Superti subió a Giacometti y lo debió bajar por la rebelión de los secretarios

A primera hora de ayer el ministro de Justicia, Héctor Superti, subió las escaleras del edificio frente a la plaza San Martín en la capital provincial e ingresó al principal despacho del Ministerio de Seguridad. En el lugar lo esperaba su flamante colega Alvaro Gaviola para recibir los primeros y necesarios consejos de quien fuera el mentor de su designación y también de la frustrada nominación de su segundo, José Luis Giacometti.

Por imperio de formación, trayectoria y experiencia, Superti se convirtió desde hace rato en una de las principales voces que escucha el gobernador Hermes Binner y en un primus inter pares en el gabinete del Ejecutivo, extendiendo su jurisdicción, por caso, hasta las decisiones políticas.

Esto, que desde afuera del gobierno apenas se vislumbraba, pasó a ser señalado tras el acto de la solitaria asunción de Gaviola para reemplazar a Daniel Cuenca.

Su estado de salud le impidió a Cuenca llegar en funciones hasta el 10 de este mes, como se habían propuesto con su segundo, Carlos Iparraguirre, cuando tiempo atrás anunciaron internamente que se irían de Seguridad.

El nombramiento de Giacometti, en rigor, se cayó muy poco antes del acto vespertino del miércoles en el Salón Blanco y cuando los secretarios de Seguridad Comunitaria, Enrique Font; de Asuntos Penitenciarios, Leandro Corti, y de Control de las Fuerzas de Seguridad, Gonzalo Armas; deslizaron que podrían renunciar en masa si Superti persistía en sostener al ex jefe policial, cuyas ideas sobre la seguridad cuestionaron por ser opuestas a las que ellos y el gobierno vienen intentando aplicar en la materia.

Ola de rumores. Aunque fue evidente la decisión política de no hablar que ayer reinó en todos los despachos relacionados con los nombramientos, ello no logró parar las cataratas de rumores que desplazaron de la escena al ministro de Gobierno, Antonio Bonfatti, y alzaron en su lugar a Superti. Este diario escuchó a un funcionario considerar a éste último como una suerte de jefe de gabinete en la sombra.

Otra fuente —legislativa en este caso pero tan oficialista como la primera— redefinió la paternidad de Superti en el nombramiento de Gaviola al nivel de una cuasi-intervención. En los hechos, dicen, el ministro de Justicia incidirá de modo decisivo en Seguridad hasta tanto el sucesor de Cuenca se asiente y comience a dominar el área.

Dado que estas versiones podrían estar exageradas a la luz de alguna interna de las que no faltan en ningún equipo político, menos en los que administran poder, un dato está confirmado: la fuerte recriminación de los secretarios Font, Armas y Corti por el nombre de Giacometti fue formulada principalmente a Superti aunque en la reunión que se inició a las 14 y terminó poco rato antes del acto convocado en el Salón Blanco, también estuvo Bonfatti.

Si el oficialismo guardó silencio oficial, otros sectores suplieron con creces la ausencia de declaraciones y nutrieron micrófonos y grabadores con generosidad.

El primero en salir a hora temprana en las radios de la provincia fue el policía Miguel Zalazar, titular de Apropol, quien trazó públicamente la hipótesis de una confrontación desatada entre los partidos que integran la coalición gobernante.

Barco sin capitán. "Esto es un barco al que en alta mar le desapareció el capitán o un avión que se quedó sin piloto. Queda en evidencia lo que venimos diciendo de la interna entre esta multiplicidad de partidos, entre el radicalismo, el socialismo y el PDP, donde dejan de lado la seguridad pública y transforman esto en una función netamente política", azuzó Zalazar, en elíptica adhesión a la mano dura que, se atribuye, entusiasma a Giacometti.

Zalazar defendió a Giacometti calificando de "cachetada" la marcha atrás en su nombramiento que, aseguró, mostraba "el rumbo que se le quiere dar a la seguridad pública, más allá de los cuestionamientos que se le pueden hacer" al ex jefe policial.

Para el gremialista policial, el radicalismo se opuso al nombramiento para preservarse un espacio de gobierno que entienden corresponde a ese partido.

Hicieron cola para pegar. Los peronistas hicieron cola con comunicados y declaraciones, pisándose unos a otros, por ganar notoriedad pegándole al gobierno socialista por su desprolijidad (ver aparte).

Con una consecuencia no menor: el afán de algunos peronistas por sacar rédito público usando las expresiones más contundentes y los epítetos más impactantes, los llevó a banalizar argumentos de una discusión que, por la complejidad e incidencia social de su materia, debe guardar siempre en la dirigencia un nivel por lo menos de responsabilidad.

Aunque se supone que con un sino exhortativo a la prevención, el presidente del Partido Justicialista santafesino y senador por el departamento General López, Ricardo Spinozzi, apeló al tremendismo afirmando que "cuando se improvisa en materia de seguridad el costo se paga en vidas".

Con más acierto se quejó Spinozzi de la improvisación y falta de acuerdo que resultó indisimulable con la asunción fallida de Giacometti al frente de la Secretaría de Seguridad Pública.

Comentá la nota