Qué talco.

Un Basile feliz dirigió su primera práctica en Boca. Cabulero como siempre, hizo echar a un gato negro...
El comentario ya estaba instalado desde hacía varias semanas en los rincones de Casa Amarilla. "Cuando venga Coco, esto se acaba", decía uno. "Esto no va a pasar con él, van a cambiar las cosas", agregaba otro. Y un tercero completaba: "No va a permitir algo así de ninguna manera". Alfio Basile, finalmente, arrancó ayer su segundo ciclo en Boca y, como se imaginaba la mayoría de la gente que frecuenta el complejo xeneize, metió un cambio importante a la mitad del primer entrenamiento. "Saquen ese gato negro ya...", ordenó, con su voz grave tan característica, para comenzar a cambiar la suerte después de un semestre malo.

Sin el talco en este primer entrenamiento pero sin descuidar las cábalas, para su primera vez de esta segunda parte Coco llegó bien temprano por el acceso de la Bombonerita. Eran las 8.23 cuando estacionó su nueva camioneta en el playón y fue derecho al vestuario con una carpeta bajo el brazo. Allí dentro, luego de saludarse una vez más con todos los empleados, el presidente Jorge Ameal tomó la palabra y lo presentó. "Tenemos el mejor plantel de todos", le dijo el dirigente, con la aprobación inmediata del entrenador.

No bien Ameal terminó con la introducción, Basile tomó la palabra frente al grupo. "Motivación, motivación, motivación", pidió, sin caer en el vamos a ganar todo del inicio del ciclo anterior. "A la mayoría ya los conozco, tenemos confianza y ya nos vamos a poner a trabajar. Lo que les pido es que cualquier problema me lo vengan a contar para resolverlo en el vestuario", avisó, como primera medida, para tratar de terminar con el malestar interno. Y luego aclaró que en el entrenamiento de hoy comunicará "cara a cara" quiénes serán tenidos en cuenta y quiénes no (ver aparte).

Una vez finalizado el discurso grupal, a las 10, los 30 jugadores salieron a la cancha y se separaron en distintos grupos por afinidad. Enseguida, a los diez minutos, apareció el cuerpo técnico. El Panadero Díaz, con muchas más canas, salió primero. Luego se asomaron el PF Dibos y el Ruso Ribolzi y finalmente Basile. "Volvió la alegría", le gritó el Tano Pascual, un hincha de 85 años que va a todos los entrenamientos y es una de las cábalas oficiales del Coco. "Hola Tano, te quiero mucho. Espero verte todos los días acá", le respondió el técnico, visiblemente emocionado por su vuelta al trabajo.

Ya en el medio del campo, Basile lo primero que hizo fue ir hacia Riquelme, su bandera en la Selección y ahora en Boca. Se tomaron mutuamente de la cintura, se dieron un beso, charlaron. Después caminó unos metros junto a Palacio, la joya que quería recuperar pero se le va. Habló con Palermo. Con Battaglia. Saludó a Scapparoni y D'Angelo, los arqueros juveniles que les presentó Abel Alves. Y luego se dedicó a observar los trabajos físicos y dirigir el picado. Sólo se distendió para juguetear con una pelota. Y para pedir que sacaran el gato negro de la cancha y tal vez, del club. Porque las cábalas, ya lo dijo Coco en la conferencia de presentación, no ganan partidos pero ayudan.

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