Temen que el Gobierno manipule el Banco Central

Economistas, legisladores y técnicos de la entidad creen que puede convertirse en un nuevo Indec

El cambio en la presidencia del Banco Central avivó ayer el temor de economistas, funcionarios del organismo y legisladores de la oposición sobre la posibilidad de que el Gobierno manipule los datos de la entidad, como ocurre con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Un informe que comenzó a circular entre profesores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y técnicos del BCRA advirtió que "es imperioso que vuelva a haber una gestión profesional de la política económica y evitar que se repita con el Banco Central lo sucedido con el Indec, preservando a toda costa la autonomía de la institución, una de las pocas organizaciones del Estado que respetan todavía cierta meritocracia y atesoran una razonable expertise profesional".

Según el informe, la manipulación de las estadísticas oficiales desde 2006 ?sumada al desplazamiento de funcionarios de perfil técnico en el Ministerio de Economía ese año y en otros organismos oficiales después? lleva a considerar que "la grave crisis institucional puede y debe ser superada a través del acatamiento a las normas republicanas que constituyen el régimen democrático de gobierno". En ese sentido, el economista Juan José Llach dijo que "en un país con tradición inflacionaria, no es una buena situación" que se dude sobre la credibilidad del Central.

Su colega Aldo Abram expresó que tal vez la sociedad se entere de la manipulación "cuando empiecen a echar gente, como pasó con el Indec". Fuentes de la entidad admitieron también su temor por "una caza de brujas" que afecte a funcionarios designados por Martín Redrado.

La duda no reside tanto en la figura del vicepresidente a cargo de la presidencia, Miguel Pesce, sino en la "influencia" del poder político y de algunos directores duramente enfrentados con Redrado.

En el arco político, el presidente del bloque radical de diputados, Oscar Aguad, se sumó a esta preocupación al indicar que "si los Kirchner avanzaran sobre el BCRA como lo hicieron con el Indec, los perjudicados, además del resto de los argentinos, serían ellos mismos". Según Aguad, el plan económico de los Kirchner es inconsistente y una de las consecuencias que tuvo la tergiversación de las cifras del Indec fue la fuga de capitales y la reducción de las inversiones".

En tanto, Gustavo Ferrari (Peronismo Federal) señaló que "hay un riesgo importante" de que el BCRA se mimetice con el Indec intervenido por orden de los Kirchner.

"No me extrañaría que intentaran hacer cualquier cosa. Y creo que tienen algún plafond para hacerlo, porque Pesce es Kirchner y porque el oficialismo tiene mayoría en el directorio", detalló.

La intención del Gobierno, al parecer, es que Pesce complete el mandato de Redrado hasta septiembre y mientras tanto seguir convenciendo al economista Mario Blejer, quien ya presidió el BCRA en 2002, para que vuelva a esa silla caliente con el acuerdo del Congreso.

De hecho, en esos términos conversaron días atrás Blejer y el ministro de Economía, Amado Boudou, cuando se complicó políticamente el reemplazo definitivo de Redrado para el corto plazo.

Por su parte, Jorge Triaca, diputado de Pro, opinó que "lo que demostró el kirchnerismo es que tiene capacidad de destruir instituciones, como hizo con el Indec". Triaca dijo que la discusión no debe girar en torno de "la continuidad o no de Redrado, sino de la cuestión de fondo, que es cómo resolver el problema fiscal que el Gobierno creó".

Pero Jorge Landau, diputado del Frente para la Victoria, aclaró que "hasta el momento nadie había osado hablar mal del funcionamiento del banco ni del directorio".

"Hay un directorio que no se ha modificado y que vino acompañando al presidente del banco durante toda la gestión", sentenció.

En ese sentido, el economista Roberto Frenkel, fuerte crítico de la intervención y de la manipulación de las estadísticas, dijo que la situación del Central "es completamente diferente de la del Indec" y opinó que la "información que maneja la autoridad monetaria no es manipulable". De todos modos, opinó que en el Central "hay una situación caótica que debe ser definida".

Amenaza de fugas

Tanto Frenkel como importantes técnicos del BCRA consideran que, luego de la fuga de capitales de más de US$ 40.000 millones desde 2007, el Gobierno no puede darse el lujo de que se pierda la confianza en torno de la entidad, aunque ahora sople un viento de cola.

Pero para economistas importantes del kirchnerismo la línea de razonamiento es otra: "El Banco Central es la única institución de política económica que quedaba sin tocar desde los 90 y eso tenía que cambiar", dijo un importante funcionario.

Al respecto, el economista del justicialismo Eduardo Curia planteó que "el tema del Banco Central tiene una relevancia menor, frente a la falta de claridad sobre la sustentabilidad macroeconómica".

"También es importante lo que suceda con el Fondo del Bicentenario, que está frenado, y si hay fórmulas de fondos alternativos", dijo Curia.

Parte del Gobierno asumió que el Fondo del Bicentenario no podrá resucitar luego del parate judicial y que habrá que pagar parte de la deuda con reservas (a los organismos multilaterales) y el resto con las utilidades del BCRA, por otros 24.000 millones de pesos.

"Nadie lo va a decir nunca con todas las letras, pero esto ya está terminado y se trata de ver qué alternativa elegante se encuentra", confesó una fuente kirchnerista.

En cambio, otros (entre ellos Boudou) creen que hay que seguir dando la batalla y que al Congreso no le será fácil rever el controvertido DNU que dio origen a este fondo.

La creencia se basa en el lazo que existe entre el Fondo del Bicentenario y el canje, aunque el ministro haya afirmado lo contrario.

De hecho, los Kirchner y Boudou han reiterado que el dinero de las reservas del BCRA permitirá bajar la tasa de interés y eso facilitaría el intercambio con los bonistas que siguen en default.

De lo contrario, el Gobierno debería pagar una tasa cercana al 14% por el "dinero fresco" que estaba previsto incluir en el canje como una "zanahoria" para convencer de la oferta al poder político.

Ahora, fuentes del mercado deslizaron la posibilidad de que no se mantenga esta exigencia a los grandes inversores, a cambio de que tampoco se les reconozcan los intereses caídos desde 2005.

Aun así, el canje sigue siendo una opción apetecible para los bonistas, pero su viabilidad se complica con los vaivenes políticos internos. Y si no se realiza, habrá que temer por las alternativas, según las fuentes.

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