El tema tabú.

Por: Maximiliano Montenegro.

Economistas afines con el kirchnerismo dicen que hay atraso cambiario. El Gobierno optó por la política de devaluación gradual. Dependerá de las reservas que deba vender el Banco Central si esa política continúa. El gran interrogante es qué pasará después de las elecciones. Los números de las reservas y el costo de aguantar el tipo de cambio.

Días atrás Aldo Ferrer, uno de los economistas que más defendió la política económica de los últimos años, señaló: "En los países en desarrollo, la sobrevaluación del tipo de cambio es el peor de los errores posibles de la política económica. El resultado es que las importaciones sustituyen producción nacional, se cierran espacios de rentabilidad y oportunidades de inversión en sectores distintos de los primarios y se frustra la formación de una estructura económica diversificada, que es esencial para generar procesos amplios de acumulación de capital y tecnología. Además, genera vulnerabilidad externa porque induce el desequilibrio en los pagos internacionales. La sobrevaluación del tipo de cambio es un problema recurrente en la historia económica argentina. Vuelve a plantearse nuevamente en la actualidad…"

Roberto Frenkel, otro de los economistas a quien nadie puede asociar con el neoliberalismo de los noventa, escribió: "…Hay buenas razones para esperar un aumento importante del tipo de cambio. El tipo de cambio real multilateral se apreció un 20% desde comienzos de 2007, de modo que recibimos el impacto de la crisis internacional con el tipo de cambio real más bajo alcanzado desde que cayó la convertibilidad, justo al revés de lo que había que hacer. Además, la situación fiscal no es holgada y tampoco la disponibilidad de moneda internacional para los compromisos financieros. Un aumento del tipo de cambio real contribuiría a aliviar esas restricciones. También contribuiría a incrementar la protección del empleo y de las industrias que compiten con importaciones y a mejorar la situación del sector agropecuario y suavizar el conflicto. ¡Dígame el lector si no hay buenas razones para esperar un aumento del tipo de cambio!"

Salvo el presidente del Banco Central, Martín Redrado, quien proviene de "otra escuela", tanto Ferrer como Frenkel son referentes académicos de buena parte de los economistas del kirchnerismo.

Durante la última semana, el titular del Banco Central buscó enviar mensajes de fortaleza de las reservas para mantener la política de "dólar administrado". El lunes, gracias a una exitosa gestión de Redrado, se anunció un acuerdo de swap con el Banco Central chino, el cual pondría a disposición de la Argentina el equivalente a unos u$s 10.000 millones en yuanes que, de ser necesario, podrían ser canjeados por dólares por bancos internacionales. En cualquier otro país dicha señal hubiera tranquilizado las aguas por un buen tiempo. Pero en un país con la historia de Argentina (con blindajes y megapréstamos del FMI que sólo sirvieron para financiar la fuga de capitales), la noticia no compró ni un día de sosiego. El martes el Central vendió u$s 180 millones y el miércoles casi u$s 200 millones, niveles récord en el mes. Recién el viernes, tras el feriado, las ventas se redujeron a u$s 35 millones y se logró pinchar un par de centavos la cotización con insistentes llamados a los exportadores para que liquidaran divisas.

¿HAY ATRASO? La definición del tipo de cambio real de equilibrio es opinable, como muchas otras en economía. No existe algo así como un dictamen del atraso cambiario. Sobre todo cuando la situación no reviste la gravedad de la sobrevaluación del peso de los tiempos de la convertibilidad.

En el Central admiten que en los últimos dos años, el tipo de cambio multilateral (medido contra una canasta de monedas de los socios comerciales) se apreció. Pero dicen que, en todo caso, durante este lapso sólo adelgazó el "colchón de competitividad" que infló la megadevaluación de 2002: respecto de los noventa, el tipo de cambio multilateral es todavía –en promedio– un 50% más alto.

Otros economistas sostienen que comparar contra el brutal atraso cambiario de la convertibilidad (que redundó en tasas récord de desocupación y en una recesión de cuatro años) es consuelo de tontos. Y efectúan la siguiente cuenta. El actual tipo de cambio bilateral nominal con Brasil es hoy similar al del segundo trimestre de 2007. Pero desde entonces la Argentina tuvo 25/30 puntos más de inflación, encareciendo en dólares la producción local vis a vis el mayor socio comercial.

