La luz tampoco se ve

El padecimiento de este barrio con los servicios no se agota en el agua: la energía eléctrica también es un karma con el que cargan los vecinos.
"Nosotros tuvimos que hacer llegar la electricidad a cada casa porque nunca nos trajeron los de EDEFOR. Pero la que tenemos es muy baja y muchas veces no podemos ni enchufar la heladera. Apenas sirve para prender los focos", relata un vecino.

Durante la siesta -el horario de mayor necesidad- el problema se agrava porque la exigencia a las débiles líneas no dan abasto y dificulta la distribución a cada hogar.

Desde la calle, lo que se ve asusta: conexiones precarias que en muchos casos roza la inconsciencia por los peligros que expone para quienes están cerca. Pero bien dice el refrán que la necesidad tiene cara de hereje y para muestra basta conocer El Quebrachito

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