"Las tareas hogareñas no son mi fuerte"

"Las tareas hogareñas no son mi fuerte"
La legisladora porteña de Proyecto Sur tiene la casa invadida por sapos y ranas de cerámica y yeso. "Dan suerte", dice. En sus tiempos libres pinta maderas y le gusta compartir los aromas de la cocina junto a su marido, con quien se casó a los 49 años.
Con una mirada que oscila entre chisporroteos de alegría y caídas de ojos marcados por la tristeza, la diputada porteña de Proyecto Sur Liliana Parada posa, algo incómoda, junto a un santuario de ranas y sapos de cerámica y yeso. "Una amiga me dijo que traen suerte", apunta. Como si necesitara de manera imperiosa asegurarse la dicha, los verdosos batracios están desparramados por cada rincón del living de su departamento de Boedo. "Me regalaron una rana que me gustó mucho y después vinieron todas las demás. Igual, no sé si realmente traerán suerte", concluye.

–Cuando mira para atrás, ¿su vida fue como quería?

–Sí. Obviamente pasé por muchas cosas que me habrían gustado que no me sucedieran. El dolor te da dos posibilidades: llenarte de sombras o de luz y poder mirar la vida desde otro lugar.

–¿En qué consistieron esas cosas dolorosas?

–Mi divorcio y la posterior muerte del padre de mis hijos. La muerte de mi papá también fue algo muy dolorosa. Tuve que llevar adelante mi casa siendo muy joven. A pesar de eso, no reniego de nada de lo que hice. Obviamente he cometido errores y de eso uno siempre se arrepiente. Son dolores que te marcan, pero también te forman el carácter.

–¿Cuál fue uno de sus mayores logros en la vida?

–Mis hijos son el remanso, el espejo donde a uno le complace mirarse, pero eso no es mérito propio. Fue muy importante recibirme de abogada mientras trabajaba y criaba a mis hijos. También fue un logro formar una familia, que la vida de mis hijos esté encaminada y tener nietos. ¡Me encanta ser abuela!

–¿Volvió a armar una pareja?

–(Sonríe). ¡Sí, sí! Estoy recientemente casada.

–¿Cuando volvió a casarse?

–Hace cinco años. (Risas). Me volví a casar a los 49 años. Estoy muy enamorada.

–¿Hay algo que le habría gustado hacer y no se animó?

–No me quedé con muchas cosas pendientes. Quizá teatro, aunque la política tiene mucho de actuación, sobre todo en el momento en que uno está en el recinto y en los discursos. Es una actividad que te suelta, te permite salir de la realidad a través de representar otros personajes y te ayuda a pensar otras realidades.

–¿Cómo recuerda su juventud?

–Corta. (Risas). Me casé a los 19 años y a los 21 fui mamá, y ya era un mundo de responsabilidades y tareas para realizar.

–¿Qué le gustaba hacer?

–Tuve que trabajar muchísimo. Aunque me recibí de abogada, trabajé de otras cosas, como por ejemplo secretaria. El tema era parar la olla. Después trabajé en relación de dependencia y en mi estudio. Fui docente universitaria. Dejé porque estaba muy mal paga y necesitaba ganar dinero para mantener a mis hijos.

–¿Qué la divierte ahora?

–Mi vida en pareja. La pasamos muy bien. Me gusta encontrarme con amigos y estar con mis hijos, nietos y mi mamá. Disfruto mucho de pintar. No cuadros, sino madera. También me gusta investigar.

–¿Investigar?

–Sí, lo hago con gusto. Investigo los temas que me interesan para elaborar las leyes que tengo en mente, y los temas vinculados con la función de control que tengo como Poder Legislativo y como oposición. Investigo con placer, no siento que estoy dejando mi vida.

–¿Qué la aburre?

–Me aburro muy poco. Si de algo no me voy a morir es de aburrimiento. Tal vez, la rutina me aburre, más allá de que me gusta algún ritual cotidiano. Me gusta cambiar y busco nuevas cosas para hacer, nuevos horizontes.

–¿Cómo hace para romper la rutina en su vida de pareja?

–Cuando uno está bien, no siente la rutina. Si encontrarte cada día es una decisión que va más allá de una libreta matrimonial, no se vive como una rutina.

–¿Le gusta hacer alguna tarea de la casa?

–Las tareas hogareñas nunca fueron mi fuerte, pero antes de aprender a pedir que alguien me haga algo, aprendí a hacerlo. Me gusta cocinar y a mi esposo también. La cocina es un lugar de encuentro para compartir los aromas y sabores.

–¿Qué le gusta compartir con sus hijos?

–Me encanta pasar un fin de semana o unas vacaciones con ellos. Me hice de Boca, acompañando a mi hijo a ver los partidos; y aprendí a elegir ropa porque mi hija es una exquisita y bella mujer que sabe elegir.

–¿De qué habla con ellos?

–Hablamos mucho los temas personales. Nos llamábamos los tres mosqueteros cuando estábamos solos. Compartíamos todo y estábamos todos para uno y uno para todos, en el sentido de que ellos tenían que estudiar y yo trabajar. Ellos han sido muy compañerazos. Mi hijo es muy politizado y hablamos mucho de política. Con mi hija hablamos de todo, menos de política.

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