Temen un estallido social en Europa.

Temen un estallido social en Europa.
La economía de la eurozona caerá un 1,9% y el 9,3% de su población no tendrá trabajo; crece la agitación y se debilitan los gobiernos.
El fantasma de una explosión social, capaz de extenderse como un reguero de pólvora de Escandinavia hasta el Mediterráneo, se cierne sobre la mayoría de los países europeos, azotados por la recesión, el desempleo y el creciente endeudamiento de los Estados.

De Islandia a Francia, pasando por Grecia, España, Gran Bretaña o Bulgaria, la crisis económica que se abate sobre el Viejo Continente alimenta una ola de cólera popular y empieza a fragilizar a los gobiernos.

"Si bien la crisis comenzó en Estados Unidos, Europa está pagando el precio más alto", afirma el economista francés Nicolas Baverez.

En el continente, la eurozona es la más afectada: -1,9% de crecimiento en 2009; 9,3% de desempleo para este año y 10,5% en 2010; déficit públicos que superan el 4% del Producto Bruto Interno (PBI) y una deuda que representará el 76% del PBI en 2010.

En esas condiciones, es legítimo imaginar lo peor.

El derrumbe de la coalición gubernamental islandesa el lunes pasado fue una advertencia de lo que podría suceder en el resto del continente. Después de tres meses de crisis, una brusca explosión de violencia en el centro de Reykjavik alcanzó para que el primer ministro Geir Haarde -desestabilizado por los furiosos cacerolazos de la multitud- anunciara su retiro de la vida pública, prometiera elecciones anticipadas y aceptara la renuncia de su ministro de Comercio.

Si el gobierno islandés es el primero que cae en Europa empujado por la presión de la calle, no se debe al azar. Es probable que en ningún otro país del Viejo Continente la frivolidad de la clase política y las autoridades monetarias haya conducido a semejante desastre: quiebra del sistema bancario, derrumbe de la moneda, aumento vertiginoso de las tasas de interés y parálisis casi total de la economía. Este año, Islandia perderá 10% de su riqueza nacional.

Pero el deterioro del clima económico también atiza la cólera en otros países. En todos los casos, las protestas tienen un marcado contenido antiglobalización, anticapitalismo y antirreformas. El 13 de enero pasado estallaron disturbios en Letonia en protesta por un duro plan de austeridad exigido por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y provocaron 40 heridos y 106 detenidos.

Al día siguiente, la capital de Bulgaria, Sofía, también fue estremecida por violentos incidentes: los manifestantes protestaban contra la corrupción de sus dirigentes.

Dos días después, miles de lituanos enfurecidos por el plan de austeridad anunciado por el gobierno cercaron la sede del Parlamento en Vilna.

Las erupciones de la ira social también comenzaron a llegar a orillas del Mediterráneo: decenas de miles de españoles desfilaron la semana pasada en Zaragoza para exigir al gobierno del presidente José Luis Rodríguez Zapatero medidas urgentes contra el imparable aumento del desempleo. "Si no hay solución: ¡huelga, huelga, huelga!", coreaban los manifestantes.

En el país con mayor desocupación de Europa, el empleo ha superado al terrorismo como principal inquietud del electorado. Según previsiones oficiales, el desempleo en España podría llegar este año al 16%, cifra que representará un ejército de 4 millones de desocupados.

Desde septiembre de 2008, en Europa hubo cerca de 200.000 empleos destruidos.

Después de los disturbios estudiantiles de diciembre en Grecia, el gobierno conservador de Costas Karamanlis tiene que enfrentar ahora la ira de miles de campesinos que protestan contra la caída de los precios agrícolas. A eso se sumaron huelgas en el transporte público y en los aeropuertos.

Hasta esta semana, las economías más sólidas del continente -Francia, Gran Bretaña y Alemania- parecían estar a salvo de la agitación. En cuanto comenzó la crisis, los tres gobiernos adoptaron rápidamente importantes medidas de estímulo con objeto de proteger el empleo y el sistema bancario.

Sin embargo, en la situación actual de recesión, tanto en Francia como en Alemania será cada vez más difícil para los gobiernos aplicar las reformas anunciadas.

Los 2,5 millones de manifestantes que invadieron las calles de Francia el jueves para protestar contra la política anticrisis del presidente Nicolas Sarkozy fueron la mejor prueba.

"Lo que más inquieta es que la crisis económica derive en una crisis social. Y, teniendo en cuenta el autismo del gobierno, provoque rápidamente una crisis política", advirtió Benoît Hamon, vocero del Partido Socialista francés (PS).

Brotes xenófobos

En ese contexto de miedo al desempleo, comienzan a surgir brotes proteccionistas y xenófobos. En España, los emigrantes árabes y latinoamericanos fueron las primeras víctimas de la desocupación. En Gran Bretaña, centenares de obreros de refinerías se declararon en huelga esta semana para protestar contra la contratación de trabajadores extranjeros.

Para agravar esas lúgubres perspectivas, un nuevo fantasma ha comenzado a planear sobre la región en las últimas semanas: el riesgo creciente de que, empujados por una insostenible situación financiera, alguno de los 16 países de la eurozona tenga que abandonar la divisa europea.

Desde que entró en circulación, hace 10 años, la moneda única europea permitió reducir la distancia entre naciones ricas y pobres del continente. Pero esa bonanza de los buenos tiempos impidió que países como España, Grecia o Portugal hicieran las necesarias correcciones estructurales que ahora, ante la crisis, saltan a la vista.

En plena tormenta, la multiplicación de Estados superendeudados, poco competitivos y con ejércitos de desocupados, puede provocar el "estallido del euro" y abrir un inesperado foco de tensión, capaz de desembocar en un verdadero crac.

Un republicano para un puesto clave

* WASHINGTON (AP).- El senador republicano Judd Gregg, de New Hampshire, es el principal candidato a asumir como secretario de Comercio de Estados Unidos, dijo ayer una fuente oficial del gobierno norteamericano. El nombramiento de Gregg sería una victoria para el presidente Barack Obama y el Partido Demócrata, ya que allanaría el camino para aprobar leyes sin temor a maniobras obstruccionistas republicanas. También le daría al gobierno un funcionario respetado por la comunidad empresarial, autor del paquete de rescate financiero de 700.000 millones de dólares durante el gobierno de George W. Bush.

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