Superó Brown otro desafío a su liderazgo

A pesar de la histórica derrota electoral del laborismo, obtuvo anoche el respaldo de su partido; ayer renunció otra ministra
LONDRES.- Puede que cueste creerlo, pero si hay un laborista británico que logró encontrarle el lado positivo a la peor derrota electoral de su partido desde la Primera Guerra Mundial, ése es Gordon Brown.

Porque la debacle en las elecciones europeas y locales fue tan increíblemente humillante que la mayoría de sus correligionarios -incluidos muchos de sus críticos- quedaron paralizados por el shock. Y esto le permitió anoche campear la más seria tormenta política sufrida por un primer ministro laborista de la que se tenga memoria.

El oficialismo terminó en tercera posición -en el condado de Cornwall finalizó en sexta posición- con un 16% de los votos, detrás de los conservadores (28%) y del antieuropeo Partido Independentista del Reino Unido (UKIP, 17%). Fue desplazado por los tories en lo que fue su más emblemático bastión desde 1919: el principado de Gales. Terminó a la cola de los nacionalistas (SNP) en Escocia y es en gran parte culpable del histórico triunfo que dio al racista Partido Nacionalista Británico (BNP) sus primeros dos asientos en el Parlamento Europeo. (Un estudio reveló que un 47% de los votantes del BNP son ex laboristas.)

Confrontados a semejante abismo, la mayoría de los parlamentarios oficialistas parecen haber contraído una espontánea alergia a las urnas. Ninguno quiere que el primer ministro llame a elecciones anticipadas por temor a ver sus carreras políticas truncadas abruptamente.

Y es esto, justamente, lo que Brown parece haberles ofrecido como única alternativa en una reunión de emergencia convocada por la dirigencia partidaria, con los 350 parlamentarios laboristas en la Cámara de los Comunes.

La misiva que dio vida a la "conspiración del Hotmail", en la que se pedía su renuncia, parece no haber sido nunca impresa, por más que sus anónimos autores afirman haber recibido el apoyo de más de 50 de los 71 parlamentarios que necesitaban para activar un proceso de censura del primer ministro.

Durante la reunión en una sala del palacio de Westminster, sólo ocho blairistas, encabezados por el ex ministro de Educación Charles Clark, se atrevieron a decirle a Brown en la cara que no lo creían la mejor persona para rescatar al partido del pozo en el que ha caído.

Horas antes, otra ministra se había sumado a la lista de los ocho renunciantes en menos de una semana. Esta vez, fue la titular de Medio Ambiente, Jane Kennedy, quien dijo verse forzada a dimitir ante la imposibilidad de "prometer lealtad" al mandatario, a quien acusó de "acosos, amenazas e intimidaciones".

Pero los aliados de Brown, dirigidos por el habilidoso lord Peter Mandelson, parecen haber orquestado el encuentro en Westminster de modo tal que el premier fuera recibido con una lluvia de aplausos e incluso algunas ovaciones, lo que desestabilizó a los rebeldes, muchos de los cuales no conocen la identidad de sus coconspiradores.

"Tengo mis fortalezas y mis debilidades. Sé que hay cosas que hicimos bien y otras, no tanto. Pero los problemas se resuelven afrontándolos, no evitándolos", señaló Brown durante la reunión.

Al final del encuentro, que duró apenas 20 minutos, el parlamentario Barry Sheerman, que había pedido la realización de un votación secreta para decidir el futuro de Brown, salió concediendo que la mayoría de los presentes no lo había apoyado en su iniciativa.

Más aún, Sheerman dijo estar dispuesto a darle crédito a la promesa pronunciada por Brown de "escuchar y consultar más" a sus correligionarios. "Si él cumple con lo que dice, críticos como yo frenaremos toda rebelión", señaló.

Menos caritativo, el laborista de izquierda Jeremy Corbyn sostuvo: "Gordon se compró un respiro, pero está todavía a prueba".

La próxima batalla podría tener lugar dentro de un par de semanas, cuando el primer ministro lleve a la Cámara de los Comunes un borrador de ley para privatizar el correo, proyecto al que se opone el ala tradicional del partido.

El líder de la oposición, el conservador David Cameron, en tanto, aprovechó la ocasión para destacar lo que calificó de situación "ridículamente característica de la ineficacia del laborismo".

"El primer ministro no puede hacer un recambio ministerial y sus críticos no son capaces de organizar un golpe. Están los dos bandos atados juntos en una lenta danza de la muerte", ironizó Cameron, la figura que ahora todo parece indicar que, en cuestión de menos de un año, será el próximo primer ministro británico.

Racismo

No sólo la estrepitosa derrota del laborismo causó conmoción en Gran Bretaña. El avance del BNP, un partido de extrema derecha que sólo acepta blancos entre sus filas, despertó preocupación y el rechazo casi unánime de todas las fuerzas políticas.

"Es decepcionante... Es gente espantosa", dijo Cameron. El laborismo, en tanto, dijo que era "terrible" que ese partido xenófobo hubiera ganado dos escaños en el Parlamento Europeo.

El líder del BNP desde 1999, Nick Griffin, que define el islam como una religión "desagradable y perversa", celebró la victoria y no ahorró ironía a la hora de explicar su triunfo.

"Hay mucho racismo en este país -dijo a la BBC-, sobre todo hacia la mayoría de «indígenas» británicos. Esta es una de las razones por las cuales nos fue tan bien en estas elecciones."

El PP presiona a Rodríguez Zapatero

* MADRID (ANSA).- El conservador Partido Popular (PP), que ganó las elecciones europeas en España, consideró ayer que hay "motivos suficientes" para que el presidente socialista del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se presente a un voto de confianza en el Parlamento. "Hay motivos más que suficientes para que el presidente del gobierno plantee una cuestión de confianza", afirmó la secretaria general del PP, María Dolores de Copsedal, cuyo partido ganó con el 42,23% de los votos, frente al 38,51% que obtuvo el socialismo.

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