Temen una ola proteccionista mundial.

Temen una ola proteccionista mundial.
Para atenuar el impacto de la recesión, los Estados desempolvan un arsenal de disposiciones que podrían paralizar el intercambio.
"Si se da dinero a las compañías automotrices para que se reestructuren, no es para saber luego que una planta se fue a instalar a la República Checa". Con esa frase pronunciada el jueves pasado por televisión en horario de mayor audiencia, el presidente francés Nicolas Sarkozy desató la ira de sus socios europeos y demostró hasta qué punto, en épocas de crisis, es difícil resistir a la tentación del proteccionismo.

De inmediato, el actual presidente pro témpore de la UE y premier checo, Mirek Topolanek, manifestó su malestar y dijo que la libertad de las compañías europeas de elegir el lugar donde quieren emplazar sus fábricas supone "uno de los principios del mercado único" europeo.

Ese episodio sirvió para demostrar que la crisis económica mundial parece haber ingresado en una nueva fase, particularmente inquietante, debido a la vertiginosa escalada mundial de medidas proteccionistas para amortiguar el impacto de la recesión.

Las decisiones destinadas a proteger la economía va desde la limitación de exportaciones de productos estratégicos, a fin de blindar las industrias nacionales, hasta las minidevaluaciones competitivas que practican Gran Bretaña, Rusia y China con la esperanza de favorecer sus exportaciones. Esa tendencia había quedado en evidencia hace una semana cuando el Congreso norteamericano intentó incluir la cláusula "compre estadounidense" en el proyecto de estímulo económico que comenzó a estudiar el lunes pasado, a fin de favorecer la industria del acero y el hierro.

La propuesta, que provocó de inmediato quejas y hasta amenazas de represalias de la UE, Japón, Canadá o China, fue suavizada al final. Pero esa cláusula puede ser considerada el símbolo de la nueva tendencia planetaria hacia el proteccionismo.

Frente a la recesión, la tentación del "sálvese quien pueda" es cada vez más fuerte. Todos los medios son válidos y cada país aplica su receta: aumento de los derechos de importación de automóviles en Rusia o del acero en India; medidas de restricción de las importaciones sobre unos 500 productos en Indonesia; huelgas contra la contratación de mano de obra extranjera en Gran Bretaña y España; recomendaciones de comprar autopartes nacionales en Francia o la prohibición de la importación de juguetes chinos en India con la excusa de que podrían afectar la salud pública mientras la industria local agoniza.

"Un auténtico perfume proteccionista flota en el aire", dijo Binit Patel, economista de Goldman Sachs.

Sin embargo, el 15 de noviembre pasado, en Washington los líderes de las 20 economías principales del mundo (G-20) se habían comprometido a abstenerse, durante un año, "de crear nuevas barreras a las inversiones o al comercio de bienes y servicios".

En ese momento, todos evocaron los efectos devastadores de esa tentadora estrategia, que desencadenó una calamitosa ola proteccionista durante la crisis de 1929. Al año siguiente, el Congreso estadounidense votó aumentos de los derechos aduaneros de 70 productos agrícolas y 900 productos manufacturados que iban hasta el 52%.

La respuesta fue inmediata. Los socios comerciales de Estados Unidos, desde Europa hasta América latina, cerraron sus mercados. Entre 1929 y 1934, el volumen del comercio mundial se redujo en 66%.

Es verdad que la Organización Mundial del Comercio (OMC) no impide aumentar las tarifas hasta el máximo autorizado. Cantidad de países emergentes tienen aún cierto margen y lo usan en este momento.

Distorsiones sutiles

Para no ser acusados de decir una cosa y hacer otra, los gobiernos parecen recurrir a las formas más sutiles de distorsión de la competencia.

La mayoría de los planes de reactivación de la economía prevén ayudas a diferentes sectores industriales, el automotor sobre todo. Pero esas ayudas podrían ir mucho más lejos que una única operación de salvataje.

Una de las distorsiones más graves reside en las devaluaciones. Muchas divisas flotan, pero su valor refleja la política del banco central o de sus intervenciones en el mercado. Otras, como el yuan chino, se mueven según la decisión de las autoridades.

"El efecto de fluctuación de las grandes monedas es muy superior a todas las medidas imaginadas por los peores proteccionistas", dijo Pierre-Noel Giraud, profesor de economía en la Ecole des mines ParisTech. El problema es que, en este caso, la reglamentación no existe: "La OMC [...] es impotente contra el proteccionismo monetario", explicó Antoine Brunet, profesor de la Universidad París-Dauphine. Y desde 1971, el FMI tampoco tiene derecho de opinar al respecto.

El nivel de la moneda china, calibrada para sostener la exportación, se ha transformado en una pesadilla para EE.UU., aunque Rusia y Gran Bretaña también fueron acusados de devaluar un poco sus monedas para favorecer las ventas externas.

Muchos economistas consideran, sin embargo, que la forma más perniciosa de nacionalismo económico es que los gobiernos fijen reglas a bancos rescatados de la quiebra. Así, los bancos se alejarán de sus actividades de mercado "para actuar según los intereses de los gobiernos", advirtió Nicolas Veron, del think tank Bruegel, de Bruselas.

Comentá la nota