Tegucigalpa, entre la expectativa y una nueva rutina diaria

El posible retorno de Zelaya entusiasma a sus seguidores; hay toque de queda y más marchas
TEGUCIGALPA.- Los hondureños suelen decir a menudo que cualquier conflicto en su país siempre se resolvió en una semana. La crisis institucional derivada del golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya cumple hoy tres semanas y es ya una excepción a esa regla no escrita.

Las calles de Tegucigalpa mostraban ayer una curiosa dualidad: la expectación de los zelayistas por un posible retorno inminente del mandatario derrocado contrastaba con la apatía de una ciudad que parece haberse acostumbrado al estado de sitio impuesto por el gobierno de facto de Roberto Micheletti y a las marchas de los seguidores de Zelaya.

Bloqueada por las marchas durante el día y militarizada por las noches, Tegucigalpa ha absorbido como una esponja ese estado de excepción y lo ha transformado en algo rutinario. El toque de queda deja escenas curiosas, como la vivida ayer en un hotel de la capital, donde se celebraron los banquetes de tres bodas al mismo tiempo y en horario diurno para que los invitados se solazaran a gusto y pudieran regresar a sus hogares ebrios o sobrios, pero siempre antes de la 11 de la noche.

La capital hondureña lleva tres semanas con toque de queda nocturno (salvo un par de días en los que se levantó tras la primera ronda de diálogo en San José). Tres semanas llevan también los partidarios de Zelaya (y, en menor medida, los de Micheletti), que toman las calles para expresar sus demandas.

La marcha zelayista que ayer recorrió las calles de la capital contó con la presencia de la primera dama, la mediática Xiomara Castro, que no dudó en secundar el ultimátum lanzado por Zelaya hace unos días para su retorno inmediato al poder. "En pocas horas [Zelaya] va a estar aquí; esta batalla tiene que ser ganada", clamó Xiomara, acompañada por una de sus hijas, desde el puente de Las Brisas, cercano al aeropuerto, ante varios miles de seguidores del mandatario depuesto.

Castro informó a sus seguidores de la "liberación" de la casa de campo de Zelaya en El Espino, en su natal departamento de Olancho. La casa había sido tomada por el ejército tras el golpe del día 28, pero los soldados desalojaron la zona ayer ante la presión de los vecinos. "¡La casa está en poder del pueblo!", gritó Castro. Una pequeña hazaña, que la primera dama señaló como el símbolo de la insurrección para recuperar el poder en Honduras.

La expectación de los simpatizantes zelayistas era ayer máxima después de que su líder anunciara hace unos días que regresaría "a cualquier costo" a Honduras. Zelaya había dado de plazo hasta la medianoche de ayer para que la mediación impulsada por Oscar Arias lograra restituirlo en su cargo.

Entre los dirigentes próximos a Zelaya se respiraba ayer una mezcla de optimismo y preocupación. Doris Gutiérrez, diputada del izquierdista Unificación Democrática, reconoció a LA NACION que si Zelaya ingresa en el país sin que haya un acuerdo previo, "la situación se va a complicar bastante". "Cuando [Zelaya] dice que va a hacer una cosa, la cumple, y además se siente en deuda con toda la gente que lo está apoyando acá", precisó Gutiérrez. La legisladora se mostró muy escéptica sobre la posibilidad de que las delegaciones de Zelaya y de Micheletti pudieran llegar a un acuerdo.

Oportunidad

La propuesta para convocar a una asamblea constituyente (detonante del golpe de Estado contra Zelaya) es, según Gutiérrez, "innegociable" para un amplio sector que apoya al mandatario. "Si perdemos ahora la oportunidad de reformar la Constitución para darle más poder al pueblo, entonces ya no la podremos hacer nunca; Zelaya no debería ceder en ese punto", argumentó.

Para el ex candidato presidencial por la Unión Demócrata Cristiana Efraín Díaz, la posibilidad de que Zelaya entre en el país sin permiso previo "crearía un clima de violencia muy negativo".

"Hay que ver ese ultimátum más allá de la retórica; el problema es que Zelaya sabe que el tiempo corre en su contra y ha tratado de presionar a la mesa de diálogo", declaró.

Díaz es uno de los firmantes de una carta enviada anteayer a Arias en la que se abogaba, entre otros escenarios, por la instalación de un gobierno de reconciliación nacional sin Zelaya ni Micheletti al frente. Esa junta de notables se haría cargo del país hasta enero de 2010, cuando expire el mandato presidencial actual. "No es que sea la mejor opción, pero al menos es una opción de diálogo [?]. Ellos no representan a Honduras; son parte del problema, pero no la solución; no representan los intereses de los hondureños", explicó Díaz.

Comentá la nota