Sin embargo, la discusión de si el actual es un tipo de cambio real de equilibrio pareciera una cuestión semántica a la luz de la realidad: en el último año, la fuga de capitales ascendió a u$s 23.000 millones.

Además de los dólares que salieron del circuito económico (al colchón o al exterior), entre enero de 2007 y marzo de 2009, los depósitos en dólares en el sistema financiero pasaron a 12,5% al 18,3% del total.

Si hace más de un año que avanza una dolarización permanente del ahorro, ¿cuál es el sentido de discutir el nivel del tipo de cambio de equilibrio? El año pasado la fuga se financió con exportaciones a precios récord, pero ¿con las exportaciones en baja, alcanzan los dólares para abastecer la demanda futura, incluidos los pagos de la deuda?

"Mirá a Brasil, la corrida contra el peso, la guerra proteccionista que se largó en el mundo y preguntá si conviene enfrentar la crisis internacional caros o baratos en dólares", desafía un economista cercano al kirchnerismo. "Hoy entramos baratos en dólares, basta ver la clase media que va a Miami a comprar a la mitad de precio que en la Argentina o la comparación de los precios locales con los productos brasileños o chilenos, en industrias intensivas en mano de obra como textil o calzado", sentencia. Brasil, Chile, Colombia y México dejaron que el dólar pegara un salto en el último año como respuesta a la crisis internacional.

ESTRATEGIAS. Ante un escenario de tensiones en el mercado cambiario, existen tres alternativas: vender reservas para defender la paridad; devaluar para cuidar las reservas; y/o desalentar la demanda de dólares. Hasta ahora, el Banco Central optó por una combinación de las tres. Entrega todos los dólares que piden los compradores minoristas, para evitar el pánico en el escenario preelectoral. Dejó en los últimos tres meses que el dólar ascendiera a buen ritmo (7,4% desde enero, una devaluación considerable frente al 12% que pagan los plazos fijos en pesos). Mientras reprime la demanda mayorista de dólares a través de "llamados informales" a bancos y empresas, lo cual tiene un costo en términos del nivel de actividad: hay empresas que frenaron importaciones porque no se les autorizó la compra de dólares para pagarlas.

Algunos funcionarios critican la política de vender reservas baratas a los sectores de clase media acomodada cuando era evidente que el dólar debía subir. Desde septiembre del año pasado recomendaban un overshooting: dejar que el dólar se disparara de una vez, acompañando el aumento en toda la región, para luego estabilizarlo alrededor de 4 pesos. Pero, ante el fantasma de una corrida de depósitos, ¿quién puede decir que Redrado se equivoca al soltar gradualmente reservas, cuando en la historia argentina nunca hubo devaluaciones ordenadas?

A diferencia de otros países, devaluar en la Argentina es un problema histórico, que pone el riesgo el respaldo popular de cualquier gobierno democrático.

¿CUÁLES RESERVAS? El Banco Central informa reservas por un total de u$s 46.332 millones. Sin embargo, varios consultores empiezan a mirar con lupa los balances de la entidad. Dicen que ésas son las reservas brutas y que ante un escenario de tensiones cambiarias lo que importa son las reservas netas. A esa cuenta habría que restar unos u$s 5.800 millones en cuenta corriente en dólares de los bancos ante el Central: es el dinero que los bancos están obligados a retener para respaldar los depósitos en dólares, que –como se dijo más arriba– vienen creciendo en los últimos dos años. También habría que sustraer las "líneas de créditos con organismos internacionales" que suman hoy unos u$s 4.200 millones. Ambos rubros crecieron en el último año para compensar la baja de las reservas netas, que hoy rondarían los u$s 36.500 millones.

Como explica Eduardo Curia, "la estrategia de endeudamiento externo con organismos internacionales se viene haciendo sigilosamente, lo que permite mostrar reservas constantes aunque se utilice un pedazo de ellas para contener el dólar".

El 7 de abril de 2008, cuando los precios de la soja volaban y el tipo de cambio era de 3,16 pesos, se llegó al máximo de reservas brutas: 50.473 millones. En esa fecha, las reservas netas eran de 43.575 millones. Unos u$s 7.000 millones más que las actuales. Esta es la estimación más conservadora del costo de aguantar las presiones en el mercado cambiario. Este mes, el Banco Central debe publicar un balance detallado. Entonces se sabrá si en realidad las reservas netas son todavía menores, disimuladas por mayores préstamos de organismos internacionales.

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