La súper caja de la ANSeS da para todo, incluido el plan electoral

Por Alcadio Oña

A esta altura, ahora con los recursos de las AFJP adentro, la ANSeS es muchísimo más que el organismo encargado de pagar jubilaciones y administrar los fondos de la seguridad social. Es una enorme caja que sirve a propósitos múltiples del Gobierno: desde financiar al propio Estado hasta participar en los planes proconsumo oficiales y fogonear movidas políticas.

Sólo en 2008, cuando aún no se había producido la estatización completa de los aportes, la ANSeS logró un superávit calculado en 12.000 millones de pesos, equivalente a casi 3.500 millones de dólares. Representó el 36 % del superávit global de la Administración Pública Nacional, o, dicho de otro modo, contribuyó grandemente a mejorar el resultado de esas cuentas.

En el Presupuesto de 2009 tiene previsto un saldo favorable de $ 7.037 millones. Pero será sin duda mayor: tanto porque allí tampoco fue incluida la plata del sistema privado, como porque es un dato siempre subestimado por el Ministerio de Economía, tal cual se advierte en el balance final del año pasado.

Hoy mismo la ANSeS dispone de una billetera líquida que anda por los 20.000 millones de pesos. Util a todos los fines.

Uno de ellos consiste en prestarle al Tesoro Nacional para que este, a su vez, salde deudas. Y en condiciones muy ventajosas, comparadas con la inflación real o con lo que se cobra en el circuito privado.

Aunque aumentado últimamente, el interés que hoy percibe no llega al 9 % anual, la mitad de la tasa de mercado, lejos del 15 % en dólares de la última operación con Hugo Chávez y más distante todavía de lo que se paga por un préstamo hipotecario. Así pasa, aun cuando el dinero no sea propiamente del Estado, sino de los futuros jubilados.

La ANSeS es una rueda de auxilio incomparable para un gobierno con apremios de financiamiento. Y de lejos, el primer tomador de bonos del Estado: ya tiene un stock que supera los $ 11.000 millones y se proyectan 8.800 millones para este año, según el Presupuesto. Son operaciones a no más de doce meses, fondos que son refinanciados permanentemente. Un dato también constante es que la cuenta crece todo el tiempo.

Ahora sumó un monto gigantesco por los títulos públicos que estaban en las carteras de las AFJP. Con una ventaja adicional para el Estado: igual que un lote grande que vence este año, en su momento serán repautados en términos favorables al deudor.

Seguramente, el sistema previsional también aportará al programa de obras manejado por Julio De Vido. Tal como contribuirá al financiamiento de las exportaciones, según se anunció ayer.

Con independencia del efecto real de los emprendimientos, ya está en los planes 0 km, el heladeras y en otros proconsumo lanzados en estas semanas, en base a depósitos propios que apalancan créditos de los bancos o según las modalidades que se necesiten. Sólo por aquí hay más de $ 7.000 millones en juego. Plata y más plata que, por donde se mire, explica la decisión de estatizar a pleno el sistema.

Todos son recursos que se mueven al compás de las necesidades de una economía claramente enfriada, de las urgencias fiscales y de las políticas oficiales. Pero no provienen únicamente de los aportes de trabajadores y empleadores.

Sin la monumental masa que obtiene de la recaudación tributaria nacional, desde los tiempos cuando estaba desfondada, la ANSeS sería hoy un organismo deficitario. Se queda con el 15 % de la coparticipación entre Nación y provincias, el 20 % del Impuesto a las Ganancias, un 10,3 % del IVA y porcentajes iguales o mayores de otros gravámenes.

Esa fuente de ingresos representa por lo menos el 35 % de sus recursos. Todo indica que así será para siempre, aunque las provincias penen por la pérdida de fondos que les pertenecen, y mucho cuando tienen por delante un año de serios apremios financieros.

La caja de la ANSeS es parte de la gran caja fiscal que se administra desde Olivos. Con unos cuantos gobernadores en apuros e intendentes aspirando a obras públicas, habrá allí, como siempre, un poderoso instrumento en manos del poder político central; esta vez, jugado en el tiempo electoral.

La ANSeS, la AFIP, la Lotería Nacional, los fondos fiduciarios y el mismísimo PAMI son, todos, cofres al alcance del Estado Nacional que las provincias no tienen. Y gracias a leyes votadas por el oficialismo provincial en el Congreso, se le agregarán recursos del Banco Nación y reservas del Central. Traducido: cierta holgura por un lado, plata, y muchísima dependencia, plata también, por el otro.

Nada garantiza, desde luego, un resultado electoral favorable, ni siquiera el triunfo apretado que ahora conformaría al kirchnerismo. Para empezar, difícilmente aparezcan los votos de las capas medias y medias altas, favorecidas por los anuncios del Gobierno. Y tan difícilmente o más, los de los pueblos del interior, soliviantados por la pelea con el campo.

Con las elecciones a la vista, el oficialismo deberá acumular por otro lado. Y, de paso, se pondrá a prueba el poder del dinero, ahora que el viento no sopla a favor.

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