Sumando fuerzas para la guerra de los dos modelos.

Podría ser una central u otra forma de representación que exprese un proyecto alternativo al modelo que defienden las entidades tradicionales. Hubo contactos y compromiso de quienes rechazan la postura de UIA, las dos CAC, AEA y la Mesa de Enlace.
La idea de generar un espacio gremial empresario que expresara a los sectores con afinidades y sintonía con el proyecto del gobierno nacional viene sobrevolando las cabezas oficialistas desde hace tiempo. Pero en los últimos meses, algunos dirigentes políticos muy cercanos a la sociedad política Néstor Kirchner-Cristina Fernández comenzaron a delinear cómo podría ser ese armado. La elección de Carlos Heller como principal candidato en la Capital Federal por la lista oficialista no está desvinculada de aquellos primeros pasos, aunque no necesariamente constituya un hecho premeditado de aquella estrategia. Pasadas las elecciones, el tema del "espacio gremial empresario propio" volverá a la mesa principal de discusión. Pero, desde ya, la idea logró sumar algunas personalidades fuertes con otras no tan conocidas pero consideradas representativas.

Nació apenas como un esbozo, quizá rememorando lo que fue la histórica Confederación General Económica (CGE) de los ’70, con José Ber Gelbard y Julio Broner como personalidades más destacadas, para el proyecto nacional de Juan Domingo Perón. Pero la idea de un núcleo empresario "propio" empezó a tomar cuerpo a medida que diversos sectores empresarios avanzaron sobre el Gobierno pretendiendo acorralarlo. Las últimas semanas fueron elocuentes en cuanto al sentido político de algunos pronunciamientos empresarios. Un dato que vino a corroborar que la pulseada con la Mesa de Enlace, y el acompañamiento que le prestaron calladamente otras entidades durante el año pasado, no constituía un hecho aislado.

El ya aludido conflicto con "el campo" por la Resolución 125 que intentó modificar las retenciones al sector agropecuario, la puja inicial de la Unión Industrial Argentina, reclamando una devaluación que "creara condiciones de competitividad" para la industria argentina, y, finalmente todo el ruido que se generó en torno de las decisiones del gobierno venezolano nacionalizando la siderúrgica Sidor primero, y tres empresas satélites de la misma después, señalaron la presencia de un realineamiento empresario en torno de un proyecto de economía concentrada y escasamente independiente.

Los dos primeros conflictos –por retenciones agropecuarias y por la devaluación– fueron claramente disputas de ingresos, en ambos pretendiendo trasferencias de ingresos del conjunto de la sociedad en favor de estos grupos concentrados del campo y la industria. El tercer conflicto, vinculado a Venezuela, tuvo que ver con una impugnación política a lo hecho allá y a señalar supuesta complicidad del gobierno argentino por no condenarlo. La condena, una vez más, era por no defender los intereses de un grupo concentrado, en este caso Techint.

El abanico de cámaras y entidades que elevaron su voz en favor del grupo siderúrgico fue una especie de "presentación en sociedad" de lo que hasta ahí sólo podía obtenerse hurgando en archivos: representaciones de industriales, exportadores, comercializadores, constructores, empresarios individualmente asociados, cotizantes en Bolsa, operadores de mercados, etc., no resultaban un amplio espectro multisectorial sino un núcleo mucho más concentrado: apenas un puñado de firmas tienen el control político de todas aquellas cámaras.

La comprensión del fenómeno llevó a reflotar el proyecto de una entidad empresarial "propia" o, al menos, más afín a las políticas oficiales. La lectura oficial es que si se considera que el modelo de desarrollo con inclusión social –que el kirchnerismo viene impulsando desde su llegada al gobierno– constituye un dato central de la construcción política de los próximos dos años, será necesario contar con un pilote firme en el sector empresario que explicite su apoyo. Néstor Kirchner sigue convencido de que este modelo de país, de capitalismo neodesarrollista o "popular", necesita de una burguesía nacional que lo sustente. Si no apareció, habrá que crearla, sugiere a sus allegados.

Las conversaciones con empresarios afines al modelo oficial tuvieron bastante buen eco. En el sector de la construcción, en la industria metalmecánica, incluso en el comercio y los servicios hubo algún eco favorable, sobre todo en los más enfrentados con las conducciones de las organizaciones que dicen representarlos (UIA, Cámara de la Construcción y de Comercio). Hubo acercamientos con empresarios de primerísima línea que, se sabe, no comulgan con ideas y prácticas de los grupos dominantes en las entidades tradicionales. No parecen aún dispuestos a salir públicamente a mostrarse como ejes de esta nueva acumulación, pero seguro van a acompañar. Otros han piloteado algunos procesos en marcha impulsados desde el Gobierno, como la renacionalización parcial de YPF. Enrique Ezkenazi será de la partida cuando la idea empiece a echarse a andar. El propio Heller fue uno de los animadores de estos encuentros, incluso como promotor en ocasiones. Pero esto fue antes de meterse de lleno en la campaña. Seguramente, en pocos días, retomará la tarea.

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