El suplente estratégico para neutralizar a Cobos

El presidente provisional del Senado es el hombre al que apostó Kirchner para asegurarse la aprobación de la ley de medios en la Cámara Alta. Supo ser duhaldista hasta que pasó a revestir en las filas K. Cómo está hoy la relación entre ambos.
La semana que pasó lo tuvo como protagonista.Y, en los días venideros, el nombre de José Juan Bautista Pampuro, alias Pepe, ex duhaldista de paladar negro, devenido kirchnerista y, según sus detractores, hombre tributario de líder de turno, seguirá dando que hablar. Y es que, aunque su relación con Néstor Kirchner ya no es la que era, el actual presidente provisional del Senado, segundo en la línea de sucesión presidencial, es una de las piezas clave a las que apostó el Gobierno para asegurarse en la Cámara Alta una victoria decisiva en su enfrentamiento con el Grupo Clarín: la aprobación -tal como está, según los planes oficiales-del proyecto de ley de servicios de comunicación audiovisual.

Hombre discreto y cultor del bajo perfil, la historia política de Pepe Pampuro, oriundo de Lanús y ex discípulo del legendario Manolo Quindimil, está íntimamente ligada a Eduardo Duhalde. Ex operador político de cabecera del caudillo bonaerense, Pampuro -no se cansa de repetirlo- fue el principal impulsor de Kirchner-2003 cuando el bonaerense todavía dudaba en bendecir a José Manuel De la Sota como su sucesor y digería a regañadientes el no definitivo de Carlos Reutemann. "Kirchner me entusiasmó porque era un hombre joven, que venía del sur. Creí mucho en él", recuerda hoy sobre aquellos días. Su "eterna" amistad con Duhalde -hasta fue el médico de los cinco hijos del ex presidente- se quebró el día que Kirchner decidió romper con su padrino político, allá por 2005. Pragmático, Pampuro, que hasta entonces solía definirse como "el duhaldista más kirchnerista" apostó a ganador y se quedó -sin dudar demasiado- del lado del santacruceño. Acompañó a Cristina Kirchner en la boleta que enfrentó y venció en territorio bonaerense a Hilda Chiche Duhalde. Chiche nunca se lo perdonó. Devolución de gentilezas, la actual senadora llegó a ponerlo en aprietos con su nuevo jefe cuando ventiló a los cuatro vientos que, tras la ruptura, Pampuro le envió una carta donde decía todo lo que la quería y que le gustaría volver a tomar mate en su casa. A Kirchner, claro, no le gustó. Desde entonces, como "prueba de amor" al patagónico, Pampuro no volvió a hablar con Duhalde. Esa distancia, después de tantos años de amistad y mates compartidos en la intimidad familiar de Lomas de Zamora, todavía lo atormenta. "Para mí fue una frustración. Creo que es un tema que aún debo cerrar desde el punto de vista personal, no político", confesó hace poco en privado. Ese nivel de confianza que tuvo con Duhalde nunca lo tuvo con Kirchner. Pampuro fue funcionario de la gobernación bonaerense, en distintos cargos, entre 1991 y 1999. Después asumió como diputado nacional y en 2002 dejó su banca para acompañar a Duhalde en su interregno presidencial tras la caída de Fernando de la Rúa. Fue primero coordinador de la Unidad Presidente y luego secretario General de la Presidencia. Su despacho estaba pegado al del ex presidente.

Al calor del patagónico

El 25 de mayo de 2003, cuando Kirchner llegó a la Casa Rosada, lo premió con el Ministerio de Defensa por haber sido el primero en jugarse por su candidatura presidencial cuando pocos apostaban por él. No fue un comienzo fácil. A Pepe le tocó ejecutar la orden de descabezar a las cúpulas militares, una tarea poco grata sobre la que, en privado, solía bromear: "Néstor me mandó a Siberia". Hombre de consensos, sin embargo, Pampuro supo trabar una buena relación con los militares. Hoy confiesa que se sintió "ridículo" la noche que Néstor Kirchner lo llamó a su celular y lo envió a una cena de militares retirados en la sede del Regimiento de Patricios porque pensaba que estaban conspirando contra él. "Estaban festejando un cumpleaños. Me quedé a comer el asado", recuerda. Y se ríe con ganas. En rigor, Pepe nunca comulgó con la máxima K que divide al mundo en "buenos" y "malos". Siempre procuró tender puentes con todos los sectores, fueran afines o no al oficialismo: la oposición, el campo y hasta con Cobos después del voto "no positivo" contra la 125. "Siempre les dejé en claro que yo no le iba a hacer a Cobos lo que Cobos le hizo a Cristina", solía decir en aquellos días calientes de julio de 2008. Su relación con el vice está intacta.

