Una telaraña mortal complica las tareas de inteligencia

Burocracia, celos y saturación de información afectan la eficacia de las agencias secretas
WASHINGTON.- La permeabilidad de los controles de seguridad norteamericanos, demostrada en el atentado fallido de Navidad y en la masacre en una base de la CIA en Afganistán, dejó en evidencia la falta de coordinación, los celos y la competencia que bloquean la efectividad de las 16 agencias de inteligencia.

La irrupción del nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab cargado de explosivos en un vuelo norteamericano y la muerte de siete agentes de la CIA en Afganistán encendieron nuevamente el amargo debate en Estados Unidos sobre las graves fallas de la comunidad de inteligencia.

La maraña en la que se encuentran atrapadas las 16 agencias de inteligencia reconocidas por Washington está constituida por su propia y amplia burocracia y la saturación por el demoledor flujo de información, según reconocen los expertos.

"Cuando 16 servicios de seguridad y de inteligencia están agrupados bajo un mismo techo de organizaciones y ministerios, la rivalidad viene dada de antemano", se quejó Raymond Tanter, que en la presidencia de Ronald Reagan y George H. W. Bush formó parte del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. Una de las principales rivalidades es la que impera tradicionalmente entre los servicios de seguridad que responden al Pentágono y al Departamento de Estado.

"Los unos tienen más en cuenta la defensa militar; los otros tienen metas políticas", explica Tanter. Siempre se producen competiciones por presentar los mejores resultados y, en consecuencia, obtener más dinero.

Los 16 servicios secretos y de seguridad -desde la CIA, pasando por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) y la DEA, hasta el FBI- gastan más de 80.000 millones de dólares al año y conforman un ejército de 200.000 espías.

"El presidente Barack Obama ha descubierto que heredó una comunidad de inteligencia estadounidense hinchada, burocrática y que incluso con las mejores intenciones se ha vuelto tan grande que le cuesta mucho ensamblar las piezas", dijo Bruce Riedel, ex funcionario de la CIA.

Tras los incidentes de Detroit y Afganistán, un Obama molesto e irritado reprendió el martes pasado a la comunidad de inteligencia durante una cumbre de seguridad en la que le enrostró que los agentes omitieron evidencias decisivas en ambos ataques y su paquidérmico movimiento.

Después de los errores previos a los atentados del 11 de Septiembre, se realizaron varias reformas en los servicios secretos. El puesto de director de la comunidad -que hoy ocupa Dennis Blair- fue creado para coordinar el trabajo entre las agencias. Desde 2004, una nueva organización matriz, el Centro Nacional de Contraterrorismo (CNC), supervisa los enlaces de las 16 agencias. Sin embargo, la burocracia y los viejos celos aún generan graves problemas de comunicación.

Como la antigua rivalidad entre las poderosas CIA y la NSA, que en los 90 -momento en que se trataba de dar caza a Osama ben Laden- le negó a la CIA las grabaciones del celular privado del líder terrorista.

Mientras un poco de suerte y el coraje de los pasajeros frenaron el ataque suicida de Abdulmutallab -cuyo perfil de potencial terrorista estaba en los escritorios de varias agencias occidentales-, una CIA confiada, desprevenida y hambrienta de datos sobre los líderes de Al-Qaeda llevó a la muerte a siete de sus mejores agentes en Afganistán.

Un día antes de Navidad, un doble agente, que había engañado a la CIA durante un año, logró matar en un acto a los siete principales cuadros del espionaje norteamericano en ese país, incluida la jefa de la estación de Khost y los dos máximos expertos en Al-Qaeda de la agencia. Tan engañados estaban que la Casa Blanca fue informada de la trascendental reunión que tendrían los funcionarios ese día con su informante suicida.

El ataque cometido por el doble agente jordano que decía tener a su alcance a los principales dirigentes de Al-Qaeda es la prueba de que la CIA, ícono de la inteligencia norteamericana, carece de conocimiento para distinguir entre amigos y enemigos en una sociedad que se muestra impenetrable a los métodos tradicionales de los espías estadounidenses. Un espionaje que en los últimos días se encuentra en el ojo de la tormenta que azota la seguridad norteamericana.

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