La Tablada: a 20 años de la última aventura de la izquierda guerrillera

El ataque deterioró aún más al gobierno de Alfonsín. Hubo más de 40 muertos y 2 desaparecidos.
Minutos después de las 6 de la mañana del 23 de febrero de 1989, hace hoy 20 años, medio centenar de integrantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP) irrumpieron a sangre y fuego en el Regimiento de Infantería Mecanizada 3 de La Tablada, en lo que sería la última absurda aventura de la izquierda militarista en la Argentina del siglo XX.

Un camión de reparto de Coca-Cola robado poco antes sirvió para derribar el portón de ingreso al cuartel, lo que se cobró la primera víctima, Roberto Taddía, un chico de Bernal que hacía la conscripción. Detrás ingresaron varios autos y empezó la carnicería; hacia el mediodía controlaban parte de la unidad y ya había varios muertos y heridos.

El presidente Raúl Alfonsín llegó a la Casa Rosada a las 9. El gobierno radical dudó al principio si se trataba de carapintadas: el coronel Seineldín venía de protagonizar 40 días antes el alzamiento de Villa Martelli y en ámbitos políticos se hablaba con insistencia de "remezones".

El episodio soprendió al Gobierno en vacaciones. El secretario de la Presidencia, Carlos Becerra, y el ministro del Interior, Enrique Nosiglia, debieron volver de apuro de Punta del Este. También el ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, en Pinamar por un problema de salud.

También parecieron sorprenderse los servicios de inteligencia. Recién horas después, mientras las fuerzas militares y policiales cercaban el cuartel, Alfonsín recibió la confirmación de que era el MTP. Se habló en rigor del Ejército Revolucionario del Pueblo -el diputado César Jaroslavsky fue el primero-- lo que proyectaba la sombra de la disuelta guerrilla guevarista de los 70 a las postrimerías del gobierno alfonsinista, que ya arrastraba serias dificultades: racionamiento energético, el "Plan Primavera" que naufragaría un mes después, y el llamado a elecciones anticipadas para mayo.

Al frente del asalto estaba Enrique Haroldo Gorriarán Merlo, viejo guerrillero del ERP y miembro de la dirección del MTP. Desde diciembre de 1988, el MTP venía sosteniendo que los carapintada preparaban un golpe de Estado. Así lo habían denunciado el 12 de enero el abogado Jorge Baños y Francisco "Pancho" Provenzano (muerto el primero en La Tablada, fusilado el segundo según se denunció), que involucraron al candidato presidencial Carlos Menem y a Seineldín. El MTP tenía fluidos contactos con todos los partidos. Provenzano se reunía incluso con Nosiglia; se conocían desde chicos, venían de familias radicales con fuertes lazos.

Toda la tarde del 23 se combatió en La Tablada, donde el segundo jefe, mayor Horacio Fernández Cutiellos, ya había sido muerto en la toma del edificio de la plana mayor. Por decisión del jefe del Ejército, Francisco Gassino, la recuperación no estuvo a cargo del comandante natural de la jurisdicción sino del Inspector General del Ejército, general Alfredo Arrillaga, hoy procesado por delitos de lesa humanidad.

La represión desmesurada sería criticada con el correr del tiempo. "Hubo mucha confusión que demandó un tiempo excesivo en la recuperación (aproximadamente treinta horas), un importante número de bajas y la destrucción innecesaria del cuartel", afirmó en sus memorias el ex jefe del Ejército, Martín Balza.

En la Casa Rosada, viendo por televisión cómo era cañoneado el Regimiento, el jefe de la Policía Federal, Juan Pirker, dijo una frase memorable: "Con gases lacrimógenos en dos horas desalojo a todos". Pirker murió no mucho después en el Departamento de Policía, según la versión oficial a causa de un ataque de asma.

La agencia DyN recibió el llamado de una mujer desde el interior del cuartel. "Nos están masacrando". "No los dejaban rendirse, no querían que saliera ninguno vivo", aseguró a Clarín un oficial retirado que participó de la recuperación. El ex ministro Jaunarena negó a este diario que Alfonsín tuviera esa información pero aseguró: "Quería tener la certeza de que no se incurriera en excesos de violencia. Alfonsín insistía en ir cuanto antes, por eso fuimos con la seguridad aún no garantizada y en medio de disparos de francotiradores". Custodiados por comandos con las caras pintadas Alfonsín, Jaunarena y el vocero José Ignacio López recorrieron la unidad donde todavía yacían en el terreno los cadáveres mutilados y carbonizados de los guerrilleros.

Con la atribución del hecho a los carapintada -habían tirado falsos volantes con ese fin-- los atacantes habrían buscado generar una sublevación popular, según se desprendía de una proclama que Alfonsín calificó de "delirante". El informe de Gassino sostuvo que quisieron "tomar el poder". Una versión nunca comprobada señaló que el MTP fue víctima de una "operación de inteligencia".

Entre las consecuencias, los militares volvieron a hablar de "rebrote subversivo", de la guerrilla como "un problema militar" y se activó por decreto el Consejo de Seguridad Nacional. Retrocesos para la democracia recuperada sólo cinco años atrás.

Hubo 39 muertos: 9 militares (4 eran conscriptos), 2 policías y 28 guerrilleros: éstos denunciaron fusilados y desaparecidos. El ataque concitó el repudio unánime de los partidos y la sociedad. El periodista Osvaldo Soriano escribió días después: "No habrán querido que se los llame terroristas, pero su metodología los acerca más a Hitler que a Lenin. Usaron el engaño como punto de partida para una supuesta sublevación popular y partieron de una falsedad histórica: atribuir a otros la responsabilidad de un crimen para usarlo, con disimulo, en provecho propio".

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