Se sumaron más familias a ocupación de casas abandonadas

Un barrio en construcción abandonado hace una década está siendo ocupado paulatinamente por familias que fueron desalojadas de sus viviendas. Hasta ahora suman diez personas mayores y 21 niños de seis grupos familiares que viven en absoluta precariedad. Se sumarían otros más
En nuestra edición de ayer dimos a conocer la afligente situación de dos familias que habían ocupado otras tantas casas sin terminar de un conjunto de 15 viviendas que construía hace una década la firma Tecoi en un predio comprendido entre las calles Palau, Dorrego y Fray Mamerto Esquiú.

A este grupo se sumaron otras cuatro en las últimas horas, iniciando lo que no tardará en convertirse en un asentamiento precario.

A las familias Chirino y Vera, que decidieron instalarse allí tras ser desalojadas de sus domicilios anteriores, se sumaron por el mismo motivo cuatro familias más ayer a la mañana que llegaron al lugar con sus enseres y ocuparon otras viviendas. Este grupo está compuesto por seis personas mayores y 16 niños cuyas edades oscilan entre los 13 y 3 años. La población del sitio se ha elevado en pocas horas a diez mayores y 21 chicos.

Una de las recién llegadas es Paola Fernández, madre de siete hijos, que contó a nuestro diario que cuatro de ellos sufren desnutrición crónica y otro padece una lesión coronaria. Según explicó, está impedida de trabajar por un problema en un riñón y no ha conseguido ayuda a pesar de que su situación familiar la haría acreedora a una pensión asistencial cuando menos. Débora Morán, otra de las habitantes de este asentamiento, tiene cuatro hijos, uno de los cuales estuvo internado en el hospital Humberto Notti por un cuadro convulsivo y otra nena que padece Mal de Chagas.

Jaqueline Martínez, por su parte, tiene dos hijos de 6 y 3 años con los que vivía en el barrio Las Perlitas, cerca del cementerio. Como les ha pasado a todos los ocupantes de este barrio abandonado, fue desalojada por no pagar el alquiler y buscó refugio aquí.

La situación se agravaría si, como afirman los actuales vecinos de estas casas, siguen llegando familias sin techo en busca de refugio. El lugar no cuenta con los servicios esenciales, los improvisados sanitarios quedan a 300 metros y el agua potable es acarreada en tachos.

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