El temor de Europa de quedar atrapada en el "Vietnam de Obama"

Francia, Alemania e Italia evalúan el retiro de sus tropas ante la creciente violencia de los talibanes
PARIS.- Gran Bretaña y Estados Unidos prácticamente han perdido toda esperanza de que sus aliados en la OTAN envíen más tropas para pelear en Afganistán. Incluso algunos países europeos están buscando la forma de retirarse de ese país antes de que se transforme en el "Vietnam de Obama".

A pesar de los intensos esfuerzos diplomáticos del presidente norteamericano, Barack Obama, y del primer ministro británico, Gordon Brown, ningún otro país se muestra dispuesto a compartir el riesgo que corren los soldados británicos y estadounidenses frente a una insurgencia talibana cada vez más feroz.

Las declaraciones realizadas la semana pasada por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, parecen confirmarlo: "Francia no enviará un soldado más a Afganistán", dijo. "¿Hace falta quedarse? Yo digo que sí. Quedarse para ganar. Pero no a cualquier precio", advirtió. A juicio de Sarkozy, lo que hace falta son más soldados afganos, que serán "más eficaces para ganar esta guerra porque es su país".

Francia respondió de esa manera a Gran Bretaña, que enviaría otros 500 soldados a Afganistán si otros países de la OTAN aceptan aumentar sus contingentes. Canadá también está pensando en retirar sus tropas en los próximos 18 meses.

Otra evidencia desconcertante es que, según reconocieron la semana pasada, la mayoría de los países europeos pagan en secreto a los rebeldes para evitar ataques y emboscadas.

Ocho años después de que Estados Unidos expulsara a los talibanes de Kabul con la ayuda de sus aliados de la Alianza del Norte, la situación militar es cada vez más inquietante. La insurrección persiste e incluso progresa, a pesar de la presencia de 100.000 soldados extranjeros.

En estas condiciones, los aliados presienten que el tiempo les juega en contra y cada uno trata desesperadamente de salir de un triple callejón sin salida: militar, político y socioeconómico. Sólo el 38% de los estadounidenses respaldan la presencia militar de su país en Afganistán, según un sondeo de CNN/Opinion Research de hace dos semanas. La opinión pública europea sigue esa misma tendencia.

En realidad, nadie consiguió nunca someter militarmente en forma durable a ese país de tribus, de clanes cimentados por solidaridades ancestrales y una práctica medieval del islam. Ni siquiera el Ejército Rojo pudo derrotar a esos guerreros primitivos que usan las cuevas de montañas como el Vietcong utilizaba la selva: en 1989, los soviéticos tuvieron que retirarse diez años después de la invasión.

El general Stanley McChrystal, nuevo comandante de las fuerzas de la OTAN, es consciente de la necesidad de cambiar de estrategia. A su juicio, no se trata sólo de atacar al enemigo y dar muerte a los insurgentes, sino también de ganar la confianza de la población. Los habituales ataques aéreos, que regularmente matan a civiles y pulverizan viviendas, no son el mejor método para lograr esos objetivos. McChrystal también ha dado orden a sus tropas de no humillar a la población pastún.

La palabra de moda desde hace un tiempo es "afganización", señala un militar francés. Muchos son los que rechazan ese término, que les recuerda el de "vietnamización", empleado por los boys norteamericanos en los años 60 y 70.

Para otros, sin embargo, el conflicto afgano tiene muchas similitudes con la Guerra de Vietnam: "Los vietcong tenían su retaguardia en Vietnam del Norte. Hoy, los talibanes tienen la suya del otro lado de la frontera paquistaní. Pero, sobre todo, la guerra perdió respaldo político en Occidente", señala un diplomático británico.

Sin Karzai

La parálisis también es política. Washington apostó en un primer momento por Hamid Karzai, un aristócrata pastún de 52 años, educado en Estados Unidos, que ahora perdió toda credibilidad. Karzai fue nombrado presidente por la comunidad internacional y su cargo, posteriormente refrendado por un órgano legislativo elegido por voto popular en 2005. Las elecciones presidenciales del 20 de agosto pasado debían aportarle legitimidad y lavarlo de cuatro años de acusaciones de corrupción y nepotismo. Pero los resultados demostraron todo lo contrario. En esas condiciones, la comunidad internacional ya no puede contar con él para hallar una salida política al conflicto.

En ese terreno, Francia defiende la estrategia de abrir el diálogo a todas las fuerzas políticas presentes en Afganistán, incluso con los talibanes "recuperables".

"El problema es que negociar con los talibanes significa hacer concesiones. ¿Hasta dónde se puede llegar?", reflexiona un diplomático francés.

El último obstáculo de los occidentales es económico. "Cuando se dan 20 dólares para los afganos, sólo 1 llega a destino", dice esa misma fuente. Por culpa de la burocracia, del desorden y, sobre todo, de la corrupción. El resultado es que las infraestructuras elementales del país se encuentran en un estado lamentable o simplemente no existen.

En esas condiciones, la nueva estrategia de McChrystal se convirtió en una carrera contra el reloj. Estadounidenses y británicos esperan que dé buenos resultados antes de que las dificultades terminen por horadar los escasos restos de buena voluntad de sus aliados.

La situación es tan tensa que, entre otros efectos colaterales, provocó la renuncia del diputado británico Eric Joyce a su cargo de asistente del secretario de Defensa, Bob Ainsworth. En una carta de protesta por el escaso compromiso que, a su juicio, asumen los miembros de la OTAN en Afganistán Joyce escribió: "Todo parece indicar que los británicos pelean, los alemanes pagan, Francia calcula e Italia esquiva". Si Estados Unidos da el mismo valor a cada una de esas actitudes, "se quedará solo para asumir todo el peso de la tarea", como ocurrió en Vietnam, y Obama terminará pagando el precio político de una guerra que no comenzó.

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