumir la presidencia del PJ, preveía hacer un alto en Necochea, el 17, para irritar a Gerónimo "Momo" Venegas, secretario de los trabajadores rurales y uno de los líderes del sindicalismo disidente. El 24 protagonizaría un acto en La Plata, para marcar la cancha a Pablo Bruera, uno de los caciques comunales que no pueden disimular su distancia del gobierno central. "Es una característica de Néstor –explica un veterano legislador nacional, que conoce el perfil psíquico de Kirchner como la palma de su mano–: para limitar a Bruera lo hizo ministro a su adversario Alak; para escarmentar a Randazzo por el 28 de junio, pone en Agricultura a Julián Domínguez, que es su enemigo favorito".

La gran apuesta de los hombres del justicialismo bonaerense es, entonces, pasar desapercibidos en el tiempo que falta para el recambio. La empresa requerirá un esfuerzo titánico porque, al decir de uno de ellos, "no es que falte un año, sobra un año". También advierte que Kirchner se ha confiado demasiado en la mansedumbre del complejo armazón bonaerense y lo que entiende por docilidad no es sino la renuencia del aparato a dar peleas anticipadas. Una postura conservadora que se explica porque la estructura impositiva de la provincia ha sido pensada para que sea indispensable articular con la caja nacional. "A Bruera hace nueve meses que no le mandan un peso. Él no deja de pagar sueldos porque la cobrabilidad de La Plata es buena. Pero eso no ocurre en todos los casos. La última época de descentralización fue la de Felipe. De entonces a acá se ha producido un proceso inverso. El unitarismo de Kirchner lo hace federal a Duhalde". Resignado, ese justicialismo vaticina que hasta febrero o marzo de 2011 no habrá estampidas, aunque "tampoco habrá reenamoramientos". Daniel Scioli siguió con preocupación las reuniones del verano. No puede darse el lujo de desprenderse de Raúl Pérez, presidente del bloque kirchnerista de la Legislatura y uno de los cabecillas del encuentro pinamarense, porque éste es un experto en el tramado de acuerdos y tampoco puede prescindir de otro de los comensales, Juan Garivotto, un diputado de gran influencia en la 5a sección y entre los peronistas de la diputación provincial.

En los foros del conurbano conjeturan que, mientras aguanta el chubasco, Scioli hace una apuesta doble y moderada: consolidar su futuro personal o ser el candidato de Kirchner si es que el propio ex presidente renuncia a serlo. "Él y Macri están complicados con la gestión. Caen en las encuestas donde gobiernan y miden bien donde no lo hacen", constatan. Nadie niega que, a la fecha, Francisco de Narváez sigue siendo el gran candidato a administrar la provincia y se ensayan fórmulas variadas con él como partenaire de baile. "El Colorado es la gran incógnita para el PJ de Buenos Aires. Si la relación de Cobos con el radicalismo se fractura, es probable que busque un acuerdo con De Narváez; si Macri lo pierde como compañero de fórmula, sus posibilidades se diluyen. No puede encolumnar al justicialismo, para el peronismo bonaerense Macri no es ‘propio’". Las martingalas del peronismo sostienen que Sergio Massa, segundo en las simpatías de los bonaerenses aunque todavía a mucha distancia de De Narváez, piensa que su sortija está guardada detrás de la fachada inspirada en el renacimiento flamenco del edificio de la Calle 6. Ésa es, hoy por hoy, su máxima ambición, un proyecto empapado de realismo: el intendente de Tigre sospecha que nadie sale de la gobernación bonaerense en condiciones de aspirar a la primera magistratura.

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