¿Talento táctico o manotones de ahogado?

Por Mariano Grondona

En 1914, cuando arreciaba la Primera Guerra Mundial y el ejército alemán amenazaba a París, el comandante de las atribuladas fuerzas francesas, mariscal Foch, envió el siguiente telegrama a su gobierno: "Mi centro está cediendo y mi derecha está en retirada; por lo tanto, ataco".

Gracias a esta inesperada maniobra, París se salvó y no fue Francia sino Alemania la que, finalmente, perdió la guerra. Si llamamos talento táctico a la capacidad de sorprender al enemigo con iniciativas de corto plazo que éste no esperaba, Foch indudablemente lo poseía. En el curso de este año, el ex presidente Kirchner logró sorprender a sus adversarios políticos con iniciativas inesperadas, como el adelantamiento de las elecciones de octubre a junio y el lanzamiento de las "candidaturas testimoniales" del gobernador y numerosos intendentes de la provincia de Buenos Aires. ¿Diremos de él, entonces que, como Foch, también posee "talento táctico"? Esta pregunta es importante porque, al estatizar por sorpresa el fútbol y al presentar de apuro al Congreso su proyecto de ley para los medios audiovisuales, Kirchner ha reincidido en las mismas tácticas. ¿Estamos, entonces, ante un genio de la acción política, capaz de liberar al kirchnerismo de una situación angustiosa como lo hizo Foch cuando liberó a París? Si esto es así, ¿al ex presidente lo esperan, en consecuencia, nuevas y sorprendentes victorias?

No bien formulamos este interrogante, surgen algunas dudas. Digamos, por lo pronto, que, en tanto Foch elaboró su sorpresa con arreglo a las reglas de la guerra, Kirchner elaboró las suyas violando las reglas de la democracia. El adelantamiento de las elecciones quebrantó la ley que las convocaba para octubre de este año. Las candidaturas testimoniales implicaron, por su parte, un intento de burlar a los votantes. En cuanto a la estatización del fútbol, se promovió en abierto desconocimiento del contrato que obligaba a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) con Torneos y Competencias. No parece democrática, en fin, la idea de atribuir a un Congreso saliente, moribundo, la jurisdicción sobre un tema tan importante como los medios audiovisuales de comunicación, que debería resolver en todo caso el Congreso entrante, más representativo que aquél por haber sido elegido después de él. Sorprender a los adversarios mediante la violación de las normas vigentes no se acerca a la conducta de Foch en 1914, sino a la conducta de Hitler en 1939, cuando decidió invadir a Francia no ya directamente, sino a través de Bélgica, un país que se había declarado neutral.

Algún "realista" nos objetará que, ilegal y todo, en 1939 Hitler invadió exitosamente a Francia a través de Bélgica. Pero aquí viene la objeción principal que se interpone entre Kirchner y Foch: que éste ganó al sorprender a los alemanes en 1914, mientras que Kirchner perdió pese a sorprender a los argentinos el 28 de junio. Si una conducta ilegal no genera siquiera la victoria, ¿habrá algún "realista" que todavía la sostenga?

