El susto que corre a los Kirchner

Empieza a virar la opinión presidencial sobre los efectos de la crisis internacional. El Gobierno actúa ahora con cautela. La obsesión es sostener el superávit fiscal. También preocupa el impacto comercial con Brasil. El ex presidente rehace más vínculos en el PJ. Por: Eduardo van der Kooy

El problema de Cristina y Néstor Kirchner no es lo mucho que han padecido en estos diez primeros meses de gobierno. El problema es el tiempo económico y político que sobrevendrá cuando la feroz crisis internacional encuentre algún norte y algún puerto. No existen indicios en el mundo de que eso esté cerca de ocurrir.

Los indicios alimentan, en verdad, sólo malos presagios. El Grupo de los Siete, que congrega a las naciones más poderosas, hizo el fin de semana anterior un gesto de unidad y anunció un plan de salvataje. El repunte de los mercados duró apenas 48 horas. Enseguida retornó la volatilidad incontrolable. Ese desequilibrio reveló varias cosas: la demora en reaccionar que exhibieron las potencias, la desconfianza global que fue escalando en el lapso de vacilaciones, la ausencia de liderazgos colectivos o individuales, la convicción de que se avecinan momentos difíciles para la producción, el consumo y el empleo.

Un trabajo del Banco Mundial que llegó a manos de autoridades argentinas recogió en las últimas horas esas feas expectativas. Tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea crece el pesimismo y el temor: entre el 75% y el 80% de sus ciudadanos opinan que el 2009 será un tiempo de gran recesión. El volumen de esa recesión dependerá, en buena medida, de cuánto más le demande a los mandatarios del mundo enderezar la situación. La recesión aterrizó en Estados Unidos y varios países de Europa. España registra la tasa de desempleo más alta de los últimos veinte años. Beatriz Nofal, la economista jefa de la Agencia Nacional de Inversiones, advierte: "La recesión podría convertirse en depresión".

Aquella ausencia de liderazgos asoma como otro signo inquietante de la crisis. La decadencia de George Bush pareció dejar a Estados Unidos a la intemperie no bien el problema se insinuó. El comportamiento que en 1994 exhibió Bill Clinton y su equipo frente al tequila mexicano —un estallido de menor envergadura que el actual— resultó la contracara de Bush. El entonces secretario del Tesoro, Robert Rubin, ejecutó un salvataje de 40 mil millones de dólares en sólo tres días. El tiempo electoral le añade incertidumbre: 'Podrá seguir Estados Unidos y el mundo a la deriva hasta el 4 de noviembre, cuando los estadounidenses deban decidir entre Barack Obama y John McCain? El nuevo mandatario entrará en la Casa Blanca recién en enero. El candidato demócrata dijo que si triunfa anticipará su gabinete y un plan de acción una semana o diez días después de esa supuesta victoria.

La desorientación de Washington tampoco logró ser compensada por la Unión Europea. Gordon Brown, el premier laborista de Gran Bretaña, emergió fortalecido por haber sido considerado inspirador del salvataje del G7. Pero aún así su popularidad sigue reptando. El eje histórico de Francia y Alemania tampoco funcionó porque esas naciones tienen desde hace tiempo conducciones debilitadas, aunque Angela Merkel vaya marcando diferencias cualitativas claras sobre Nicolás Sarkozy. La Italia de Silvio Berlusconi carece hoy de peso real.

El matrimonio presidencial tomó al principio en solfa aquella revulsión financiera y económica del mundo. Se recuerda, en ese aspecto, el desafortunado paso de Cristina por Nueva York durante la Asamblea de la ONU. La Presidenta resolvió archivar las ironías para referirse al drama. Dos veces en diez días, con matices de lenguaje, afirmó que la crisis tendrá consecuencias económicas y sociales, también en la Argentina. Una admisión tardía pero imprescindible.

El matrimonio parece comenzar a mostrar frente al problema el hábito de tantas veces. El discurso tiene un rumbo que muchas veces no encuentra asidero en las decisiones oficiales. Kirchner repite a sus interlocutores cotidianos en Olivos que todo está bien y que todo marcha bien. Cristina acepta futuras dificultades, aunque hasta ahí. Ambos están convencidos de que no deben acentuar los miedos y el malhumor a una sociedad que se está deslizando, según todos los relevamientos de opinión pública, entre el malestar y el escepticismo. 'Prevención, cierta necedad? Ese gesto, en general, domina a los dirigentes en los tiempos adversos. El mismo gesto disparó intensos debates en España porque José Luis Rodríguez Zapatero recién ahora blanqueó la caída de la actividad económica de su país. Esa caída tenía ya registros inocultables en marzo.

