En vez de tanques, tractores

Por Mariano Grondona

En el club Las Rejas de Cañuela fuertemente custodiado por efectivos de seguridad, en un acto al que sólo acudieron 300 personas especialmente invitadas, el ex presidente Kirchner agravó sus embates contra la Comisión de Enlace al insistir en que ha adoptado una estrategia "destituyente", una suerte de golpismo que ya no es militar porque los ruralistas "han cambiado los tanques por los tractores".

La embestida de Kirchner contra el campo fue esta vez más lejos que nunca al acusarlo abiertamente de haberse aliado con los militares en los años setenta. La escalada entre el Gobierno y el ruralismo se ha ido acentuando a medida que arrecia la campaña electoral. Algunos hombres de campo han caído en un extremo desaprobado por sus propios dirigentes al recurrir a "escraches" contra figuras como el gobernador Scioli y el diputado Rossi que no son sólo inaceptables desde cualquier concepción civilizada de la democracia sino que además son torpes, porque le permiten al oficialismo asumir el ventajoso papel de víctima de los desmanes.

El Gobierno describe al campo como un sector donde predominan unos pocos dirigentes "destituyentes" ajenos a la opinión general de los productores. Sus dardos se concentran sobre todo en la Sociedad Rural Argentina, supuesta heredera de la vieja "oligarquía". Pero la evidencia apunta en dirección contraria, ya que tanto la Sociedad Rural como el resto de las entidades agropecuarias han intentado una y otra vez dialogar con el Gobierno, habiendo llegado precisamente el presidente de la Sociedad Rural Hugo Biolcatti al extremo de aceptar un encuentro confidencial con el ministro Julio de Vido en busca de algún terreno común que no sólo no resultó viable sino que fue denunciado además por el propio De Vido a pesar de la confidencialidad que ambos habían acordado. La realidad parece entonces inversa a la que describe el Gobierno, porque la animosidad contra la política oficial es más fuerte en la base que en la cúspide del movimiento rural.

El discurso de Cañuelas revela que Kirchner insiste en una estrategia ya del todo evidente: de un lado demonizar a sus "adversarios", a los que trata como "enemigos" al ligarlos con las décadas "malditas" de nuestra historia reciente como los años setenta y los años noventa y, del otro, tratar una y otra vez de dividir el frente rural entre una supuesta minoría manipuladora que sólo existe en su imaginación y el conjunto de los pequeños productores, cuando en verdad son éstos los más enojados con su gobierno.

La pregunta que queda sin responder es la siguiente: si sigue escalando sus ataques verbales contra todos los que disienten con él, ¿cómo hará Kirchner" para reunirse con ellos en busca de un diálogo que se volverá inevitable si el 28 de junio pierde el control del Congreso?

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