El superávit de junio será peor. ¿Y después?

Por: Guillermo Laborda

El derrumbe de los números del superávit fiscal de mayo estaba en línea con el objetivo del Gobierno: aumentar el gasto público al máximo antes de las elecciones y en sintonía con la caída de la actividad. En junio, tampoco primó la prudencia del gasto. No sorprende; es un meta oficial poner en juego todas las barajas posibles para el 28.

Pero tras el próximo domingo, independientemente del resultado, habrá correcciones en el rumbo económico. Pocas alternativas tiene el Gobierno a mano: ajuste fiscal clásico, ajuste del tipo de cambio o requerir crédito internacional a organismos. Por lo pronto, cambios en el dólar están fuera de la agenda oficial, según confiesan altos funcionarios de la Casa de Gobierno. Por el lado del gasto, las medidas se concretarán en pequeñas dosis en la reducción de subsidios, especialmente de los 7.000 millones dedicados al transporte, los $ 3.000 millones para alimentos y $ 12.000 millones de tarifas. Sobre el último punto, aún mantienen las esperanzas de que el FMI podría dar un desembolso de u$s 10.000 millones sin condiciones. Una conjetura que escapa a cuanto está aconteciendo hoy con los desembolsos del organismo. ¿Y si viene un canje o swap al estilo de los ya acordados con Brasil y China, pero con la Reserva Federal? También es virtualmente imposible hoy, y quienes deberían estar encabezando una negociación de esa naturaleza no están efectuando ninguna gestión. Lo único concreto es que, en la semana del 29, para intentar desactivar las presiones sobre el dólar, llegará al país el ministro Guido Mantega de Brasil para firmar un acuerdo de asistencia recíproca por el equivalente a u$s 1.800 millones.

El gran dilema

Paradójicamente, no hay previstos anuncios para el principal problema hoy, que es la constante fuga de dólares del país. Creer que el 29 automáticamente desaparecerá es pura ficción. Incluso puede acelerarse en función del resultado electoral. ¿Se siente más seguro un inversor con un holgado triunfo del Gobierno en la provincia de Buenos Aires? ¿Se siente más seguro con una derrota ante Francisco de Narváez? Ningún escenario actúa como sedante, menos si Guillermo Moreno aumenta su poder e influencia. Y a estas hipótesis deben sumarse cuanto suceda en Santa Fe, distrito menospreciado por analistas, pero con importantes repercusiones políticas y económicas para después del 28. Es más, quizás el resultado electoral del domingo obligue a comprometer más partidas de gasto público para mantener acuerdos políticos. Esto es otro aliciente a la fuga de divisas. Hay una alta correlación entre esa variable y el desorden fiscal.

Por ello es que tras el miniboom de los títulos públicos en mayo y la primera quincena de junio, ahora las apuestas se desarmaron. Se anticipan tiempos en los que para comprar, hay que ver. No es tanto el temor a una cesación de pagos, sino la imposibilidad de predecir lo que puede suceder en materia política y económica tras el 28. Quizás llegue otro milagro externo, con otro fuerte impulso a la soja y lluvias para todo el sector agropecuario. Es posible. Pero algo de lo arriba mencionado tiene que ocurrir dado que el desborde observado en materia fiscal no puede prolongarse en el tiempo. Lo que está a la vista es que un giro a la ortodoxia y un acercamiento a los mercados no están en la imaginación hoy de ningún inversor.

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