TASSARA-AUZA Roberto al gobierno, Coco al poder

Después de una elección tan reñida como la de este miércoles en la UNICEN, es grande la tentación de afirmar que -más que un triunfo del Auzismo- fue una derrota del aún rector Marcelo Spina.
Y aunque el ingeniero olavarriense erró en ciertos puntos cruciales de su estrategia electoral, sería injusto no reconocer la valía de Roberto Tassara, un contador de extensa trayectoria en la universidad, de origen justicialista y fuerte anclaje en los sectores conservadores que abundan en Tandil.

Antiguo compañero de Roberto Mouillerón y Juan Mario Perdersoli en la mejor época de “La Macaya”, candidato por el MID y luego por el zanatellismo, decano consuetudinario de Ciencias Económicas, Tassara consigue el rectorado en el otoño de su carrera, con velas hinchadas por el viento que sopla el omnipresente Néstor Auza.

El ahora senador, quien había llevado al ingeniero Spina como compañero de fórmula cuatro años atrás, apostó a todo o nada por Tassara, sabedor de que se jugaba la posibilidad de plantar un fuerte en territorio lunghista, para guarecerse y desde donde emprender acciones políticas territoriales mucho más contundentes que la entrega compulsiva de subsidios del Senado de la Provincia de Buenos Aires.

Con el rectorado en el bolsillo, el senador tiene carta franca para hacer política en Tandil, pensando en competirle a Miguel Lunghi en 2011 y con posibilidades de colar soldados fieles en las listas para la elección legislativa de 2009, si finalmente la lista que apadrina, con Rubén Sentís a la cabeza, le gana al irreverente Raúl Escudero la conducción del Partido Justicialista.

LA BURBUJA

Spina y su entorno encararon la campaña con la confianza de quien tiene la contienda ganada, encerrados en un círculo blindado. Es recomendable dar esa impresión ante terceros en campaña electoral, lo malo es creérselo. Y se lo creyeron.

Solamente así se explica que hayan rehusado los ofrecimientos de ayuda de algunos referentes de peso de la comunidad universitaria, con el pretexto de que no era necesario, porque los votos estaban asegurados.

Hay algunos datos que lo demuestran cabalmente. Desestimar la ayuda ofrecida por Juan Carlos Pugliese fue un desatino de proporciones. Algo así como filmar una secuela de “Star Wars” sin el Maestro Yoda.

O la de un prestigioso investigador con llegada a la izquierda reticente, a quien dejaron en la periferia de la campaña y sólo llamaron, desesperados, 72 horas antes de los comicios, cuando reventó la burbuja triunfalista y se dieron un gélido baño de realidad: salvo algún milagro, habría que prepararse para entregar el sable al enemigo. Y los milagros son poco frecuentes en ámbitos tan agnósticos.

Semanas antes del miércoles definitivo, en un café periférico, un mensajero del ingeniero olavarriense intentaba convencer a un operador independiente para que filtrara mensajes triunfalistas:

-Tenemos que descomprimir a la Escuela Superior de Derecho para que no voten a Tassara, pero si saben que ellos definen, con la presión y los aprietes que les está metiendo Auza, van a apoyar a Roberto.

-Me juego el pellejo si hago eso. ¿Ustedes me van a respaldar después? Porque del otro lado juegan fuerte.

-No, Spina no va a poner un peso ni hará promesas, porque su perfil es distinto, con una carga moral muy fuerte, y eso está cayendo muy bien dentro de la universidad.

Luego se probaría que eso de cultivar un perfil pulcro y moral queda bien y hasta puede gustar, pero la política siempre se hace con botas de goma, porque nadie cruza el charco sin meterse en el barro. Los que no lo hacen, se quedan siempre en la orilla.

En las antípodas del comportamiento moral que no gana elecciones, un operador del Auzismo, puesto a disposición de Tassara para la contienda, le ofreció a un productor radial “una montaña así de plata”, según palabras del propio locutor, quien finalmente tarifó los adjetivos para sus espacios radiales.

DE PALOS Y DELFINES

En una columna anterior advertimos que la elección de rector traspasaba la vida institucional y se colaba de lleno en la batalla por el gobierno municipal. En ese contexto, el gobierno local jugó y perdió. La derrota de Franja Morada, días antes de la elección de rector, fue apenas un anticipo.

Salvo por algunos funcionarios y ex funcionarios radicales que jugaron para Tassara, la gestión comunal puso todo a su alcance para inflar a un candidato que parecía saludable, pero perdía por el pico.

Aunque no podría haber definido a favor ni en contra la contienda, la simple participación pone al gobierno local en la cola de deudores y le pasarán las correspondientes facturas.

En palabras del teórico Von Klausevitz, en su obra cumbre, De la Guerra: “La derrota en una batalla de una tropa puede remediarse con la victoria de un ejército [...] pero es evidente que el peso de cada victoria se autonomiza más cuanto más importante es la región conquistada y, por lo tanto, decrece en igual medida la posibilidad de remediar las pérdidas por sucesos imprevisibles”.

Aunque todo sigue igual, Lunghi gobierna y mantiene una aceptación de gestión altísima, el único cambio notable en la política de entrecasa es que, si finalmente estos acontecimientos son el trampolín para el lanzamiento futuro de Auza, Lunghi estará obligado a dejar de pensar en su retiro para el bronce y posponer las clases en su escuela de delfines, porque nadie del oficialismo, salvo el propio Lunghi, está en condiciones de derrotar a un Auza con hambre de poder que puede rendir a sus pies la plataforma de lanzamiento peronista que tanto necesita.

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