Tambalea el consumo, un pilar de EE.UU.

La recesión y el miedo a gastar obligaron a los norteamericanos a modificar su estilo de vida, aunque sin perder el optimismo
WASHINGTON.- El gobierno de Barack Obama ingresa en la curva de los 50 días con una doble paradoja: la de gestionar una superpotencia que está "deprimida". Y el desafío de doblegar la parálisis de una sociedad con un síntoma desconocido: el miedo a consumir, el miedo a gastar dinero.

Es toda una revolución cultural para una población de más de 300 millones de habitantes que creció y prosperó, justamente, a golpe de consumo y de generación de demanda. Y con la convicción de que mover dinero, sobre todo, a crédito, era la mejor manera de mantenerse vivo. Aunque, luego, no se supiera muy bien cómo devolverlo.

Hoy, las cosas han cambiado tanto que hasta los principales íconos de aquella sociedad opulenta parecen sufrir el castigo. La venta de autos cayó más del 50% y grandes automotrices, como General Motors, están en riesgo de quiebra. DisneyWorld anunció los peores resultados en años y regala entradas para que la gente acuda a sus parques de entretenimiento, mientras los restaurantes más elegantes de Nueva York han lanzado ya un "menú de recesión", todo un reconocimiento de que están en problemas. Las grandes cadenas de Macys y Bloomingdales no saben ya qué descuento inventar. Y el símbolo por excelencia del "baile del dinero", Las Vegas, está tan desierto como la zona que lo rodea, con más cactus a la vista que amantes de la ruleta.

Y lo mismo se repite en la vasta geografía del país: los consumidores no gastan y los hombres de negocios no invierten. "Es una crisis enorme, un desafío nunca visto", dijo a LA NACION el sociólogo Arturo Poiret, un argentino que reside en Nueva York hace más de 13 años.

Todo, sobre un baile de cifras negativas: el desempleo crece a más de 20.000 despidos por día y llega a niveles no vistos desde hacía décadas. Las colas de los buscadores de trabajo son más largas que la esperanza. La Bolsa de Wall Street es una montaña rusa en pendiente y todos los días hay noticias de bancos en riesgo.

"La tendencia del consumo sigue siendo negativa", señaló Kurt Karl, jefe de análisis del Economic Research Consulting de Nueva York. Puso en palabras las cifras de caída de fines del año pasado, que fueron de casi el 4%, y que no estarían sufriendo variaciones.

Es un país desconocido para una sociedad que creció convencida del éxito y que hoy parece atrapada en una peligrosa espiral de datos negativos. Y que, como medida de defensiva ante tanto escenario incierto, parece más amigo de guardar el dinero en el colchón que de sacar la tarjeta de crédito del bolsillo. Nunca se había visto una cosa así en estas latitudes.

Ni tampoco un presidente que apunte tan directamente al problema. "No escondan la plata en los colchones", clamó ayer Obama, en una entrevista con The New York Times . "No creo que la gente tenga que tener miedo sobre nuestro futuro ni que, de pronto, deba desconfiar de todas nuestras instituciones financieras", añadió.

El jefe de la Casa Blanca dijo que no puede asegurar a los estadounidenses que la economía vaya a crecer otra vez este año, pero se comprometió a "echar las bases para la recuperación" en este ejercicio. Obama trata de revertir la tendencia en una sociedad que tiene un miedo desconocido: a gastar. Y que prefiere guardar la plata por si la travesía por el desierto es más larga de lo que augura el carismático presidente. El problema es que, si la gente no gasta, la economía no se reactiva. Y eso repercute no sólo aquí sino en el resto del mundo.

"La crisis ha generado un discurso muy distinto, por ejemplo, al vivido con los ataques del 11 de Septiembre a las Torres Gemelas. En aquel entonces, la reacción fue: «Adelante, a reconstruirnos, nosotros podemos». Ahora, hay mucho desconcierto, un no saber para dónde ir", analizó el publicista Friko Starc, quien lleva nueve años en Nueva York, en diálogo con LA NACION.

Consciente de la necesidad de evitar más frenazos a la economía, el gobierno ha lanzado medidas específicas para alentar el consumo. "Lo primero que tenemos que hacer es generar instrumentos para que la rueda siga moviéndose, de lo contrario, la depresión seguirá presionando sobre los datos económicos", dijo Christina Romers, una de las principales asesoras económicas del presidente.

¿Pero cómo se consigue que la gente vuelva a confiar? Eso es más difícil. "No hay una campaña oficial específica para alentar el gasto. Lo que hay son medidas de estímulo", dijo Starc.

Campañas

En cambio, sí hay campañas privadas que alientan el consumo, pero reconocen las dificultades del escenario. La automotriz Hyundai, por ejemplo, ha contratado espacio en el Superbowl (los 30 segundos más caros de la televisión) para promover su "Assurance", un programa para la compra de autos en cuotas que garantiza la devolución del auto y el reintegro del dinero si la persona que lo compra "pierde su empleo" durante los doce meses siguientes a la firma de la operación.

De tan realista, hasta puede parecer morboso. Pero eso es lo que se ve, junto con mensajes que aluden a la crisis de modo más elíptico, con apelaciones del tipo "en este momento" o "en circunstancias como éstas".

"Este es un pueblo optimista", insistió el sociólogo Poiret. "Lo que ocurre es que, en estos primeros días de gobierno, no están muy claras las medidas para salir de la crisis. Pero, en cuanto eso se empiece a entender, estoy seguro de que se superará la parálisis", auguró.

Muchos tienen ganas de creer. "Tenemos mucha suerte. Estamos en un lío enorme, las cosas no van bien. Pero hay un gobierno que habla claro, que parece honesto y que dice que esto lo vamos a superar juntos", dijo Marco Sforza, uno de los copropietarios del restaurante Shangri-La, de Bethesda, en la vecina Maryland.

Todos los días inventa alguna promoción para atraer clientes. Y, pese a eso, la mayoría de las mesas del local están vacías. "Pero, ¿sabe qué? Esto también pasará", augura, convencido.

Alemania: ayuda condicionada a Opel

* BERLIN (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, reiteró ayer la disposición del gobierno alemán de ayudar a la automotriz Opel a resolver la crisis que amenaza con su cierre, aunque subrayó que una intervención estatal depende de que los beneficios sean mayores que los daños. "Ayudaremos, pero sólo si los beneficios son mayores para toda la gente que los daños. Sin embargo, no hemos llegado todavía a ese punto", afirmó. Merkel precisó que todavía no ve una base suficiente para ayudar a Opel, empresa arrastrada a la crisis por la grave situación de su casa matriz, la estadounidense General Motors.

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