Tandil fue una fiesta tras el título de Del Potro

El triunfo de Juan Martín del Potro sobre el suizo Roger Federer en la final del Abierto de Estados Unidos generó una explosión popular entre sus vecinos tandilenses, que eligieron la sede del club Independiente, donde se forjó como jugador, para tributarle su homenaje.
Desde temprano, luego que se supiera que debía enfrentar a su ídolo Federer tras derrotar a Rafael Nadal, Tandil se transformó.

Fue un lunes atípico en la ciudad, con buena parte de su población calculando en qué lugar lo iba a agarrar la hora de inicio del partido -las 17;00- para poder reprogramar sus cosas.

Todos hacían pronósticos, todos sabían lo que iba a pasar, y todos tomaron partido por unos y otros. Los menos, incluso, cruzaron apuestas sobre el resultado, la mayoría pesimistas.

Y como suele ocurrir en las grandes citas futbolísticas, los salones de lugares céntricos, como el Hotel Plaza, se llenaron de tribunas detrás de sillas y cafés.

Las salidas de los colegios en sus turnos vespertinos nunca fueron tan rápidas, habituadas a largas colas de autos y pasamanos de chicos que piden ir a la casa de algún compañero a jugar un rato.

Por ejemplo, en el Colegio San Ignacio, el encuentro entre padres e hijos, con la participación de docentes o directivos, giró, a las 6.00 de la tarde, con un balance que por entonces era negativo: "perdió el primero 6-3".

En ese momento, el optimismo sobre el juego del crédito local había bajado un poco, lo que un rato después, con el 7-6 del segundo set, comenzó a cambiar.

Las calles del centro, habitualmente muy congestionadas a esa hora, hoy lucieron más tranquilas, y los únicos puntos de saturación fueron los bares de las calles 9 de Julio y Rodríguez, al igual que las marquesinas de las casas de electrodomésticos, con sus grandes televisores ardiendo de puntos y festejos.

Sin embargo, cuando a las 21:37 Federer no pudo más, la ciudad estalló y transformó a este veinteañero de casi dos metros en un símbolo similar al que cayó el 29 de febrero de 1912: la piedra Movediza.

"Viva Del Potro, viva Tandil, viva el Tenis", gritó Luis, desde la puerta del Club Independiente, con su hijo en brazos, junto con cientos de personas que decidieron congregarse en el epicentro de ese deporte, ya no solo local, sino mundial.

Porque de esas canchas, muchas veces con pozos y barridas por los vientos, pasan habitualmente quienes son prácticamente un milagro en el mundo: cuatro tenistas de una misma ciudad que están entre los cien mejores del planeta, como Del Potro, Mónaco, Junqueira y González.

"Y ya lo vé, es para Roger que lo mira por tv", fue uno de los gritos de trinchera que más se escucharon, junto con el "oooo, soy de Tandil, es un sentimiento, no puedo parar".

En la avenida Avellaneda, con el tránsito cortado por patrulleros, no faltó uno solo de los tandilenses, que lo conocen de verdad, que no destacaran la humildad del espigado tenista.

"Es una excelente persona, además de un gran jugador, y un ejemplo para todos y un orgullo para la ciudad", resaltó Rubén, uno de los primeros en copar la calle.

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