¿A qué le teme Giustozzi?.

¿A qué le teme Giustozzi?.
BROWN: Si bien llegó al municipio con la imagen de un hombre progresista y de convicciones democráticas, el intendente Darío Giustozzi comenzó a demostrar en las últimas semanas que no es, como pretende, la contracara de los viejos caudillos del conurbano. La persecución política y la discriminación guían su respuesta a la irrupción de una nueva fuerza política: mientras una decena de partidos y dirigentes -incluido el propio Giustozzi- ocupan el espacio público, militantes oficialistas y empleados municipales son puestos a perseguir, tapar y remover exclusivamente los carteles de Convocatoria Brown, mientras la policía es presionada para detener a sus militantes.
Su firme identificación con el kirchnerismo, el respaldo que tiene de la mayoría de las organizaciones piqueteras, y hasta su aparición junto a Hugo Chávez cuando acompañó a Cristina Kirchner en su recorrida por Almirante Brown, definen al intendente Darío Giustozzi como un político progresista, de centro izquierda.

Incluso su aparición sobre el escenario para homenajear a Mercedes Sosa durante un recital organizado por un centro de compras y el costosísimo espectáculo de Maximiliano Guerra -que también aprovechó desde las tablas- apuntan a reforzar su imagen de hombre común, amplio, respetuoso de las disidencias, casi un socialdemócrata, perfil que tan bien impacta sobre los sectores medios de la Argentina.

Muestra así una trabajada contra cara del autoritarismo y la intolerancia que se le atribuía a los viejos caciques del conurbano, conservadores y asociados a la centro derecha.

Sin embargo, una vez más, con el paso del tiempo la práctica cotidiana toma distancia de las puestas en escena.

Hace seis meses el oficialismo en Brown, a través de grupos políticos y empleados municipales, desató una verdadera persecución contra las pintadas de una nueva fuerza política.

Como el intendente de Cosquín, Marcelo Villanueva, que prohibió el espectáculo de Antonio Tarragó Ross cuando pretendió subir al escenario al menos famoso de los hermanos De Angeli, Darío Giustozzi pretende censurar, prohibir la publicidad política de un grupo al que, por lo visto, le teme.

Las fotos que acompañan esta nota, tomadas todas entre las 8 y las 14 de ayer, jueves 29 de enero de 2009, dejan al descubierto el modus operandi de Giustozzi. El jefe comunal permite la publicidad política en su distrito de algunas fuerzas, pero prohíbe sin más la de otras, aunque sin la sinceridad de los verdaderos autoritarismos, que proscriben por ley a un partido político, como lo hicieron las fuerzas armadas con el peronismo durante buena parte del siglo XX, sino que lo hace de hecho.

Así, carteles y pintadas del propio Giustozzi, del Movimiento Libres del Sur, del candidato a diputado Julio Ledesma, de la UCR, de Daniel Scioli o de Osvaldo Mércuri, por citar algunos ejemplos, perduran en paredones y postes de la ciudad, sin sufrir el atentado de las cuadrillas municipales que supuestamente limpian el distrito, pero que en realidad operan como verdadera policía política que regentea quién puede aparecer.

En cambio, la publicidad de Convocatoria Brown –según denuncian sus miembros y se advierte en la calle- es sistemáticamente tapada, sus militantes presionados o detenida por algunas horas bajo cualquier excusa, y sus carteles removidos. ¿Por qué? ¿A qué le teme Giustozzi como para poner en juego su trabajada fachada de amplitud y tolerancia? ¿Supone que puede perder el poder y eso lo pone nervioso?

En cualquier caso, la discusión aquí no es entre prácticas progresistas o conservadoras. Persecución y discriminación son valores que no pueden convivir con el ejercicio democrático sino que están atados a prácticas autoritarias, sea cual fuere la formación ideológica de quien ejerce el poder.

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