Tamaño de texto grande Tamaño de texto mediano Tamaño de texto normal Ir a la sección Imprimir Volver ENFOQUE El eterno retorno del kirchnerismo

La interna del PJ confirmó la división de 2003 y los sublemas de entonces. No habría unidad posible en el justicialismo y el kirchnerismo volvería a su antigua estrategia de la Concertación Plural para las legislativas de 2009. Aunque sin muchos radicales K y con menos peronistas que hace un año
Parece un contrasentido pero es la misma realidad. La historia, en una apretada síntesis, es más o menos ésta. Néstor Kirchner alcanza la presidencia valiéndose de un PJ partido en tres pedazos, se saca de encima a su protector y se embarca en el armado de una especie de tercer movimiento histórico, algo que ya había intentado Raúl Alfonsín en la década del '80.

Solo que Kirchner lo imagina dentro de una nueva conformación política argentina basada en dos espacios, el de centro izquierda y centro derecha, ubicando a su Concertación Plural en el primero y desplazando a la oposición al segundo.

Kirchner, y así se lo explicó muy convencido a Helios y José Eseverri, planteó este esquema en su mente como algo superador de esa antinomia histórica e irreductible entre radicalismo y peronismo vigente hasta entonces.

Así estaban planteadas las cosas hasta que se desató la crisis del campo y los Kirchner debieron refugiarse en el PJ para impedir que los intendentes del Conurbano quedaran sin una conducción fuerte y directa frente al deterioro político del gobierno causado por la batalla rural y las secuelas que dejó en los sectores medios.

Cambió entonces su estrategia porque además muchos intendentes y gobernadores que estaban dentro de la Concertación Plural lo fueron abandonando, seducidos por el surgimiento o consolidación de otras fuerzas de la oposición.

En ese nuevo escenario, Kirchner decidió afianzarse dentro del PJ, e hizo girar a su alrededor a lo poco o mucho que le había quedado del radicalismo K, aunque privilegiando su alianza con el sindicalismo y los movimientos sociales. El resto, prácticamente se le había ido de las manos.

Luego buscó consolidar su hegemonía partidaria y, con un exceso de confianza, ordenó las internas suponiendo que iba a lograr conducciones afines en todos los distritos. Pero no fue así, el panorama se le complicó de tal manera que hoy debe volver a su estrategia anterior, a aquella en la que el PJ jugaba un papel absolutamente instrumental y no central, con lo cual lo desafía a conseguir nuevas alianzas, fortalecer las que ya tiene pero con menor poderío electoral.

El Martín Pescador provincial

Sólo basta mirar la Séptima Sección para ver este fenómeno. En Olavarría, el partido quedó en manos del kirchnerismo, con lo cual el nuevo trípode electoral frentista para 2009 estará parado fundamentalmente sobre tres nombres, José Eseverri, Miguel Santellán Gustavo Alvarez. Además, claro, del Cesso, Alberto Hernández y su agrupación, la Liga Peronista Federal de Eduardo Santellán, y la diputada provincial Alicia Tabarés de González Hueso.

En Azul, también contará con una aliada en Gloria Bidegain, pero en Saladillo será un felipista y anti K como el senador Enrique Lissalde quien conduzca al PJ. Algo similar pasará con el peronismo de 25 de Mayo porque Miguel Di Salvo se quedó con la estructura y ya se sabe que está armando para el duhaldismo.

Entonces, ¿cómo jugarán en las elecciones? ¿van a armar listas para distintas fuerzas? ¿el que el PJ será oficialista en algunos distritos y oposición en otros?. El panorama es complicado y sólo lo puede simplificar una decisión política.

Entonces, cuando se presenten las listas pejotistas, habrá una autoridad K que dirá cuál pasa y cuál se queda en este Martín Pescador justicialista. De ninguna manera el kirchnerismo permitirá que el PJ sea oficialismo y oposición a la vez.

Los afiliados, duhaldistas o felipistas, podrían forzar una interna antes de las legislativas, pero de poco servirá porque la jefatura provincial del PJ las mandaría a dormir si no aportan al Frente.

Esta es la muestra más elocuente de la crisis de los partidos. En cualquier otro país desarrollado, con calidad institucional, la puja interna se hubiese resuelto a través de elecciones y todo el partido iría encolumnado detrás de los ganadores. En cambio, hoy el PJ sigue tan dividido como en 2003, con sublemas como entonces y con escasos matices diferenciales: Kirchner utilizará una parte del peronismo, Duhalde, otra, Solá, otra, Rodríguez Saá se llevará su porción..., y cada uno con sus alianzas políticas.

Pero el problema no es sólo del justicialismo. También el radicalismo se ha fragmentado en una especie de sublemas.

Con este panorama, hoy ya nadie duda que por largo tiempo la democracia argentina seguirá siendo de candidatos y no de partidos, por lo que la horizontalidad y la renovación dirigencial dependerá de la voluntad del caudillo partidario de turno y no de factores estructurales y reglas de juego claras e iguales para todos los afiliados.

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