Superávit comercial: pura caída de importaciones y salida de divisas

Como hace rigurosamente todos los meses, el jueves la Presidenta salió a anticipar números sobre la solidez del superávit comercial: 9.861 millones de dólares en el primer semestre. Eso es tan cierto, como real que el superávit es pura caída de importaciones y que casi todo se va en salida de capitales. Según el INDEC, entre enero y mayo, último dato desagregado disponible, las importaciones se desplomaron 40 %. El caso es que también vienen en picada las exportaciones: un 21 % en el mismo período, por baja en precios y cantidades. Pesa la crisis internacional, pero no es el mejor de los mundos.
Lo mismo cantan las cifras del intercambio con Brasil. Tras varios años de déficit, en el primer semestre se alcanzó un superávit de 48 millones de dólares. Claro que fue, plenamente, por un bajón del 44,5 % en las importaciones, pues además las ventas se replegaron un 20 %.

Vale aclarar que se trata de estadísticas surgidas de los movimientos en la Aduana, la propia y las de los países con los que comercia la Argentina. O sea, algo más riesgoso de manipular que el índice de precios, el desempleo o la pobreza.

En el acto por el 9 de Julio, Cristina Kirchner también resaltó el aumento, en junio, de las compras de bienes de capital. "Que es lo que realmente define la calidad de la importación y da la temperatura de cómo está la economía", dijo.

Nuevamente cierto, pero a la vez una visión parcial. Según la consultora abeceb.com, en los cinco primeros meses del año, las importaciones de bienes de capital -máquinas y equipos- retrocedieron nada menos que 44 %. También bajaron 42 % las de bienes intermedios. Y un 21 %, las compras de artículos de consumo.

Los bienes de capital expresan inversiones en la industria y el campo y expectativas; los intermedios son piezas e insumos imprescindibles en las cadenas de producción y los de consumo, demanda interna. Lo que pase en los tres casos da, efectivamente, una medida de la temperatura de la economía. Y caídas así de profundas manifiestan la recesión que el Gobierno se empeña en negar.

Pesa, además, un factor si se quiere ajeno a la actividad económica: el largo brazo de Guillermo Moreno. El secretario de Comercio Interior pisa importaciones o las autoriza contra exportaciones por igual monto, como si fuese sencillo producir bienes exportables de un momento para el otro.

Y en un revoleo que ya ha derivado en serio desorden administrativo, caen importaciones esenciales para el ciclo productivo. Hay, pues, bastante más que una movida enderezada a proteger producción y trabajo internos.

Todo eso corre parejo con la necesidad de preservar dólares escasos y aporta otra explicación sobre el fuerte superávit.

Cualquiera puede preguntarse, a esta altura, por qué tanto hablar de Moreno. Primero, porque su mano aparece en casi todos los rincones de la economía. Luego, porque no pudieron con él cuatro ministros de Economía, ni Alberto Fernández, ni Sergio Massa. Hoy mismo, dentro del propio Gobierno, corren apuestas sobre su futuro.

El problema es que a veces todo el esfuerzo del secretario de Comercio Interior se esfuma por otros lados. Según cálculos de fuentes privadas, en lo que va del año salieron del sistema financieron 10.000 millones de dólares, 200 millones más que el superávit comercial completo.

No todas son divisas que fugan al exterior y algunas van al pago de deuda pública, pero dólar que entra por el comercio es dólar que sale. Esto significa menos consumo, menos inversión y actividad productiva y, en toda la línea, desconfianza en el peso.

Es obvio que ninguna economía puede funcionar con una salida de capitales sin fin, que ya en 2008 se había consumido 23.000 millones de dólares. Y como todos los controles aplicados hasta ahora han reportado poca utilidad, en algunos despachos oficiales importantes preparan en secreto una batería más contundente.

El perfil del balance comercial es un reflejo de la estructura económica. De lo que se hizo o, más bien, no se hizo durante estos años en los que se gastaron palabras para pregonar la importancia de agregar valor a las exportaciones.

En datos de abeceb, las exportaciones de origen agropecuario son 1,82 veces mayores a las de manufacturas industriales, a pesar del sostenido crecimiento que han tenido estas últimas en años recientes. Y así venga en baja, por caída en precios y producción, el complejo sojero está claramente a la cabeza: representa el 18 % de las ventas al exterior.

La contracara es el enorme desbalance en el comercio industrial. Tanto más considerables son las importaciones que las exportaciones, que la consulora estima para el año pasado un déficit mayor a los 26.000 millones de dólares.

Un punto clave es que buena parte de la exportación fabril proviene de pequeñas y medianas empresas. Juega a favor y en contra. Por un lado, a las pymes se les reconoce capacidad para absorber mano de obra. Pero, por el otro, tienen muy poco o ningún acceso al crédito, dificultades para entrar en mercados externos y, en consecuencia, precisan estímulos del Estado que les faltan.

El cuadro expresa primarización, sojadependencia y desarticulación en las cadenas industriales. Parecido al juego mucho por allí, poco por aquí. Y al fin, nada nuevo y más de lo mismo.

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