Pampuro fue también gestor del fracasado intento del año pasado por recomponer el vínculo entre Kirchner y Roberto Lavagna.

Igual que la Presidencia Provisional del Senado, los frecuentes viajes al exterior integrando la comitiva presidencial o sus visitas a la intimidad de Olivos, fueron un premio a su fidelidad. Sin embargo, hace rato que el ex presidente dejó de considerar a Pampuro como uno de sus "fieles soldados".

La relación comenzó a enfriarse a principios de este año y, después de las elecciones del 28 de junio, el ex presidente ya no le atendió el teléfono. El diálogo entre ambos, sin embargo, se retomó hace pocos días, cuando Kirchner necesitó de la "muñeca" política de Pampurito (apodo que se ganó por su contextura física pequeña) para garantizarse el tratamiento de la polémica ley de medios en el Senado. Rápido de reflejos, el Gobierno tramó un ardid para dejar esta vez a Julio Cobos fuera de combate y evitar que repita su "hazaña" del año pasado, cuando su voto de desempate volteó las retenciones móviles. Así, lo puso a Pampuro a presidir el cuerpo y decidir a cuántas comisiones iría el proyecto, mientras Cobos reemplazaba a Cristina al frente del Ejecutivo durante su viaje a Nueva York. La estrategia podría volver a repetirse en el recinto, si es que finalmente la ley se trata el 14 de octubre, día en el que Cristina partirá hacia a la India.

Una relación con idas y vueltas

El nuevo acercamiento entre Kirchner y Pampuro se hizo aún más evidente el martes, cuando Pepe lo acompañó a un acto con intendentes en su distrito, Lanús. "Ese titán que tenemos adelante es el hombre que marcó este tiempo. Y este tiempo ha sido y es de Néstor Kirchner", sorprendió Pampuro al patagónico, en un caluroso discurso de bienvenida. La declaración -algo desproporcionada, hay que decir, para los tiempos que corren- ayudó a distender, pese a que el ex presidente todavía mastica bronca contra Pampuro por la visita que hizo meses atrás a la exposición Rural junto a Daniel Scioli, en un gesto para diferenciarse del Gobierno.

Las críticas que puertas adentro Pepe le dedica al matrimonio presidencial por cerrarse más sobre sí mismo frente al escenario que se abrió post 28-J también habían puesto distancia entre ambos.

"El peronismo se debe una autocrítica profunda después del resultado de la elección y debe abrir su participación a los sectores que no se sintieron representados", se escuchó en el despacho de Pampuro en los días que siguieron al comicio. En confianza, el senador también suele objetar la decisión de Kirchner de sostener al secretario de Comercio Guillermo Moreno y la falta de protagonismo de algunos ministros del Gabinete. Pese a todo, Pampuro tiene en claro que no romperá filas con Kirchner por su rol institucional.

"Estaré arriba del escenario cuando este proyecto termine", afirma. Quizá lo diga porque sus aceitados contactos con Carlos Reutemann -a quien apostaba hasta hace poco para 2011- ya no le generan demasiada expectativa. Pampuro cree que el tiempo del santafesino ya pasó. "Pienso que el Lole finalmente no será candidato", se le escuchó decir.

Conocido entre sus pares por sus pronósticos agoreros, Pepe vaticina un 2011 complicado para el PJ. "Irá dividido. El ballotage estará entre Macri y Cobos", arriesgó hace poco según contó a We un colaborador del senador.

También avizora para Cristina un tiempo complicado, de mucha conflictividad social. "No creo en los fantasmas, pero detrás de estos cortes violentos algo hay", desliza, en consonancia con las teorías conspirativas que empezaron a esbozar funcionarios del Gobierno a partir del conflicto de Kraft.

¿Y para su futuro? Pampuro imagina que a partir de 2011 tendrá más tiempo para dedicarle a su familia. Tiene tres hijas y dos nietos que son su debilidad. "Yo me iré a mi casa. Después de Kirchner es difícil... no me veo con otro", dice. No se lo ve del todo convencido.

Pampuro nunca construyó una estructura territorial propia y trabajó toda su vida "a la sombra" de algún proyecto ajeno, para otros candidatos. Pero no hay que subestimarlo. Pepe siempre se las ingenió para estar muy cerca del poder.

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