De tanto anunciarlo, a Carrió le llegó su propio Apocalipsis

Por Julio Blanck.

Se ha dicho de Elisa Carrió, con abundancia nunca bien intencionada, que sólo sabe desplegar un discurso apocalíptico. De hecho, ella se transformó en protagonista central de la política anunciando grandes males, que a veces se cumplen y otras veces no, y prometiendo de manera simétrica grandes soluciones salvíficas, que las más de las veces quedan solamente en promesas.

De acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española, apocalíptico significa, entre sus varias acepciones, "misterioso, oscuro, enigmático; dicho de lo que amenaza o implica exterminio o devastación; terrorífico, espantoso". Los académicos saben por qué dicen lo que dicen, aunque jamás escucharon a Carrió.Se puede coincidir con ella o deplorar sus formas y sus contenidos. Las opiniones, que siempre son diversas y respetables, no hacen mella al hecho de que su voz se haya convertido en una referencia ineludible de nuestra democracia imperfecta y maltrecha, en un imprescindible límite y control para el poder.

Esta señora que levanta tempestades aunque en su discurso proclame la concordia, de tanto anunciar el Apocalipsis político terminó sufriéndolo en carne propia. Los astros se le desacomodaron hasta dejarla en la situación más incómoda que pueda imaginarse.

Ella, que se puso al hombro casi cuatro millones y medio de votos en la elección que hizo presidenta a Cristina Kirchner, quedó sometida al dilema de competir en la elección de este año y correr el riesgo de una fea derrota que la saque de la cancha, o rehuir este duelo electoral y tratar de preservar, aun magullada, su estampa, para intentar recomponerse de cara a la próxima batalla presidencial. Las trompetas de los siete ángeles del Apocalipsis empezaron a sonarle cuando su amiga Gabriela Michetti, imbatible entre los porteños según todas las encuestas, le cortó el rostro a sus insinuaciones de acordar entre ellas para no toparse en la elección de junio. Quizás no eligió el mejor argumento para convencerla, cuando dijo que la invitaba a "no entrar en la trampa de Kirchner, Macri y Duhalde". Entonces, toda posibilidad se evaporó. Michetti se declaró "incómoda y disgustada" con Carrió y, en cambio, "muy ligada, muy contenta y muy agradecida con Mauricio".

Competir mano a mano con Michetti en Capital puede significar hoy inmolarse políticamente. Mandar a ese matadero a Alfonso Prat Gay no le garantiza salir ilesa para encolumnar después a los radicales y a los socialistas, que siempre tienen a mano la posible candidatura del vice Julio Cobos para la presidencial de 2011.

Para colmo, los amigos de Macri y el peronismo disidente se unieron en la Provincia y arreglaron sus diferendos de manera ejecutiva y ambiciosa. Con Francisco De Narváez al tope de la lista y Felipe Solá jugando generosamente en el segundo puesto, apuntan a juntar una carrada de votos sin dejar nada tirado por el camino. Los estrategas kirchneristas admiten que De Narváez y Solá están aglutinando el voto útil opositor, que busca de qué modo hacerles más daño a los Kirchner. Alrededor de Margarita Stolbizer, aliada de Carrió, se reúne el voto duro, con más carga ideológica, más sustancial, pero más reducido en número.

Con un horizonte difícil en Capital y Provincia, donde juegan sus propias tropas, sería pobre consuelo esperar que los socialistas de Hermes Binner la pasen mal con Carlos Reutemann en Santa Fe, o que la alianza entre Cobos y la UCR en Mendoza no resulte tan arrasadora como se pronostica. Al lado de estos pesares, debe haber dolido menos que los dos senadores que responden a otra amiga suya, la gobernadora del ARI en Tierra del Fuego, Fabiana Ríos, acompañaran al kirchnerismo votando la ley para adelantar las elecciones. Poco antes el gobierno fueguino había recibido una cuantiosa ayuda de la Casa Rosada. Pero nadie obligó a los senadores José Martínez y María Rosa Díaz a acompañar esa decisión con críticas a Carrió, usando términos como "hiprocesía" y "autoritarismo". El único hecho reciente que remitió a Carrió al lugar que la identifica fue el ataque que sufrió en Resistencia la casa en donde vive su hijo de 13 años. Piqueteros chaqueños listos para todo servicio, y que últimamente han visto la luz kirchnerista, fueron responsables de la salvajada. Con todo, si se nos permite una respetuosa analogía con la política, sería bueno recordar que el Apocalipsis anuncia, después de la destrucción, el triunfo de Dios sobre todos los poderes que se le oponen. Es el libro de la esperanza.

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