Tela de juicio

Beatriz For, candidata a senadora del Acuerdo Cívico y Social por la Quinta Sección Electoral, no estaría a la altura del listón ético que reclama su líder. A la hora de poner en juego antecedentes, la señora está para el edicto judicial: en rebeldía por una causa laboral en su contra, ni siquiera recibe notificaciones en reclamo de indemnización.
Estamos en época de las corridas, y las últimas estocadas previas a las elecciones nos muestran a los candidatos recurriendo a aquello que creen más eficaz para conseguir una ventaja – aunque sea apenas perceptible- sobre todos los demás. Y entonces parece que vale todo.

Paradójicamente, la sola mención de la metodología del "vale todo" genera en el elector una sensación de que no todo está donde debe. Si lo estuviera, no valdría cualquier cosa para conseguir el voto del electorado. Y simplemente estarían en juego las plataformas electorales.

Y sucede que más de uno se constituye en estos momentos en gurú de la política, en un mesías capaz de señalar las faltas de los jugadores de todos los equipos. Hay más de uno capaz de encarnar esa frase implícita, que parece estar respaldando cada uno de sus actos de campaña: "si gano yo, triunfó la democracia. Si pierdo yo, hicieron fraude".

En esta ciudad, un personaje se ha encargado de aparecer públicamente como la representación del espíritu de Elisa Carrió. Se ha preciado, además, de ser su mano derecha, quien aloja a la señora en sus viajes a Mar del Plata, y quien disfruta de la potestad de decidir quién entra o sale, no sólo de las listas, sino además de la organización del partido.

Se trata de Beatriz Elizabet For (aunque en la boleta electoral figura con el nombre de Margarita Beatriz For), el símbolo del espíritu vivo de la Carrió, algo así como su voz encarnada en la ciudad. Y para todo el mundo, ha de ser quien la represente, es decir quien puede resistir una exposición de archivo similar al que ostentarían de muy buena gana todos los candidatos del Acuerdo Cívico y Social. Seguramente cada uno de aquellos que ha tirado la primera piedra debe estar, en tono metafórico, libre de pecado. Queremos creer.

Haced lo que digo

Pero una mínima indagación en la historia nos lleva a saber que hace unos diez años que la señora For no se hace cargo de una querella en su contra, que se ha pasado de madura y ya se ha caído del árbol.

Sucedió cuando corría la década de los ‘90, precisamente en diciembre de 1997, cuando la hoy candidata a senadora se desempeñaba como titular de un restaurante ubicado en Calabria 1380. En ese momento habría contratado a una empleada llamada María Pietrina Serra como cocinera, a quien acordó pagarle un sueldo de $500. Pero sólo lo prometió. Porque ese mes el dinero se pagó, y en enero siguiente. Pero en febrero los haberes quedaron pendientes, aunque la señora Serra continuó desempeñándose en el restaurante debido a las promesas verbales: a finales de marzo se saldaría hasta completar todo lo adeudado.

Llegada la fecha acordada, el pago no se produjo, por lo que la empleada presentó su primera carta documento en abril del ‘98. Allí se intima a For al pago de los haberes adeudados en términos perentorios, además de aguinaldo y vacaciones proporcionales, bajo amenaza de accionar judicialmente si tal cosa no se producía.

Insólitamente, For respondió negándole a quien era aún la cocinera de su restaurante cualquier relación laboral, pero al mes siguiente, y ante la inminencia de las acciones judiciales, realizó una única llamada telefónica en la que aparentaba la voluntad de llegar a un arreglo con su empleada. Serra continuaba desempeñándose en el empleo con la esperanza de así cobrar lo adeudado.

No hubo más novedades de la empresaria, aunque el apoderado legal de Serra observa la actitud maliciosa que se expone, en primer lugar, al negar el vínculo laboral que después reconoce, y además, al constituir un domicilio legal en Valencia 7250, que el oficial de correos determina como inexistente.

La presentación judicial fue inmediata. El abogado expuso la situación, además de pruebas de variado tenor que no sólo acreditarían la vinculación laboral sino la posible irregularidad de la situación administrativa y tributaria de la empresa de For. Solicitó una pericia contable, pero para eso había que encontrar a For, y allí comenzó la cacería.

La cuestión fue que a partir de allí constan en la causa diversos intentos de notificar a la patronal, pero la señora no fue encontrada ni en el domicilio del comercio, ni en el que ella había notificado como propio, que era inexistente.

Ante una tercera posibilidad de ubicación, se verifica que el mencionado sitio tampoco existe: se trata de Avenida 1 del barrio Colinas del Nuevo Golf. Además, los vecinos de la zona no han admitido el menor conocimiento de la mencionada.

En mayo del ‘99, es decir un año después, el abogado pide que la deudora sea declarada en rebeldía. Pero esa notificación de la situación también fue devuelta sin diligenciar, por lo que el abogado no puede menos que solicitar sea publicada la situación en medios de comunicación masiva, y en el Boletín Oficial.

No lo que hago

La cuestión es ahora si la inhibición que sobreviene a la situación mencionada se mantiene, o se ha vencido por el paso del tiempo que todo lo borra. Si así fuera, haría falta revisar las reglamentaciones electorales, para comprobar si la rebeldía ante un juicio laboral pendiente -que solicita el pago indemnizatorio de más de $5.000, y que se encuentra pendiente de resolución simplemente porque la empleadora ha desaparecido- es situación que permita una candidatura política. Una senaduría es un cargo de representación que se supone reservado a aquellos cuya honra permite ser depositarios del poder que confiere la ciudadanía. El Poder Legislativo, que apunta -para más datos- a confeccionar o modificar las normas que regirán nuestra vida como sociedad.

Claro que la travesura no es nueva. El ex ministro y ex diputado Antonio Erman González había sido acusado de tener su personal doméstico en negro, lo cual no le impidió de ninguna manera inscribirse para bien o para mal en la historia nacional.

Yendo a un caso vernáculo, y sin ir más lejos, el juez Mario Portela fue querellado por la denuncia de una empleada doméstica que se desempeñaba en su domicilio particular, de manera irregular. El asunto fue a mayores y llegó hasta el Consejo de la Magistratura, pero lamentablemente el órgano consideró que se trataba de un asunto completamente ajeno al conocimiento del magistrado, que no tenía por qué saber de la situación legal del personal que se desempeñaba dentro de su propia casa. Esas cosas las "manejaba" su esposa.

Así que es posible que, puestos a investigar la cuestión de la candidata a senadora, no falte el juez que considere que la dueña del restaurante no podía estar en semejantes nimiedades, como el pago de salarios adeudados al personal de cocina. Menos ahora, que será todo una legisladora.

Ahora, la cuestión es si, a la hora de pasar la modernísima prueba de establecer un domicilio en la provincia a la cual la candidata representará, For está en condiciones de hacerlo. Porque por ahora no ha podido dar un domicilio que sea ni adentro ni afuera de la Quinta Sección Electoral: no ha sido posible para este departamento judicial determinar que efectivamente la señora vive en alguna parte.

Hasta el momento, lo que se pone en tela de juicio no son las condiciones propicias para su candidatura, sino la objetiva y real existencia de Beatriz For, ya que se ha convertido en un fantasma a todos los fines de la fehaciente notificación. ¿Adónde le van a avisar si resulta senadora?

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