El tamaño de la mordida se verá en octubre

El tamaño de la mordida se verá en octubre
El alejamiento de Masso fue consecuencia del cobro de facturas. La secretaría que conducía maneja $ 12 millones anuales, una suma tentadora para pelear el puesto.
Venganza de cocina, celos políticos, lealtades traicionadas y ratificadas y una posible interna por la sucesión. A no confundirse, no está en el medio de esta secuencia -aún- el futuro del gobernador, José Alperovich, sino que refieren a lo que rodeó el alejamiento de Federico Masso del gabinete, aunque más no sea de una de las cuatro secretarías en la estructura de uno de los ocho ministerios del Ejecutivo. De hecho, el regreso de Susana Montaldo a la provincia fue una movida dispuesta por el propio gobernador, José Alperovich, para sacarse finalmente de encima al díscolo Héctor Romano. El mandatario eligió la ocasión y, tal vez, hasta las excusas de la ex ministra de Educación para que regrese a Tucumán y reasuma su banca en la Legislatura, la que le prestó por 15 meses al “Indio” piquetero.

El hecho podría haber pasado inadvertido frente al debate sobre la reforma constitucional y las negociaciones entre el Gobierno y los abogados por las vacantes en la Justicia, pero no; en un ambiente donde todo se mira con desconfianza las jugadas tienen interpretaciones, unas más interesadas que otras. Y más aún después de que Masso hizo causa común con “el damnificado” Romano y renunció a la secretaría de Atención de Urgencias Sociales y Emergencias Climáticas. Es que Masso se sintió traicionado por Alperovich. El referente de Libres de Sur estalló porque no le anticiparon el “operativo retorno” de la Montaldo, para que aporte su docilidad al ya sumiso bloque oficialista.

Lo que habría irritado más al dirigente piquetero es que el mandatario creyera que él permanecería en el Ejecutivo pese al minigolpe institucional contra su socio. Pero a Romano se la tenían jurada -se podría decir- desde que le dio la espalda a la postulación de Francisco Sassi Colombres para ocupar un lugar en la Corte Suprema de Justicia. En ese momento, más que las posiciones ideológicas esgrimidas por el parlamentario -en consonancia con la línea de pensamiento kirchnerista-, lo que realmente disgustó a los paladares negros del alperovichismo es la independencia de criterio expuesta por Romano. No podían entender que alguien “que llegó de favor” a ocupar un escaño no fuera todo lo verticalista que debiera y, encima, tuviera la “tremenda osadía” de contrariar las órdenes del gobernador. No importó que luego desde la Nación se terminase de voltear por teléfono la nominación del ex fiscal de Estado; más trascendente para los oficialistas era la desobediencia, algo inimaginable en el bloque, donde nadie objeta palabras y gestos de Alperovich.

Romano cree que la gota que rebasó el vaso fue cuando le comunicaron a Alperovich, hace 45 días, que Masso sería candidato en los comicios de octubre por fuera del Frente para la Victoria (en el medio hubo un altercado por la presentación judicial de la agrupación en contra del aumento de la tarifa de la luz bendecido por el kirchnerismo, mandamás del tucumano).

Al mandatario provincial se le presentó una disyuntiva: no podía dar a Masso un lugar en la boleta oficialista -para retenerlo en el cargo- y no se podía dar el lujo de generar un nuevo competidor para octubre. Y el acople no corre para la elección de diputados y senadores. Alperovich sabe contar, pero como político entiende el significado de perder sufragios cuando, precisamente, para lograr su propósito reformista necesita superar, o por lo menos igualar, los 400.000 votos obtenidos en los últimos comicios. No puede no repetir esa performance. Así y todo castigó a Romano y se sacó la espina de la pequeña venganza, pero sumó un contrincante que le puede restar unos cuantos votos en las capas sociales castigadas por la crisis. En la agrupación piquetera estiman que tienen un piso electoral de 30.000 sufragios (ahora, sin recursos, habrá que ver si esa cifra es defendible). Tal vez Alperovich cree que son una espinilla indolora. Hasta ahí, una de cal y otra de arena.

¿Libres del Sur jugará en la oposición? En principio no enteramente en la vereda de enfrente. Masso y Romano apuntan que serán críticos y que, habiendo compartido la gestión durante tantos años, no pueden morder tan rápido la mano de su ex jefe, y de la noche a la mañana. “Esto es política, y hay que entenderla”, reconoció uno. Más luego, quizás.

En las calles

Pero no todo sigue lineamientos tan respetuosos en términos de adversarios políticos. Existe un hecho que volcaría a los piqueteros a las calles nuevamente, tal como lo afirmó Masso a un grupo de militantes de la agrupación: “que no haya represalias” por su dimisión. La advertencia fue clara, aunque más significativa fue la frase que resonó en el seno del grupo político-social: “que no nos busquen, no somos Hugo Balceda, al que le sacaron todo, nosotros les haremos una guerra de guerrillas”. En otras palabras, saldrán a la calle porque, según dicen, la protesta social le aflige sobremanera al Gobierno.