Cristina y Kirchner siguen refugiados en el superávit fiscal como si se tratara de una fortaleza. Ese superávit sufrirá con la crisis. Los precios de los commodities, en especial de la soja, se están derrumbando. El ex presidente intenta frenar cualquier atisbo de pánico: "La soja está en el precio que estuvo hasta marzo del 2007. El superávit era como ahora tres puntos del PBI", explica a los peronistas que preguntan. Lo que nunca explica es lo que ocurrió más adelante: el precio de la soja trepó hasta las nubes pero la enorme diferencia fue consumida con desaprensión por el gasto público y las necesidades electorales.

Otra amenaza para aquel superávit es la segura caída de la actividad y el consumo. Será una caída mundial porque no habrá mercado que no padezca retracción. China ya teme por sus exportaciones: el 40% las destina a Estados Unidos. Brasil sufrirá un fenómeno similar dentro y fuera de sus fronteras. El real se viene depreciando. La Argentina contabiliza un abultado déficit comercial con su vecino. Las importaciones brasileñas aumentaron el último mes otro 1,4% respecto de agosto. La UIA y la CGT advirtieron sobre el riesgo de una invasión de productos de ese origen. El Gobierno respondió con su primer reflejo: puso límites a más de un centenar de productos que provienen de esas naciones.

En ambos casos se plantean cuestiones delicadas. 'Podrá la Argentina imponer incontables restricciones a un país, como China, comprador principal de sus materias primas? El problema podría ser mayor con Brasil por su cercanía geográfica y su vínculo político. Los Kirchner se han aferrado a Lula y el mandatario brasileño dio órdenes de atemperar cualquier fricción con la Argentina. Se trabajó toda la semana a nivel diplomático y económico. Alfredo Chiaradía, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, y Fernando Fraguío, el secretario de Industria, anticiparon a Itamaraty y al Planalto lo que iba a suceder.

El Gobierno sabe que el consumo viene cayendo —los datos de agosto lo denuncian— incluso antes de esta crisis. Sabe que sectores productivos clave, como el automotriz, decidieron moderar su producción y que los niveles de empleo que marca el INDEC, como los de la inflación, están desacoplados de la realidad. Crédito había poco y desde ahora habrá menos. Las inversiones hace mucho que son insuficientes. Por esa razón los Kirchner ordenaron hurgar en el fondo de la lata.

Carlos Fernández, el ministro de Economía, hizo la semana pasada un monitoreo de las disponibilidades del Estado. Diferentes organismos tienen en el Banco Nación depósitos que alcanzarían hasta los 25 mil millones de pesos. La discusión está abierta. Sergio Massa, el jefe de Gabinete, propuso que parte de ese dinero se utilice para ayudar a financiar exportaciones que podrían encogerse por la ausencia de crédito. Carlos Fernández se inclinaría por destinarlos a la reactivación de la obra pública que se ha frenado o paralizado en distintos rincones del país.

La última palabra, como siempre, la tendrá Kirchner, quien sigue convencido de que, pese a la crisis mundial, el Gobierno debe enviar señales externas para darle forma al plan de financiamiento. Carlos Fernández reiteró la promesa vaga de cancelar la deuda con el Club de París. Cristina se reunió con los tres bancos extranjeros que se ocuparían de la viabilidad de los préstamos garantizados.

El ex presidente cree que la otra herramienta para capear la tormenta está en la política. Está, sobre todo, en el peronismo. Continúa desandando el camino que trazó en los días incomprensibles del pleito con el campo. Había sellado la tregua con Juan Schiaretti, el gobernador de Córdoba, y con Carlos Reutemann. La última semana lo hizo con el entrerriano Jorge Busti. Pretende rehacer, por dos razones, un peronismo desflecado: a Cristina le hará falta respaldo político cuando aterrice aquí lo peor de la crisis que da vueltas por el mundo; necesita al partido más que a cualquier ensayo transversal para afrontar las elecciones legislativas del año que viene.

Busti se encontró con un Kirchner manso y comprensivo. El ex presidente ni le insinuó al ex gobernador que declinara el acto paralelo por el 17 de Octubre que finalmente hizo el viernes en Concordia mientras él volvía a la tribuna en Paraná. Oyó tranquilo algunas críticas por los momentos del conflicto con el campo. "Se cometieron errores. Ya está", intentó saldar Kirchner con tono de autocrítica. Pero apenas horas después se despachó contra Julio Cobos.

'Cambió el matrimonio? No hay garantías de ese cambio. Sólo constancia fehaciente de que el ruido de la crisis los asusta. El susto es, tal vez, el único sentido que podría provocar milagros en los Kirchner.

Comentá la nota