La táctica del incendio

La esencia del sindicalismo es la negociación.

Apretar y aflojar, ser duro para luego acordar. Amenazar, avanzar, gritar. Sí: pero siempre para negociar.

Para eso sirven los sindicatos. Y para ninguna otra cosa.

Para que sus asociados vivan mejor, dentro de las posibilidades razonables que ofrece la economía o, en su caso, el Estado.

Salvo que uno haga sindicalismo como un preámbulo para una carrera política, no puede entonar una marcha monocorde que amenace con un incendio por día.

Porque eso lleva a los trabajadores a un callejón sin salida.

Lleva a la sociedad a una situación de desasosiego.

Y endereza al poder político a una situación difícil: la de tener que reprimir los desmanes, con los riesgos que ello supone: la existencia de heridos, lastimados, golpeados o, incluso, muertos.

La actitud incendiaria no puede ser la única respuesta sindical a favor de sus reclamos. Salvo que lo que se busque sea algo extragremial. Salvo que se intente reemplazar a este intendente por otro que se presume más permeable a los reclamos sindicales.

Es evidente que los vecinos de Córdoba, mayoritariamente, sienten animosidad hacia los sindicalistas del Suoem. También está claro que muchos extienden su disgusto hacia los empleados municipales en su conjunto. Piensan que éstos son trabajadores privilegiados, que con baja calificación cobran un sueldo que no conseguirían en la actividad privada ni en otro nivel de gobierno de ésta u otras provincias. La gente piensa también que los empleados municipales no son trabajadores demasiado esforzados, que -como exceden el número necesario- muchos de ellos están ociosos una parte del día. En definitiva, se piensa de ellos que la relación entre remuneración y esfuerzo es superior a la de cualquier otro empleo público o privado.

Probablemente los vecinos sean injustos en su calificación hacia los empleados municipales. O, mejor dicho, hacia la mayoría de ellos. El grueso de los municipales seguramente es gente esforzada, laboriosa, trabajadora y responsable; ajena a la violencia y también a las injusticias.

Pero Rubén Daniele es quien los representa y quien dice interpretar los sentimientos de los municipales. Y Daniele dice que "vayan preparando las cárceles" y que "nosotros también le vamos a seguir echando leña a este fuego". ¿Representan estos dichos a todos los empleados municipales de la Ciudad de Córdoba? Lo dudamos.

El Suoem debería mirarse en el espejo del conflicto entre el gobierno nacional y el campo. Los gremialistas realizaron cortes de ruta en todo el país durante varias semanas y el gobierno nacional se mantuvo firme. Los gremialistas se dieron cuenta de que, por la vía de los cortes de ruta, sus reclamos le enajenarían el apoyo de la gente que padecía los problemas y el caos en las rutas. Cambiaron de táctica, se mostraron dispuestos a negociar pero no consiguieron nada. Se presentaron a todas las mesas para acordar y no consiguieron nada. Pero una amplia franja de la población fue conquistada por su causa. Y eso se vio el 28 de junio. Y ahora, los sindicalistas rurales han conquistado un escenario que, más tarde o más temprano, será favorable a sus reivindicaciones.

El Suoem debería aprender de ese ejemplo. Si su causa es justa, entonces debería proponerse ganar el apoyo de los vecinos, de los que padecen por el caos que reina en la ciudad y en el municipio. En cambio, si el sindicato continúa con el incendio, no sólo no logrará hacer retroceder al intendente actual, sino que se ganará el rechazo de la gente que en el futuro se verá inclinada a votar a aquellos candidatos a intendente que prometan ser firmes con el sindicato y no a aquéllos que quieran cultivar con él una relación maravillosa. Y el escenario se irá complicando para el Suoem pero, sobre todo, para los propios trabajadores, pues llegarán a la intendencia probablemente aquéllos que la gente vea como más duros ante los reclamos gremiales.

La dureza monocorde, la promesa de un incendio cotidiano no es una fórmula eficaz para la negociación. Bajo la apariencia de tanta bravura se encubre una ausencia de cintura gremial que a la postre puede resultar perjudicial para los intereses de los trabajadores.

Llegado el momento, hacen falta menos bombos y más violines.

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