Libres del Sur tiene centenares de beneficiarios de programas alimentarios oficiales, mantiene 135 comedores y recibe una ayuda del Gobierno de $ 105.000 mensuales, que irían a manos de los adjudicatarios de los planes sociales. En el nucleamiento afirman que reciben menos fondos que la Corriente Clasista y Combativa (CCC), agrupación que compite en su mismo segmento social. Si pierden todo eso, no tienen más remedio que retornar a la calle, adonde se puede decir, de alguna manera, que los empujaron o los mandaron.

En la Casa de Gobierno no dudan de que los piqueteros se sumarán de lleno a las protestas opositoras. No creen en intenciones ambiguas. “Veremos cuántos mueven; primero tal vez sean muchos, pero luego vendrán menos que los de la CCC”, señaló un descreído colaborador alperovichista. Sin embargo, vieron con recelo el trabajo político que hizo Masso en la Secretaría, ya que -se asegura en voz baja- usó el espacio institucional para armar y fortalecer políticamente su partido. “No le responden a José, tienen opinión propia y adelantaron que en octubre irán con sus candidatos, compitiendo por fuera del kirchnerismo y del alperovichismo”, se quejó otra fuente del palacio gubernamental, justificando la desconfianza que fueron ganando en el seno del gabinete. Reconoció, además, que el mandatario venía con ganas de “sacárselos de encima desde lo de ‘Chin’ Sassi”. “Fue grave que no salieran a apoyar al gobernador y que ahora quieran jugar políticamente por fuera”, reflexionó. En lo que coinciden todos es en que Masso hizo un buen trabajo de gestión en la Secretaría, ya que debió hacer equilibrio entre las presiones de peronistas que llegaron con reclamos al organismo para satisfacer demandas sectoriales y las respuestas que debió dar como entidad oficial a las urgencias. Masso es consciente de ello y admite que lo favoreció el no pertenecer a las filas del peronismo y a que su trabajo no fue objetado por Alperovich.

He aquí un nuevo problema para el gobernador: ¿a quién designa en el cargo en un año donde toda acción oficial repercutirá electoralmente? Entre las huestes propias sostienen que lo lógico sería que sea un justicialista. Pero ese es precisamente un gran problema en sí mismo. Los “compañeros” están acostumbrados a usar toda la estructura oficial para hacer proselitismo. Viven en campaña permanente, pero para crecimiento personal. Lo sabe Masso, que espera capitalizar en algo su tarea institucional, pero más lo saben los que miran con alguna fruición el puesto. Desde allí se puede ambicionar. Pero, y aquí está el principal problema de Alperovich, ¿a quién pondrá que no provoque recelos, sea equilibrado en el manejo del organismo y no le genere dramas políticos internos? Según dijo, el viaje a Miami le aclarará las ideas para pensar en alguien. Para cualquier dirigente peronista todo puesto de Gobierno es bueno, especialmente si la Secretaría de Estado maneja un presupuesto anual de $ 12 millones. En este punto, Masso deslizó una aseveración para que se entienda lo que se debe advertir: “no tomé la Secretaría como un botín del Movimiento Libres del Sur”.

Pero hay más para considerar si se vincula la crisis económica y sus efectos sociales con lo político-electoral. Masso hizo un trabajo con incidencia social que repercutirá en las urnas, y que puede capitalizar él o bien el oficialismo; depende de los reflejos de cada una las partes.

Al igual que en este caso, todo lo que hizo el Gobierno en materia de respuestas a necesidades sociales también tendrá su efecto electoral. Desde Libres del Sur se denunció -según sus dirigentes también se lo habrían comunicado a Alperovich- que las promocionadas soluciones habitacionales pueden convertirse en un bumerán para el oficialismo. Sugieren que su distribución fue discriminatoria, que se favoreció a punteros territoriales sin realizar una verificación de las verdaderas necesidades de la zona. Se reflexiona que, donde se prometieron 200 ayudas y sólo se dieron 120, puede haber un castigo electoral si es que hasta octubre no se responde por los arreglos faltantes.

Si están en lo cierto, lo que le sumó votos al Gobierno en los comicios anteriores, le podría jugar en contra en octubre. Lo real es que Tucumán tiene una tasa de pobreza de casi el 40% y del 20% de indigencia y eso es lo que hay que mirar y atender, más allá de las pequeñas venganzas, las deslealtades o las internas. En fin, el alejamiento de Masso sirvió para destapar historias, necesidades y especulaciones en el oficialismo.

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