Tarifas y subsidios, un esquema en crisis que complica más la caja

Por: Daniel Fernández Canedo

La "caja", un recurso que en el pasado manejó con cierta fluidez, se volvió un problema serio para el Gobierno.

En 2005, los subsidios del Tesoro representaron $ 4.000 millones, al año siguiente se duplicaron y en 2008 llegaron a los $ 32.000 millones.

Ese crecimiento geométrico de una parte del gasto público tuvo como objetivo mantener congeladas durante años las tarifas de gas, luz y transporte.

Como si no se hubiese aprendido nada de la salida del 1 a 1 de la convertibilidad, el Gobierno dejó acumular presiones, creó desfasaje en el esquema de precios de los servicios públicos y eligió una salida casi extrema que se le hizo insostenible.

La necesidad de bajar gastos lo llevó a tener que reducir los subsidios y a recargar las boletas de gas y luz, eligiendo un esquema que hace semanas explotó y ayer debió dar por muerto.

La base del modelo fue la de incluir en las boletas de gas un cargo (en realidad es un impuesto más) que se destina a comprar combustible del exterior, que cuesta mucho más caro.

En el caso de la luz, el aumento fue para la generación y, en teoría, sólo lo pagarían el 10% de los usuarios.

Uno de los errores fue que ese aumento de la luz, lejos de afectar solamente a los consumidores con mayor poder adquisitivo y, por tanto, con más capacidad de gasto, golpeó fuerte en el bolsillo de parte de la clase media.

Los calefactores de cuarzo, la baja contención calórica de edificaciones precarias y la ola de frío dispararon la suba en las boletas que le llegaron a usuarios que nadie podría considerar pudientes.

Durante semanas, los funcionarios repitieron el argumento de que los aumentos sólo golpeaban a una minoría.

Pero la brusquedad de la suba (en algunos casos del 300%) y la mayor cantidad de usuarios afectados se hicieron insostenibles.

Evidentemente faltó estudio sobre cuáles serían los efectos de la salida elegida para dejar atrás el congelamiento tarifario.

En el Gobierno dejan entrever que el mal paso le costaría al Tesoro unos $ 500 millones.

Y esto pasa cuando lo que sobran son necesidades y lo que empieza a escasear es dinero.

De acuerdo a un cálculo realizado por el Estudio Bein, entre enero y julio el total de subsidios creció 16% respecto del año anterior.

Pero, en el caso de la energía y como consecuencia de la baja del petróleo en el mercado internacional, bajaron en $ 1.000 millones.

Pero el dinero no quedó ocioso. Los mil millones que se dejaron de gastar para subsidiar la energía fueron para Aerolíneas.

Según datos oficiales, los subsidios que tuvieron como destino la aeronavegación estatal saltaron de $ 141 millones el año pasado, a $ 1263 millones en 2009, subiendo 795%.

Lo que ahorraron con energía fue a Aerolíneas, no al ahorro, ni a la acción social.

Néstor Kirchner sigue convencido, y Amado Boudou parece no refutarlo, que es innecesaria una baja del gasto público.

Lo que resulta difícil de explicar en estos días es cómo lograrán financiar un gasto público que alcanza niveles récord.

El gasto primario del Tesoro se ubica por encima del 21% del PBI, la marca máxima en más de diez años.

Y como contrapartida, la posibilidad de cobrar más impuestos resulta remota.

Este año la presión tributaria (recaudación en porcentaje del PBI) alcanzará también un récord de 26,5%, con la particularidad de que bajará la incidencia de las retenciones y subirá la recaudación por los aportes previsionales.

Durante 2006 y 2007, la buena actividad económica y las retenciones le dieron al Tesoro el dinero para dar subsidios y aumentar el gasto público.

En 2008, la crisis financiera mundial y la pelea con el campo les restaron al Tesoro la posibilidad de aumentar la recaudación por la vía de los impuestos al consumo y las retenciones.

Pero el dinero no faltó: el traspaso al Estado de los fondos de las AFJP y del aporte de los afiliados a esas administradoras, le permitió seguir financiando el gasto.

Si bien el Gobierno parece dispuesto a prenderle una vela a la producción y buen precio de la soja, ese dinero recién estará entrando a partir de marzo-abril.

Entre tanto, si el gasto no baja, y Boudou demora el regreso al mercado de crédito voluntario, el manejo del dinero público estará bajo presión.

Un conjunto de siglas como la ANSeS y el PAMI, los depósitos oficiales en el Banco de la Nación, las ganancias del BCRA, o la colocación de un bono entre los bancos son vías de financiamiento posibles para los próximos meses.

Mientras tanto, habrá que estar atento al análisis que hagan los tomadores de decisiones económicas sobre el manejo oficial de fondos y el "índice Boudou" de inflación.

El resultado del esquema tarifario de gas y luz vuelve a demostrar que en economía se pueden hacer muchas cosas, menos evitar pagar costos, y en algunos casos resultan altísimos.

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