Sobre llovido, mojado

Si algún pretendido "realista" es, además, "chambón", ni el desprejuiciado Maquiavelo lo habría aprobado. Todo parece indicar, en tal sentido, que más de una vez Kirchner no sólo no ha logrado los objetivos que buscaba mediante la violación de las normas de la democracia, sino que ha generado, además, efectos contrarios a los que pretendía. ¿Qué ganó por ejemplo, con demonizar a Cobos para "castigarlo" por su famoso voto "no positivo" contra la resolución 125? Convertirlo en uno de los máximos referentes de la oposición. ¿Qué ganó cuando quiso manchar a Franciso de Narváez con la denuncia sobre la efedrina? Que su rival le arrebatara la mayoría en la provincia de Buenos Aires. ¿Qué logró el fanatismo kirchnerista de Carlos Kunkel cuando insultó a los gritos a Felipe Solá en la Cámara de Diputados? Empujar a su enemigo al estrellato. Hasta podría decirse, con cierta ironía, que a aquellos candidatos opositores que no "levantan" en las encuestas les convendría incentivar los ataques de los Kirchner para obtener relevancia. La burda irrupción de 200 inspectores de la AFIP en las oficinas de Clarín y en los domicilios de varios de sus directivos, así como una maniobra similar contra la sede de la Sociedad Rural, ¿serán recibidas con espanto o con secreta satisfacción por sus presuntas víctimas? ¿No terminarán por vulnerar incluso hasta las relaciones entre Kirchner y Ricardo Echegaray, hasta ayer su látigo inexorable, ya que éste, al decir "yo no fui" sobre la agresión a Clarín , permitió inferir que el promotor de este desenfreno no habría sido otro que el propio ex presidente?

Es que, cuando un político ha caído en un pozo del desprestigio y de la pérdida de credibilidad como el que hoy afecta a los Kirchner, debe tener cuidado para evitar un "efecto bumerán" en cuya virtud sus ataques contra los enemigos se puedan convertir en ataques contra sí mismo ante el tribunal de la opinión pública, ese mismo tribunal que, el 28 de junio, le bajó el pulgar.

En esta materia quedaría por decir que, aun cuando le concediéramos a Kirchner cierta habilidad "táctica", en el corto plazo, aun cuando juzgáramos que, como pensaba Homero de Ulises, es "fecundo en ardides", habría que consignar en el debe de su balance que carece de capacidad estratégica -una capacidad que no se esperaba de Foch, sino de Clemenceau- para prevenir los efectos decisivos del largo plazo. Si alguien supone todavía que a Kirchner no le faltan cualidades tácticas, difícilmente podría atribuirle cualidades estratégicas, cierta idea del país y de la historia. Esta es la valla conceptual que separa la viveza de la inteligencia .

¿Cuán peligroso es Kirchner?

Son débiles, casi inexistentes, los argumentos que permitirían pronosticarle a Kirchner el triunfo de sus designios autoritarios. Como ha señalado Rosendo Fraga, sin embargo, no hay que descuidarse porque la obstinación del ex presidente, que ya no le permitiría ganar la guerra que ha emprendido contra la democracia, podría llevarlo a prevalecer todavía en determinadas batallas . Algunos observadores han enfatizado, en este sentido, el "daño" que aún podría producirle al país su obcecación. Esta advertencia les cabe, por lo pronto, a los referentes de la oposición, para que no se duerman en los laureles. Pero el aleccionador ejemplo que vienen de dar Cobos, Macri, Narváez y otros en persona, y Reutemann en una carta, en el Congreso, podrían indicar que la oposición, finalmente, está despertando. La parte más importante de su declaración conjunta es que, aun en el caso dudoso de que el kirchnerismo obtenga la ley de medios en "éste" Congreso, el "otro" Congreso, el verdadero, la derogará a partir del 10 de diciembre. Podría decirse que si, en contradicción con la mayoría democrática expresada el 28 de junio, el Poder Ejecutivo vetara las leyes del nuevo Congreso, le sería políticamente imposible recurrir a una serie ilimitada de vetos, precisamente cuando la mayoría de los argentinos ya mira en dirección contraria.

Al iniciar este análisis, suponíamos que a la Argentina de los próximos meses se le abrirá una disyuntiva entre la derrota democrática y definitiva de los Kirchner y su insistente rebeldía contra la mayoría que ya los circunda. Ahora, al terminarlo, habría que recordar a Nietzsche cuando dijo que "nada hay más poderoso que una idea cuya hora ha llegado". La idea de una democracia plena que remonte la empinada cuesta de la pobreza, ha llegado a nosotros. Tratar de detenerla sería tan absurdo como clavar una pala delante de un alud.

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