Temeroso, Macri quiere que se vote cuanto antes

Por Joaquín Morales Solá

Los argentinos en general, y los porteños en particular, no tendrán paz. Néstor Kirchner ya hace campaña electoral en el conurbano varias veces por semana, pero ayer Mauricio Macri decidió adelantar en la Capital todos los tiempos electorales. Avanzadas competencias en la provincia y anticipadas contiendas en la Capital se darán en un clima de extendido temor social por las crisis económicas, nacional e internacional.

Esas apelaciones de unos y otros al electorado, a veces vacías, explican que la principal preocupación social, la inseguridad, haya encontrado un liderazgo en figuras del espectáculo mediático como Susana Giménez y Marcelo Tinelli. Ni Susana ni Tinelli tienen la culpa de que los políticos profesionales no se hayan hecho cargo del conflicto que más inquieta a una porción inmensa de la sociedad. Ocuparon un lugar vacante. No hay más que eso. Kirchner hace poco y nada por la seguridad y Macri no se lo recuerda con la frecuencia que se merece.

La falta de contención del problema ha disparado, incluso, propuestas tan extravagantes como la de instaurar la pena de muerte, cuando todavía no se han hecho los esfuerzos necesarios para abarcar el conflicto desde la indispensable prevención hasta la necesaria represión. Aquellas dos estrellas de la televisión llegaron a empujar respuestas de dos ministros de la Corte Suprema de Justicia. Algo raro sucede cuando simples frases despiertan tanta expectación.

En ese clima de temores y ausencias, Macri mandó ayer a los porteños a votar dos veces en cuatro meses. La mejora es imperceptible: en 2007, los capitalinos debieron sufragar, entre junio y octubre, a un ritmo de casi una vez por mes. Hubo entonces dos elecciones en la Capital y luego se realizaron los comicios presidenciales de octubre de ese año.

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El jefe de gobierno venía con fama de presidenciable. Sin embargo, en la víspera decidió subrayar su condición de líder capitalino y aparcar cualquier proyecto nacional. Usará su carta más ganadora, el enorme carisma de Gabriela Michetti, para aumentar el número de legisladores porteños, que ciertamente los necesita. La mayoría de los proyectos del macrismo deben ser negociados en la Legislatura con otros bloques, sobre todo con el de la Coalición Cívica.

Es cierto que Macri no quería desdoblar las elecciones. Esa propuesta correspondía a la mayoría de su equipo y a la propia Michetti, que sólo acepta ser candidata local para no burlar del todo al electorado que le dio un mandato por cuatro años hace sólo dos. No obstante, todo líder cuenta con un instante único en el que la decisión le corresponde a él solo. En esa decisión ya no entra sólo la aritmética parlamentaria, sino también el estado de ánimo social, el olvidado bien común y, en última instancia, la existencia o no de un proyecto político nacional.

El partido de Macri no ha podido aún diferenciarse del excesivo personalismo que sufre la política argentina.

En verdad, Pro tiene sólo dos figuras atractivas para la opinión pública: Macri y Michetti. Impedido Macri de ser candidato en esta ronda, él mismo quedó rehén de las condiciones que puso Michetti. Para ser claros: el partido de Macri sólo tiene a Michetti para enfrentar las elecciones de este año. La escasez de figuras populares de un partido es también una responsabilidad de sus líderes.

A pesar de todo, es probable que el propio Macri haya coincidido, al final, en la necesidad electoral de adelantar los comicios locales. Su olfato le está indicando, desde hace rato, que la crisis económica nacional se desplomará sobre la Capital más rápido que los muchos meses que aún restan hasta octubre. Prefirió, en definitiva, embolsar la mayor cantidad de votos para asegurar la gobernabilidad antes de que el conflicto nacional empiece a desplumar de simpatías a todos los gobernantes. "La crisis puede cambiar todo en muy poco tiempo", ha dicho Macri en las últimas horas. Esa percepción fue la que, tal vez, más influyó en la decisión de ayer.

Corre un riesgo. Si se concretara la primera candidatura a diputado nacional de Marcos Peña, un hombre joven y módicamente conocido, Macri dejaría su cabeza en manos de Elisa Carrió. Si, a su vez, la líder de la Coalición Cívica decidiera encabezar ella sus listas en octubre en la Capital, nadie puede descartar una derrota del macrismo en las elecciones nacionales. Macri no ha prescindido, con todo, de alternativas como recurrir otra vez a Carlos Melconian o encaramar en ese lugar a Esteban Bullrich.

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Desde ya, las elecciones en la Capital se resolverán entre los seguidores de Macri y los de Carrió. Ellos polarizarán la contienda en junio y en octubre. El kirchnerismo fracasó siempre en la Capital (como fracasó el peronismo en casi toda su historia), pero esta vez el oficialismo ya no tiene siquiera voluntarios presentables para competir en el distrito federal. El propio jefe del peronismo capitalino, el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández, adelantó hace muchos meses que él se apartaría de cualquier injerencia en las elecciones de este año.

La decisión de Macri debió caer mal entre sus aliados Felipe Solá y Francisco de Narváez, aunque éstos optaron ayer por el silencio o por las palabras formales. Los dos bonaerenses esperaban contar en octubre con la sinergia de la candidatura de Michetti a diputada nacional en la Capital. Michetti no será candidata en octubre. "La sinergia es ideal en momentos ideales, pero éste no es el caso", ironizaban ayer cerca de Macri.

Lo cierto es que Michetti adelantó que no se sentiría cómoda en ese papel de virtual candidata nacional cuando aún no ha transcurrido la mitad de tiempo asignado a su actual mandato local. "Gabriela no toleraría un solo acto en el conurbano. ¿Para qué pedirle un rol que no quiere cumplir?", señalaban quienes la conocen.

El proyecto de Macri, Solá y De Narváez es más débil desde ayer. Eso no fortalece a Kirchner, pero la oposición necesita encontrar los reflejos que perdió el propio gobierno. Demasiadas especulaciones parecen dar vueltas, lejos de las turbaciones sociales. Nadie puede extrañarse, entonces, de que Susana y Tinelli se hayan hecho cargo de algunos trastornos de los comunes argentinos que andan a pie.

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