Súper Román

Después de jugar sus dos mejores partidos del semestre, Riquelme se quiere poner a punto en lo físico: realizó un intenso trabajo ¿pensando en el clásico con River?
Aprieta los dientes. Su cara muestra señal de esfuerzo y hasta de dolor. Los músculos de su cuerpo se marcan, los gemelos se inflan a cada paso. Juan Román Riquelme va y viene por la cancha principal de Casa Amarilla. En una jornada a puro trabajo físico, se exige a fondo después de jugar sus dos mejores partidos del semestre y darle un poco de aire a Boca. Para que no se corte... Este domingo con Tigre ni el otro frente a River.

Al 10 se lo ve recargado en lo físico y, por el vínculo con este cuerpo técnico, también en lo espiritual. Porque en el que quiere que sea el mejor año de su carrera, había comenzado a mostrar su brillo en la gira y también en el debut en la Sudamericana ante Vélez, luego tuvo un impasse por la lesión y recién volvió con todo cuando más lo necesitaba Boca y el Coco. Sin estar al 100%. "Es uno de esos partidos a los que no se puede faltar", dijo antes del tercer cruce con Vélez en la temporada. E hizo un golazo al ángulo. Después, con Racing, encabezó la levantada y estuvo involucrado en los dos goles. Está muy comprometido con este ciclo.

Así como se ve en la cancha, ese compromiso aparece en los entrenamientos, gracias a que las lesiones se lo permiten después del interminable problema en la planta del pie del semestre pasado y de la distensión en el recto anterior de la pierna derecha y del esguince del tobillo derecho. Luego del sábado y domingo libre y de arrancar la semana con un trabajo no tan exigente, ayer el PF Carlos Dibos armó una rutina de fuerza y potencia, dividida en cinco estaciones, en la que Román fue uno de los grandes protagonistas, por la intensidad con la que trabajó. "Son ejercicios que se pueden hacer ahora que no hay partido entre semana. La verdad es que los muchachos terminaron agotados", explicó Dibos.

En la estación 1, en un grupo que también integraban Ibarra, Viatri y el pibe Aguirre, Riquelme subía y bajaba de un cajón con un chaleco con sobrecarga. En la siguiente parada, debía arrastrar un trineo con pesas. En la 3, con una soga a la cintura, arrastraba a un compañero como un caballo hace con un carruaje. La cuarta posta consistía en saltar vallas de medio metro y de 30 centímetros. Y en la última, iban y venían de un conito a otro. Al final del recorrido a lo ancho del campo, esperaban bebidas frías y Basile, sentado en el banco de suplentes de la cancha principal. A la espera de que vuelvan (sin molestias) los seleccionados (Palermo, Insúa, Monzón, Cáceres y Medel), pero a la vez muy tranquilo porque para lo que se viene, Tigre y después River, tiene en impecables condiciones a su jugador-emblema, ahora también llamado Súper Román.

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