La táctica de De Narváez: mostrar a Macri y esconder a Duhalde y Solá

Por: Julio Blanck

La última encuesta entregada a Francisco De Narváez por la consultora que tiene contratada lo da perdiendo frente a Néstor Kirchner en intención de voto por apenas algo más de 3 puntos: 26,6% contra 23,2%. Si el dato es cierto, si la distancia es tan estrecha, se explica sin necesidad de mayores argumentos el entusiasmo del empresario y diputado y el temor del kirchnerismo por el resultado de la elección.

El sondeo registra un ligero declive en el crecimiento del Acuerdo Cívico, que se había disparado desde los días de la muerte de Raúl Alfonsín. Ahora la lista que encabeza Margarita Stolbizer estaría en 19,7% de intención de voto.

Los números en los que cree Kirchner, hechos por un histórico encuestador del peronismo, le dan al ex presidente una angosta diferencia final de 5 a 6 puntos. Esa proyección es considerada posible también por De Narváez. Pero su medición le da un 12,2% de indecisos. Sobre este universo acotado de gente que aún no sabe qué votar, están puestos los esfuerzos de todas las campañas. Con las cifras que manejan el Gobierno y la oposición hoy nada es definitivo. Y todos lo saben.

De Narváez, que no está entrenado en la humildad, admite que una conjunción de casualidades lo puso en el inesperado lugar en donde está. Por cierto, él aportó mucho trabajo personal recorriendo la Provincia desde hace tres años, y "mucha pero mucha plata" de su bolsillo (para ponerlo en términos que el propio De Narváez ha utilizado), para instalarse como una cara conocida y esbozar, sin mucha precisión pero con efectividad, un imaginario de propuestas sobre seguridad. Pero fueron sobre todos los errores tácticos de Kirchner y la facilidad con que se gana enemistades, los que terminaron situándolo a él, casi un principiante de la política, en el lugar justo y en el momento indicado.

Un empresario de los más poderosos, de intensa interacción con los políticos, cuenta que le aconsejó a De Narváez, cuando éste le preguntó cómo veía las cosas y que creía que debía hacer de aquí en adelante: "Metete en tu casa y salí recién el día de la elección, porque es la única manera que tenés de no cometer errores". La exageración venía a cuento de lo poco que separa el éxito de la derrota hoy, en la provincia de Buenos Aires. El que se equivoque, y cuanto más cerca de la elección lo haga, puede llorarlo siempre. De Narváez cree en la validez de ese consejo.

¿Qué errores puede cometer? Según él mismo, hay dos cuestiones de las que debe cuidarse: no pelearse en público con Felipe Solá, su compañero de lista; y no pelearse en privado con Eduardo Duhalde, convertido ahora en su orientador y armador político.

En realidad, De Narváez habla de cuidar las apariencias. Siguiendo los consejos de su equipo de asesores, locales e importados, que funciona bajo el comando del ecuatoriano Jaime Durán Barba (el mismo que trabaja hace tiempo con Mauricio Macri), tiene decidido sacar a Solá de la foto, correrlo del centro de la campaña, con el argumento de que tiene una fuerte imagen negativa. Ya había tomado distancia, sin mucho disimulo, para no contaminar su propaganda sobre la inseguridad con los reclamos a Solá por ese tema, después de seis años de gobernar la Provincia. Ahora ese impulso se transformó en una decisión política fríamente calculada. Es el descarnado registro de la conveniencia política, al costo que fuera.

Alguien le llevó el cuento a Macri, para ver si intercedía para salvar una vez más la triple alianza que sostiene con De Narváez y Solá. El emisario se llevó una sorpresa: "Ya sabés como es Francisco", contestó Macri, casi resignado, dejando a Solá en la banquina, sin remedio aparente.

Es que el mismo Macri había probado de esa medicina amarga: De Narváez habla con soltura y desaprensión de su eventual apoyo a Carlos Reutemann como candidato en 2011. De la posible proyección presidencial de Macri, ni una palabra.

Quizás haya sido la manera de presionarlo para que se decida a salir con él a caminar el Gran Buenos Aires. Si fue así, le dio resultado: el martes Macri y De Narváez anduvieron por el Camino Negro, en los confines más pobres de Lomas de Zamora. Allí Macri tiene una popularidad blindada: no es el jefe de Gobierno de la Capital, sigue siendo el presidente de Boca.

De Duhalde, el candidato pretende que lo apoye y lo aconseje, pero que no aparezca. Está convencido que eso también le acarrearía costos en la opinión pública. El disimulo se le queda a mitad de camino cuando el más puro duhaldismo opera a todo vapor alrededor suyo. Pero Duhalde acepta el condicionamiento porque nada quiere más que ver a Kirchner derrotado.

De Narváez asegura que en una conversación con Duhalde le explicó que varios de sus soldados más fieles iban ser fumigados de las listas de candidatos. Dice que el caudillo de Lomas entendió y dejó hacer. Así, los duhaldistas de paladar negro se quedaron afuera. Aunque hubo algunas excepciones de pretendida picardía. En la Tercera sección electoral, sur del GBA, en lugar de Osvaldo Mércuri como candidata a legisladora provincial fue su esposa. En la boleta figuraría con apellido de soltera.

La limpieza de duhaldistas tuvo que ver, entre otras cosas, con la presión sobre Macri que ejerció Gabriela Michetti, a quien no le gusta mucho el peronismo, pero menos todavía le gustan los duhaldistas. Macri siempre tiene oídos para Michetti, que es otra de las que tienen relación difícil con De Narváez. De todos modos, los tres van a compartir la foto de campaña.

El tercer tema que preocupa a De Narváez es el de los llamados telefónicos hechos desde un celular a su nombre a Mario Segovia, llamado "rey de la efedrina". El caso sigue su trámite judicial, pero tiene un indudable tufo político electoral. "El tema de la efedrina me entró", reconoce De Narváez. Y aunque es sólo un testigo en el caso, supone que el juez Faggionatto Márquez tratará de llevarlo a los tribunales antes de la elección: "Es lo que el Gobierno le exige para salvarlo del juicio político".

Una oportuna denuncia de Segovia sobre el sinceramiento del juez acerca de ese supuesto propósito, le da ahora la oportunidad a De Narváez para tratar de apartar a Faggionatto de la causa. Aunque no hay pruebas de que esa haya sido la intención, la denuncia del abogado de Segovia, Mariano Cúneo Libarona, le vino como anillo al dedo a su estrategia de campaña.

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