"Teléfono, José"

Alperovich supo hacerse cargo de todos los conflictos. Hoy, estallan problemas en la Cámara y en los hospitales y no pasa nada. Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.
"No voy a atender el teléfono". Se comporta como un chico encaprichado. Cada vez que el celular empieza a mostrar la leyenda "Pirincho", se pone rojo y le brota alguna rabieta. Domingo Amaya sabe que si lo llama el ministro de Gobierno o alguien en su nombre ya es tarde o faltan muy pocos minutos para el acto.

El intendente de la Capital es también vicepresidente del Partido Justicialista, pero nadie lo sabe y, tal vez, no importe. En los papeles figura como presidenta Beatriz Alperovich, pero en los hechos quien timonea el barco es Edmundo Jiménez. No es un improvisado para conducir. Nadie puede olvidar que para que hoy se mueva como pez en el agua, "Pirincho" hace varias décadas fue polizón justicialista.

Casi como una diversión, cada vez que el PJ organiza un acto o lo convoca alguna cuestión formal se olvidan del vicepresidente. Cuando se acuerdan, faltan minutos para el comienzo del encuentro y, obviamente, el intendente de capital está ausente. Amaya se hartó y le pedirá el libro de quejas a José Alperovich. Tal vez sea tarde; el gobernador parece más entusiasmado con el proyecto "Gerónimo Vargas Aignasse intendente" que con "Amaya vice" o "Colorado reelección".

En el caso de que no haya re-reelección, en la Casa de Gobierno siguen creyendo que José se jugará por la "La senadora que él catapultó" o por el "el vice que él inventó". Beatriz Alperovich o Juan Manzur son los nombres subrayados en la lista, dos años antes de una decisión trascendental.

Por las dudas, el capitán Amaya y su grumete Germán Alfaro no descuidan ningún frente. Mientras cuidan los buenos modales con el gobernador, siguen intercambiando señales de humo con algunos opositores. Para no ser menos que los alperovichistas, no tienen un José sino dos. El celular siempre está habilitado para atender a los radicales José Cano o José Hugo Saab. Algunas fidelidades en momentos difíciles siempre traen recompensas, advierten de uno y de otro lado.

Amaya y Alfaro no pueden conformarse con una buena relación con los radicales. Más interés tienen en una jubilación. No, en la propia que -por ahora- está lejos, sino en la del magistrado federal Gabriel Casas. La posibilidad de que este deje la Justicia Federal y regrese a las lides políticas (Olijela Rivas le puso la toga) que lo vieron nacer. El binomio de la Capital tendrá que estudiar si, con el tiempo, Casas se convierte en aliado o en un contendiente más.

Demasiado temprano han estallado las internas. No sólo la Corte Suprema de Justicia es sacudida por los vientos de las ambiciones.

Duelo, celos y rebuznos

En la Casa de Gobierno, Jiménez, el otro, ha recibido algunos estiletazos. Jorge Jiménez no puede hacerse el "burro" como esta semana hizo el gobernador cuando se habló de ajustes a los intendentes. Ha sacado el bisturí y está dispuesto a meterle hasta el tuétano a los municipios del interior.

Cuando el ministro del Interior y diputado electo e indeciso, Osvaldo Jaldo, se enteró de los recortes, puso el grito en el cielo. El tranqueño siente que costó -plata y tiempo- poner en caja a los caudillos del interior y piensa que no tiene sentido darles motivo para que vuelvan a ser los indisciplinados de siempre. "El interior no puede ser la variable de ajuste", cuentan que lo oyeron decir al ministro que nunca deja de soñar con llegar a ser gobernador. Jiménez, en tanto, tiene que lograr que las cuentas cierren y, tal cual lo anunció el gobernador, faltan 60 millones para que Tucumán no vuelva a ser la bochornosa provincia del descontrol. Este duelo ya comenzó a verse en la Casa de Gobierno. Para evitar nuevas esgrimas hay una solución: "Teléfono, José".

Los silencios, las dudas y los múltiples lugares ocupados han ido engrandeciendo el perfil bajo que esculpió Jaldo. Junto a Sergio Mansilla -el vilipendiado vice interino criticado por su nepotismo al designar a su hija en su despacho-, generan envidias por su cercanía a Alperovich. El gobernador los escucha con mucha atención y eso despierta celos y rebuznos en el gabinete, especialmente entre los dos Jiménez.

Iguales, pero distintos

En la Legislatura el problema no pasa por los celulares. No importa si suenan, si chillan minutos antes u horas después. Tampoco interesa si los atienden. La preocupación pasa por la plata. Cuentan que en una reunión reciente de los peronistas, Oscar Godoy se habría quejado amargamente de que existan legisladores VIP que reciben buenos emolumentos por el rubro de gastos sociales. En un largo listado de los favorecidos estarían Roque Alvarez, Mansilla, Regino Amado, Beatriz Avila, Armando Cortalezzi, Roque Alvarez y José Cúneo Vergés. El reclamo de Godoy y sus amigos sería que por lo menos les den unos 10.000 pesos más a los que no figuran entre los VIP a los que suelen llamar "El grupo de los 100", cuando no los escuchan, obviamente.

No sólo los médicos piden aumentos en Tucumán. También algunos legisladores que creen que la única solución es: "Teléfono, José". Por ahora no pueden marcar porque Roque Alvarez, como presidente del bloque, trata de interferir las líneas para que no lleguen más problemas a la Casa de Gobierno. De todos modos, es posible que si los legisladores "discriminados" llegan hasta el gobernador la respuesta sea: "chocolate por la noticia".

Las discusiones sobre VIP y "discriminados" no parece hacer mella en los dirigentes de la oposición. Los problemas estallaron en el bloque peronista, pero ni Fuerza Republicana, ni Esteban Jerez, ni José Cano, parecieran afectarse por el siempre conflictivo sistema remunerativo de la Legislatura. Por lo general, la discusión pública no pasa por el cuánto -que muchas veces puede ser merecido según si trabajan o no- sino por el cómo y por la falta de transparencia. Es que el laberinto en los que se pierden estas verdades terminan escondiendo la credibilidad de la política, el valor del trabajo y hasta las jubilaciones.

Distraído o desorientado

"Teléfono, José". No parece con ganas de atenderlo. Todas las llamadas traen problemas. Alperovich no es el mismo después de los comicios. No está cómodo. Hace un año ser el mejor alumno K daba privilegios. Hoy, da plata, pero hipoteca el futuro político.

Alperovich siempre se ha mostrado como un conductor activo, de rápidos reflejos. Se anticipaba a los problemas, sorprendía con la respuesta antes que surgiera la pregunta.

En estos días el conflicto de los médicos crece en popularidad y en cantidad. La respuesta del gobernador es "no tengo salida".

Alperovich era un radical que conquistó peronistas e independientes por su autoridad (autoritarismo, en muchos casos), por su perseverancia, por su seguridad y, por el poder y el dinero de su gestión. Así se hizo peronista y puso al PJ en el bolsillo. Hoy, los conflictos más inesperados y simples le están provocando dolores de cabeza.

Los "sijosesistas" de los ante-despachos andan diciendo últimamente que "el gobernador está cansado". Otros afirman que "anda distraído". No falta el osado que afirma saber mejor que nadie lo que pasa y arriesga: "está desorientado".

Cualquiera sean las opciones, si no hay una reacción rápida, los problemas van a empezar a deteriorar la gestión alperovichista.

"Teléfono, José".

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